27/07/2003
(Ruta del Camino Fonseca - Etapa 5)
Kms.
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Horas
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Dificultad
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Clima
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Señalización
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Descripción
general
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26 |
6 |
Normal |
Nuboso,
calor. |
Casi
suficiente |
Zona
de cereal, de monte y más cereal |
A las 6 suena el despertador de Paca. Patrick, Paca y yo nos aseamos. Luego compartimos desayuno: Café, leche y galletas con chocolate. Cerramos el refugio y nos vamos los tres juntos. Paca y yo vamos al Bar Las Espigas a dejar la llave. A estas horas está aún bastante concurrido por gente joven algo pasada de copas (es el final del sábado noche). Que se cachondeen un poco de los caminantes, oye, ¡qué van a hacer!, es inevitable. En Granja de Moreruela puede seguirse la Vía de la Plata hasta Astorga o tomar la variante conocida como Camino de Fonseca o Camino Mozárabe que va por Sanabria y Orense. En el punto donde divergen los caminos Patrick nos espera. Está inmóvil, contemplando el paisaje. Dice que la luz y el paisaje de España le encantan. A nosotros también. Nos despedimos de él.
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Have
a nice trip! ¡Buen camino!
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And
the same for you both!
Paca y yo, en nuestro camino hacia el puente sobre el Esla, levantamos un montón de perdices. Nos encanta verlas correr por los rastrojos y arrancar a volar con ese zumbido del aire. Al cabo de una hora estamos atravesando el puente. En cuanto lo cruzamos descendemos por la izquierda casi hasta el río. Volvemos a ganar altura entre matorrales cuando ya dejamos atrás el otro puente viejo medio hundido. Subimos a un castro y luego comienza un camino por un bello paraje de carrascas, jaras y encinas. Cuando salimos del monte volvemos a la zona de cereal (donde anduvimos perdidos un buen rato) y por ella seguimos hasta Foramontanos de Tábara. Allí descansamos junto a la iglesia.

En la larga pista de tierra que va hacia Tábara hay un rebaño de ovejas. Un pastor y cinco mastines las guardan. El pastor no puede contener a los mastines que, ladrando a coro, corren directos hacia nosotros. Paca y yo, aparentemente sin miedo pero escagarradinos por dentro, continuamos a nuestro paso como si nada. Cuando ya los mastines están encima de nosotros se paran de golpe y dejan de ladrar. ¡Mastines, faroleros!
Tábara tiene una iglesia con una hermosa torre. Una señora, que va con su marido, nos informa de que hay refugio y de que para comer sólo hay un sitio: el Hostal Galicia, a un kilómetro del pueblo junto a la carretera.
- ¿De donde dicen que vienen andando?, pregunta la señora.
- De Sevilla.
- ¡Ay, Dios mío! ¡Ay, qué sacrificio tan grandísimo! ¡Ay, pero qué fuerza de voluntad!
- ¡Calla ya, mujer, calla! ¡Qué algo muy gordo tienen que haber hecho estos pa tener que venir andando desde Sevilla!, sentencia el marido, tomándonos por peregrinos penitentes.
Nos alejamos pensando en lo que cantaban hace años los de La Bullonera: "En la punta del dedo tienen los jueces un letrero que dice: te lo mereces".
Visto lo visto nos alojamos en el Hostal Galicia y allí comemos. Estupenda siesta. A las siete de la tarde damos una vuelta por el pueblo y buscamos las posibles salidas del mismo para el día siguiente. Hay un enjambre de adolescentes con bicicletas que recorren el pueblo con aire provocador y pendenciero sin parar de decir tacos y escupir. Esto de escupir parece que lo han puesto de moda los futbolistas, cantera de intelectuales, así que los chicos cada cuatro pasos un lapo. Afortunadamente van de farol como los mastines de esta mañana.
Cenamos en el Galicia en plan embutidos con ensalada y huevos fritos con patatas. No faltó el buen pan ni el vino tinto de Toro. Lo que se llama la dieta del leñador hambriento, una cena con fundamento y aporte calórico. Lo de andar es lo que tiene, que te puedes dar estos caprichos y encima te sientan bien.
Un ratito al fresco en la terraza del hostal y a dormir.