6/08/2003
(Ruta del Camino Fonseca - Etapa 15)
Kms.
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Horas
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Dificultad
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Clima
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Señalización
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Descripción
general
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31 |
7 |
Normal |
Caluroso |
Mejorable,
desvaída. |
Monte,
carretera, obras. |
Desayunamos nuestros bizcochos envasados. Los empapamos en el preparado de café de sobre tan útil cuando no hay nada mejor. Al salir de Oseira es aún de noche y tenemos que utilizar nuestra pequeña linterna. Hay que subir por una empinada senda que conduce a una carretera. Por la senda casi pisamos un erizo. El tímido animal se hace una bola. Le observamos y, al poco, cuando se relaja, nos mira inmóvil con sus ojillos diminutos.
La etapa de hoy nos va a llevar, como tantas veces en Galicia, por caminos, sendas, pistas, senderillos, trochas, carreterillas, obras, carreteras y zonas medio inundadas. Por otro lado, esto es el paraíso de los perros. Están sueltos por todas partes: caseríos, pueblos, fincas y cercados. La gran mayoría de ellos ladran a los desconocidos, como es su obligación, pero no nos acosan. Los canes rurales conocen bien los gestos y utensilios, así como su significado. El garrote y el agacharse a por una piedra, figuran en su centro de interpretación de datos con claridad meridiana. Los perros rurales son canes con una excelente formación que, una vez que han ladrado al caminante, dan el asunto por zanjado. Cuestión totalmente distinta es la de los perros de los veraneantes que, carentes de la más elemental formación rural, sí pueden ser peligrosos (desconocen la simbología anteriormente citada y además sus amos suelen estar durmiendo). Una vez que te han mordido, aparecerá el dueño diciendo:
- Pase usted sin miedo, que no hace nada.
Pasamos uno tras otro los pueblos (Vilarello, Carballediña, O Outeiro, A Gouxa, Bidueiros) hasta que por la concurrida N-525 llegamos a Dozón. Paca y yo aprovechando que son las nueve y media tomamos nuestro segundo desayuno en el Bar Fraga. A partir de aquí iremos alternado la N-525 con caminos y un par de trozos cortados por obras (una nueva autovía). Con esta alternancia de vías dejamos atrás Santo Domingo, Puxalos, Pontenoufe, A Xesta, hasta que tras una buena bajada por asfalto llegamos a la estación de Lalín. Allí tomamos un refresco y la chica del bar, muy amable, nos busca el teléfono de O Afilador en Prado para ver si tiene cama, pero nadie coge el teléfono.

Salimos por pista asfaltada y, aunque ésta se va alternando con caminos y trochas, es la primera vez que alcanzamos a otros caminantes desde que salimos de Sevilla. Esto es una novedad. Se trata de ocho valencianos que han comenzado en Ourense. Son dos matrimonios con dos hijos cada uno de ellos. Van tan contentos y nos desean buen camino. Nos dicen que piensan quedarse en Prado les decimos que, entonces, quizás nos veamos.

Dos o tres kilómetros antes de llegar a Prado hay obras en la carretera. Es un punto muy peligroso. Preguntamos a una familia que come en el jardín de su casa por dónde sigue el camino. Al cabo de media hora llegamos a Prado donde enseguida topamos con el Bar O Afilador-Camas.
- Buenas tardes. Queríamos una habitación doble, si tiene usted.
- Y si no la tuviera, la buscaríamos. ¿La quiere doble o de matrimonio?
Buen hombre el hostelero, su respuesta tranquilizaría a cualquiera. Nos aseamos y al rato estamos tomando el menú del día en el agradable comedor. Llega un caminante con aire circunspecto, mochila y bordón. Sólo nos saludamos, no parece el recién llegado dispuesto al diálogo y, por otro lado, nosotros, ya aseados y cambiados, no tenemos aspecto de caminantes. Paca se echa la siesta pero yo me bajo al bar a tomar café y a escribir un poco. Enseguida pego hebra con el hostelero. Me cuenta que es de Seixalbo y que el nombre del negocio viene de que a los de Ourense les apodan afiladores, así que, antes de que se lo llamaran los del pueblo, se lo puso él. (Estamos en la provincia de Pontevedra y la mujer del afilador es de aquí).

El pueblo es muy pequeño y apenas tiene nada que ver. Por la noche, en la cena, coincidimos con los valencianos. Han llegado por la tarde. Cambiamos impresiones y nos dicen que mañana quieren llegar a Bandeira. No desean cansar a los chicos ni acortar el camino, programado hasta el sábado. Nos despedimos, después de cenar, de estos valencianos que son educadísimos. Pagamos al hostelero una factura sorprendentemente económica por la habitación y las cuatro comidas. Damos las gracias de corazón a este buen hombre y a su mujer. Le decimos que mañana nos levantaremos casi a las siete para desayunar antes de salir.