8/08/2003

Etapa 38 – Vía de la Plata

(Ruta del Camino Fonseca - Etapa 17)

A Ponte Ulla - Santiago de Compostela

 

Kms.

Horas

Dificultad

Clima

Señalización

Descripción general

21

6

Fácil

Muy caluroso

Buena

Caminos, carreterillas, entrada ciudad.

 

Tomamos nuestro último café capuchino en nuestra habitación de Casa Tanis. A las seis y media salimos. En cuanto dejamos las zonas iluminadas del pueblo tenemos que echar mano de la linterna. Es aún de noche y además A Ponte Ulla está en un valle, así que la luz del sol tardará en llegar con claridad. Recorremos con mucho cuidado la salida del pueblo, pues es muy fácil despistarse en los cruces que hemos de hacer con la carretera. Dejamos atrás el Restaurante Os Palmeiros, tomamos el camino que pasa bajo el túnel de la vía del tren tras cruzar la N-525. Ya no hay pérdida. Los mojones y las señales del camino se suceden hasta Outeiro.

Nos sentamos junto a la fuente que hay tras la Capilla del Santiaguiño. Hoy no tenemos ninguna prisa y pasamos allí un rato charlando. Es un lugar agradable que invita al descanso y, ante el inminente final de nuestro camino, al recuerdo.

Cuando reanudamos la marcha empezamos a comprender que el camino que iniciamos hace 38 días en Sevilla se está acabando. Nos ponemos a hacer una especie de recopilación de recuerdos y vamos enumerando etapa por etapa. Nos contamos a nosotros mismos las cosas que nos pasaron. Mientras la conversación transcurre vamos dejando atrás mojón tras mojón en nuestro imparable recorrido hacia el kilómetro cero. Adiós a los bosques de eucaliptos, al Pico Sacro, a Rubial, a Deseiro.

Cuando llegamos a Susana encontramos un restaurante junto a la carretera. Aún no está abierto, pero el dueño está dentro, nos ve por una de las ventanas y nos abre. Hemos tenido suerte o le hemos caído bien al señor, pues nos sirve un desayuno de lujo. Nos lo pone en una mesa de la terraza que da a la carretera. Utiliza mantel y vajilla de porcelana fina. Sirve café con leche, dos generosas copas de zumo natural y un plato con rebanadas de bizcocho casero. ¿Será un enviado del Santo a servirnos lo último que comamos en el camino? ¿Nos habrá confundido con alguien importante?

El camino nos lleva bajo parrales y más parrales a Cañoteira. La entrada a Santiago por estos lugares nos gusta más que por el Camino Francés. También pensamos que por ella, la del Camino Francés, estarán llegando a estas horas decenas y decenas de caminantes a Santiago. Sin embargo, esta entrada, por increíble que pueda parecer, es para nosotros solos, pero solos solos. No nos lo imaginábamos.

Llegamos a Vixoi y cruzamos frente a la ermita de Santa Lucía, siguiendo el arroyo. Enseguida llegamos a la calzada medieval de Sar. La calzada está en obras pero desde ella podemos ver al fin las torres de la catedral. Ya comienza ese ahogo que se te echa encima en las llegadas.

Le sigue el vértigo de la proximidad, el paso se acelera, hace muchísimo calor pero ya no se siente apenas. Los recuerdos del camino vienen en tropel, los encargos, los buenos deseos para los seres queridos que de un modo u otro también hicieron el camino con nosotros, los no te olvides de mí, las oraciones para quienes las pidieron y para quienes no... No es en la catedral sino en este último kilómetro del camino donde se realiza el volcado de las peticiones y de los deseos. Llegamos a la Plaza del Obradoiro y Paca y yo nos abrazamos emocionados. El camino se desvanece en ese instante. Dejó de ser hace un segundo, ya tiene sólo el valor de un recuerdo.

La llegada a la Plaza del Obradoiro, fin del sueño.

FIN