3/08/2003
(Ruta del Camino Fonseca - Etapa 12)
Kms.
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Horas
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Dificultad
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Clima
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Señalización
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Descripción
general
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20 |
6 |
Normal |
Caluroso |
Buena |
Ribera
de río, fuerte pendiente, llano, fuerte descenso. |
Después de hacernos el desayuno en el bonito albergue, de nuestra propiedad por una noche, salimos con el primer clarear del día. Algunos coches regresan de la fiesta del sábado noche. Enseguida tomamos la carretera local 113 en dirección a Vilar de Barrio.
Al cabo de tres kilómetros pasamos Soutelo Verde, donde una inscripción recuerda a los caminantes que no olviden a las ánimas que penan en el purgatorio. La de mensajes, recados y encargos que se encomiedan a los caminantes. No conseguiremos nada, pero..., déjate, por si acaso. En Soutelo abandonamos la carretera a la derecha por un buen camino.

Hasta llegar a Tamicelas nuestro camino es casi llano, un camino agradable que se presta a la conversación. Sin embargo, apenas llegamos al pueblo comienza una fuerte y larga pendiente. Dos corzos se espantan casi en las mismas tapias del pueblo. La larga subida, a tramos muy empinada, nos lleva de los 450 metros de altura a casi los 1000, en un recorrido de apenas cinco kilómetros. La ladera está algo pelada por un incendio forestal no muy antiguo, así que no hay sombra. Hay que parar de vez en cuando, la subida corta el resuello. Llegamos algo cansados del áspero ascenso al bonito pueblo de Albergaria.
- ¿Habéis subido por la carretera o por la Requejada?
- Por la Requejada. ¿Dónde hay una fuente?
Acabamos de enterarnos del nombre de la cuesta. El amable muchacho que nos habla nos acompaña hasta la fuente y nos dice que es de allí pero que trabaja en Barcelona, que le encanta que el camino pase por su pueblo y también ver pasar algún caminante de vez en cuando.
Albergaria sólo ofrece al caminante (y ya es bastante) el agua fresquísima y abundante de su fuente justo a pocos metros del camino.
- Aquí no hay bar pero, como nos llevamos bien, nos reunimos en casa de alguno a tomar algo casi todos los días del verano.
- Bueno, pues que sigáis así. Ya quisieran en muchos pueblos.
Paca y yo nos despedimos del chico de Albergaria que trabaja en Barcelona y que en el fondo parece que envidia nuestra condición de caminantes. Cruzamos prados y caminos entre junqueras, también hay herbazales. Un rato después y tras cruzar la carretera, llegamos al milladoiro o Cruz de los Segadores.
La Cruz de los Segadores es, para nosotros, un punto entrañable del camino. Nos recuerda a las muchas cuadrillas de gallegos que bajaban a segar a las Castillas para ganarse la vida. Parece que tenían aquí su punto de confluencia. Inesperadamente encontramos junto a esta cruz los recuerdos de nuestra infancia, evidentemente lejana, poblados aún por aquellos gallegos de los que hablaban y aún hablan nuestros viejos cuando cuentan historias de la siega. ¡Cómo fue la vida de algunos!

De la Cruz de los Segadores (aquello sí que era movilidad laboral) baja una fuerte pendiente que llega a la carretera local 113 y la cruza. Continua el camino, con bastante pendiente, y vuelve a encontrarse con la 113 más abajo. Finalmente, siguiendo esta carretera, llegamos a Villar de Barrio.
Las flechas amarillas nos llevan al centro del pueblo y allí, en la gasolinera, sellamos y pedimos las llaves del albergue. Tardan en encontrarlas pues están en fiestas y ayer parece que dejaron dormir en el albergue a algunos mozos y que éstos han desaparecido sin devolver las llaves. El único caminante que pernoctó ayer ha tenido que salir esta mañana por una ventana, pues le dejaron encerrado. De todos estos detalles y de bastantes más nos enteramos por la señora del Bar Carmiña que está enfrente del refugio y que es donde comemos al igual que comió ayer el caminante saltaventanas. El alguacil y el encargado de la gasolinera no nos dicen nada de esto y además dejan caer que “algunos caminantes no entregan las llaves”. Lo cierto es que hay alcaldes que permiten distintos usos para estos locales. Son alcaldes y pueden hacerlo, pues seguro que conocen sus pueblos mejor que nadie, pero de ahí a manchar el buen nombre de los caminantes va un trecho. Faltaría más.

El albergue de Vilar de Barro está céntrico y es bastante bueno. Tiene dos plantas, la de arriba tiene los dormitorios con abundantes literas y colchonetas, también tiene servicios, la de abajo un almacén, una gran cocina, una habitación para minusválidos con servicios adosados. Es un albergue bastante nuevo.
Olvido decir que antes de comer escuchamos a la banda local de gaiteros tocar en la plaza, frente a la gasolinera. Hoy es el último día de las fiestas, damos una vuelta por el pueblo y tomamos un vermú en el animado bar que hace esquina con la misma plaza. Después de comer, siesta muy larga. Sueño profundo, como de anestesia.
A la caída de la tarde damos un paseo por el pueblo. Apalabramos la cena con la señora del Bar Ruta de la Plata. Como no hay nada abierto por ser domingo, en el mismo bar compramos unos bizcochos envasados para desayunar mañana.
El baile lo ameniza Toni Pérez y Los Arquinos (Toni + 3 cantantes + 4 bailarinas + 9 músicos + luces y humos diversos). En Vilar de Barrio se lo montan de altura, oye. A Paca y a mí el cansancio del camino no nos ha adormecido la vena racial, así que nos marcamos el primer pasodoble que tocan. Para más datos el España Cañí. Parece que nos han identificado y que hasta los músicos saben que somos caminantes, así que nada más terminar el pasodoble, el inefable Toni va y dice:
- ¡Y ahora, queridos amigos, en esta noche maravillosa, y dedicada a algunos de los que nos visitan, peregrinos a Santiago, va nuestra siguiente canción que esperamos sea del agrado de todos ustedes!
A Paca y mí, de por sí sofocados con el pasodoble, no se nos notó ya el rubor. Y empezó a sonar la canción: “A Santiago voy ligerito, caaaaminando....”
Cenamos, muy bien por cierto, en el Ruta de la Plata. Precio módico. Se me ocurrió pedir de postre bizcocho de la casa, hecho por la dueña, y estaba buenísimo.
- Señora, desde que murió mi suegra, no había comido un bizcocho de nata como este.
A la que nos vamos la mujer nos da un gran pedazo de bizcocho envuelto en papel de aluminio. A los golosos como yo estos detalles nos parten el corazón.
- ¡Qué tengan buen camino y vuelvan por aquí otra vez!
- ¡Qué así sea, señora! ¡Muchas gracias!
Dormimos intermitentemente, pues el baile no esta lejos y termina a las tantas. Como el repertorio ya os lo sabéis no os lo repito. Hasta mañana.