7/08/2003

Etapa 37 – Vía de la Plata

(Ruta del Camino Fonseca - Etapa 16)

Prado - A Ponte Ulla

 

Kms.

Horas

Dificultad

Clima

Señalización

Descripción general

28

6

Normal

Muy caluroso

Buena

Caminos, trochas, carreterillas

 

Salimos de Prado por carretera, pero enseguida un camino nos lleva al puente romano sobre el río Daza. Una víbora es escabulle entre la hojarasca del camino casi a mis pies. El frescor de la madrugada hace que lo haga perezosamente, casi a cámara lenta, y puedo ver sus movimientos ondulantes con total nitidez. Por suerte para ella, Paca, que va algunos metros detrás de mí, no la ve. Los reptiles le dan grima. Pasado el puente hay una inscripción sobre una piedra frente al camino, pero no somos capaces de leerla.

Seguimos cambiando de caminos, a carreterillas, a sendas, como casi siempre en Galicia. El inevitable sobresalto de los perros no nos abandona. Ninguno nos acosa pero alguno, que nos pilla por sorpresa, nos provoca un susto de infarto. En esta zona hay mayor densidad de perros por kilómetro cuadrado que de personas.

Al atravesar Silleda, población de cierta importancia, nos despistamos. Llegamos hasta la iglesia y allí volvemos a encontrar las señales. En Bandeira dejamos a la derecha las señales que llevan al albergue y continuamos por la calle principal. En un bar de esta calle desayunamos por segunda vez. Esta costumbre de desayunar dos veces tendremos que olvidarla en cuanto el camino acabe so pena de ponernos en los ciento y pico kilos.

Salimos de Bandeira y tiramos por la carreterilla de Piñeiro. Ya vamos continuamente por carreterillas estrechas sin apenas circulación. Una vaquera anda por un prado cercado donde hay una nave y un montón de vacas pastando.

-         ¡Buenos días!

-         ¡Buenos días, sí!, pero más valiera que no fueran tan buenos, que con estos calores hasta sin pastos nos vamos a quedar.

Atrás quedan Besteiro y Dornelas y  Silba y O Seixo.  Llegamos a Castro que está en fiestas y tomamos un refresco.

-         ¡Ánimo que ya os queda poco!, saludan los de Castro.

Dejamos Castro y enseguida comienza la pronunciada bajada que nos ha de llevar al río Ulla. Se ve una excelente panorámica del viaducto por el que pasa el ferrocarril. Entramos en A Ponte Ulla por el puente de piedra que nos traslada desde la Provincia de Pontevedra a la de A Coruña.

Nada más cruzar el puente, a la derecha, está el Restaurante Ríos. La dueña, que es mujer de resolución, nos dice que tiene todo ocupado pero que nos pueden llevar en coche a un hostal que está a 5 kilómetros atrás. Nosotros decimos que de coche nada y que de retroceder tampoco. El ama dice que va a ver si tiene alguna habitación  la de Casa Tanis que está al lado. No localiza a la chica de Casa Tanis, pero un francés que está en el bar y se percata de la situación nos ayuda. El francés está alojado en Casa Tanis y su mujer está ahora allí, el francés la llama por teléfono y la francesa viene al bar y nos lleva a nuestra habitación. Asunto arreglado gracias a la amabilidad de esta pareja de franceses. Estamos alojados en un caserón antiguo con gruesas paredes de piedra. Una habitación fresca.

Nos vamos a comer al Restaurante Ríos. Al comienzo de la comida el restaurante tiene aire acondicionado pero el ama lo quita enseguida. Cierra por descanso esa tarde y quiere espabilar a los clientes que, por el calor, se han quedado allí refugiados. Pretexta que le salta el automático. Así que tomamos el postre deprisita y sudando como pollos. ¡Hay que ver cómo gobierna su casa el ama del restaurante!

Paca se echa la siesta y yo me bajo al Bar Juanito que está en los bajos de Casa Tanis a escribir un rato.  Me coloco en una mesa que está entre dos puertas abiertas enfrentadas, donde se supone que por la corriente voy a estar más fresco. Todo inútil. Mientras escribo esto, mi camisa se empapa de sudor y por la nariz me resbala una gota tras otra.

Por la tarde damos una vuelta por el pequeño cogollo del pueblo: tres bares, una tienda (donde se sellan las credenciales), el hostal y un puñado de casas. La chica del bar frente a Casa Tanis nos cuenta que la autovía le hizo mucho daño al pueblo por las expropiaciones y la redistribución de algunas tierras, cuyos dueños antes de perderlas talaron todos los árboles.

A las 9 vamos puntualmente a cenar al Bar Ríos pues, aunque hoy cierra, el ama nos dijo que nos daría de cenar.

-         He traído pescado fresco de Santiago.

-         Pues entonces una ensalada y pescado rebozado.

Cuando terminamos nuestra rica cena, la última de este camino, nos despedimos del ama.

-         Pidan por mí cuando mañana en Santiago.

-         Por usted y por todas las buenas personas que nos han ayudado en el camino.

Nos vamos al Bar Juanito que está lleno de gente y donde a estas horas hay un gran ambiente. El jefe asa churrasco y lo ofrece como tapa a los clientes.

-         ¿Quieren churrasco?

-         No gracias.

-         Es gratis.

-         Ya, pero es que acabamos de cenar. Muchas gracias.

Vemos a la pareja de franceses que nos ayudó por la mañana. Están con sus dos hijas. Les saludamos y le decimos al jefe que les ponga una ronda de nuestra parte. Nos despedimos de ellos y, tras pasar al bar de enfrente donde Paca ha dejado encargado tabaco, nos vamos a dormir.