2/08/2003

Etapa 32 – Vía de la Plata

(Ruta del Camino Fonseca - Etapa 11)

A Gudiña - Laza

 

Kms.

Horas

Dificultad

Clima

Señalización

Descripción general

36

9

Dura

Muy Caluroso

Buena

Subida por zona sin arbolado, bajadas y subidas, bastante carretera, pinar y más carretera.

 

Después de una buena noche en el excelente albergue de A Gudiña, que esta noche ha sido en exclusiva para Paca y para mí,  tomamos el desayuno tranquilamente en la cocina y salimos. El pueblo está en penumbra.  La Guardia Civil, velando siempre por el bienestar de los ciudadanos, hace un control de alcoholemia a los que regresan de la alegre noche del viernes. No hay miel sin hiel, que decían los antiguos.

Dejamos atrás la última casa del pueblo, la del hombre que nos dio señas del camino a Laza y nos convidó a vino y merienda. La salida es hoy por asfalto y cuesta arriba y así se mantiene el camino durante unos 15 kilómetros. En la práctica es otro puerto de montaña. No hay sombras, pero el paisaje montañoso merece la pena. Es la Sierra Seca y caminamos por lo que se denomina Verea Vella. Contemplamos un pantano al pie de una gran montaña. De trecho en trecho vamos viendo la línea de ferrocarril que, túnel aquí túnel allá, viene o va a Orense (según se mire). Vamos atravesando las distintas ventas sin parar de subir o de mantener la altura para, finalmente, bajar de un modo bastante brusco a Campobecerros.

Por la Verea Vella.

En Campobecerros hay algunos bares y allí desayunamos. Luego subimos de nuevo para volver a bajar a Portocamba. En la fuente que hay a la salida del pueblo nos refrescamos.

Hay una última subida a la cruz y el milladoiro del cruce de Cerdedelo y luego ya el pinar y la bajada de nuevo. Durante la bajada disfrutamos de una permanente barrancada a nuestra derecha que en algunos lugares es un precipicio. Los paisajes del valle son muy hermosos. A lo lejos una masa de humo anuncia un lejano incendio forestal. Lástima.

Primeramente bajamos por pista de tierra a Eirás. La gente de Eirás parece que recupera en Agosto su pequeño pueblo y lo llena de niños y de risas. Allí acaba la carretera y la gente hace fiesta en un merendero que tiene el pueblo. Es como una gran familia. Nos saludan al pasar y nos animan. Da gusto ver este ambiente. Dan ganas de quedarse. Las cosas que nos gustan también han de quedarse atrás. Como todo.

Para bajar a Laza seguimos la carretera que baja y baja. En una fuente a la izquierda hacemos una parada y refrescamos un poco. Hay unos del pueblo cogiendo agua que, con amabilidad, nos ceden el caño para que llenemos una de nuestras botellas. Cómo se agradecen los detalles pequeños cuando vas tan cansado.

Terminamos de bajar y llegamos a Laza por carretera, después de cruzar a ella por una especie de atajo, ya en el valle. Hemos hecho una etapa más de montaña y llegamos muy cansados. Pero a estas alturas, el cansancio, no es novedad para nosotros. Como ya estamos más cerca de las cuatro que de las tres de la tarde nos vamos a comer al Restaurante Blanco. Luego nos vamos a buscar a los de Protección Civil. Están junto al Ayuntamiento y, después de tomar nuestros datos, nos abren el albergue. En Laza tienen un albergue de lujo, mejor aún que el de A Gudiña (con ser éste muy bueno). Habitación con llave, cocina, microondas, frigorífico, secadores, vajilla, abundantes servicios, tendedero, lugar cerrado para dejar las bicis, amplia sala de estar, abundante y moderno mobiliario, servicio para minusválidos…Sorprendentemente, hoy, segundo día de Agosto, mientras el Camino Francés estará saturado,  Paca y yo somos los únicos inquilinos de este palacio. Los parajes preciosos, el camino variado, los albergues vacíos... pero, lo mismo que decía Cela de la Alcarria, esta es una ruta a la que a la gente no le da la gana venir. Ya veremos lo que pasa en el futuro.

El moderno albergue de Laza

Después de la siesta damos una vuelta por el pueblo y visitamos los principales lugares culturales (Terraza El Descanso del Peregrino, Taberna de la Picota y Bar de las Ardillas). El pueblo está lleno de alusiones a sus famosos y peculiares carnavales. Hoy hay fiesta en uno de los barrios y se prepara una especie de verbena popular con música incluida.

Cenamos donde comimos. Estamos solos en el comedor y le pedimos a la señora que nos haga una tortilla de patata y una ensalada. Accede la mujer y nos ofrece también unos embutidos locales.

-         ¡Vengan esos embutidos, señora!

Con un buen tinto Mencía pasa la cena estupendamente y el cuerpo afloja un poco. Falta nos hace. Enseguida nos vamos a dormir. Estamos tan cansados que no tenemos ganas ni de tomar el fresco. Desde Sanabria estamos saliendo a puerto de montaña diario y estos kilómetros no son iguales que los de los llanos. Cuando llegamos al albergue lo encontramos con las luces encendidas (cosa de los de Protección Civil). Por la noche hay tormenta además de la verbena, pero casi no nos enteramos.