1/08/2003

Etapa 31 – Vía de la Plata

(Ruta del Camino Fonseca - Etapa 10)

Padornelo - A Gudiña

 

Kms.

Horas

Dificultad

Clima

Señalización

Descripción general

32

9

Dura

Muy Caluroso

Buena

Bajada puerto por bosque, subida puerto por carretera, bajada puerto por bosque, zona de retamares.

 

Salimos del hostal y bajamos un poco por carretera. La flechas nos meten por un sendero a la izquierda por el que baja un canalillo de agua. No podemos seguir por él, está inundado. Regresamos a la carretera y entramos a Aciberos por el desvío de ésta. Luego por un camino encantado, como los de los bosques de los cuentos, bajamos en un sueño hasta Lubián. Topamos con el refugio nuevo a la entrada del pueblo, un poco antes de La Casa de Irene (el refugio privado que funciona hace tiempo). Todo está cerrado, así que no podemos desayunar. Nos dicen que el camino para subir a La Canda está muy mal y que aunque se ha hecho un refugio nuevo en el pueblo (un refugio municipal), el camino aún no se ha arreglado.

Sopesadas las alternativas, Paca y yo decidimos subir por la antigua N-525 (atención, no confundir con la moderna N-525 ni con la autovía). Esta vieja carretera, casi en desuso, está señalizada con flechas y pasa por el cruce de Chanos y por el de Hedradas, no tiene casi tráfico y a los 8 kilómetros nos deja en el alto, justo en el límite entre Zamora y Orense. La carretera pasa por la ladera que los túneles de las carreteras nuevas atraviesan. Dejamos estos túneles por debajo.

Hacemos una parada en al alto de la Canda. Un poco de aire para ventilar los pies, un bocado para el estómago y una foto para el recuerdo. Bajamos a la Canda y luego por camino a Vilavella, donde, aunque ya no sean horas, nos tomamos un buen desayuno y un zumo en el Bar O Carteiro.

En el alto de A Canda.

Por las típicas trochas de vacas, muchas veces  semiinundadas, llegamos a O Pereiro. Atravesamos el pueblo a muy buen paso y los viejos del lugar nos desean buen viaje.

-         ¡Ay, qué sacrificio tan grande con el calor que hace!

-         ¡Ya que pillara yo sus años, me cago en diole!

Rejuvenecidos por el comentario iniciamos el camino que nos lleva por una gran extensión poblada de retamares. El calor se hace casi insoportable, nos dan ganas de meter la cabeza bajo cualquier mata y quedarnos allí quietos, inmóviles, como bacterias enquistadas, en estado de vida latente, esperando que llueva o refresque. Llegamos a O Cañizo muy cansados. La señora de la tienda nos da unos refrescos fríos y unos frutos secos, aunque la mujer estaba ya para sentarse a comer con la familia. Es tan amable que hasta se ofrece a hacernos algo de comer. Preferimos seguir.

En un ultimo esfuerzo y pese al muchísimo calor llegamos a la Gudiña con mucha voluntad y paso rápido. Deseamos acabar cuanto antes con esta tortura de hoy. Nada más llegar nos metemos a comer al Hostal Oscar donde, aunque ya es algo tarde, nos sirven una buena comida. Luego nos vamos al albergue de peregrinos que no cae lejos. Está cerrado pero un cartel en una ventana indica el número al que hay que llamar para que los de Protección Civil te atiendan. A los cinco minutos llega una mujer joven conduciendo un coche de Protección Civil. Seria, pero muy educada nos toma los datos, nos sella, nos enseña el albergue y nos da la instrucciones necesarias. El albergue es gratis y no se admiten donativos ni propinas. En la planta alta tiene 24 plazas en literas, 4 duchas, 4 lavabos y dos servicios; en la planta baja, cocina, cuarto de estar, chimenea, servicio para minusválidos, un almacén y un cuarto de calderas. Es un albergue muy bueno. Mientras esto escribo son las seis y media de la tarde y Paca duerme la siesta como un cesto. Hay cansancios que, más que pedir reposo, directamente te privan.

Cuando cae la tarde damos un paseo por el pueblo y buscamos el punto donde se bifurca el camino, un ramal por Verín y otro por Laza. Seguimos el de Laza y cuando llegamos a la última casa del pueblo le preguntamos a una chica joven que está sentada junto a una nave.

-         ¿Sabes cómo está el camino de Laza?

-         ¿Es que éste es el camino de Laza? ¡Qué vergüenza, soy de aquí y no tengo ni idea! Esperad que le diga a mi padre.

Un hombre delgado, alto, que lleva boina y aparenta más de 70 años, se acerca y nos da todo tipo de explicaciones, manda a su hija a por vino, nos da conversación durante una buena media hora y nos quiere invitar a merendar. Amablemente le agradecemos la invitación, pero nos parece un abuso el aceptarla. ¡Qué persona más hospitalaria! Para que luego digan que los gallegos son callados y van a lo suyo.

Visto el pueblo, cenamos donde comimos y nos vamos a dormir. Muertos.