26/07/2003

Etapa 25 – Vía de la Plata

(Ruta del Camino Fonseca - Etapa 4)

Montamarta – Granja de Moreruela

 

Kms.

Horas

Dificultad

Clima

Señalización

Descripción general

22

6

Fácil

Caluroso

Suficiente

Zona de cereal, pantano y cereal

 

Salimos a las seis y media. Cruzamos Montamarta entre los ruidos que hacen los animales madrugadores, o sea, ladridos de perro y cantos de gallo. El brazo seco del pantano nos deja llegar a la ermita por el camino del puente viejo. Siguiendo el camino cruzamos un par de veces la general y bordamos el pantano. A quien no le apetezca hacerlo puede continuar por la N-630 hasta Fontanillas del Campo para abreviar. El pantano es eso, un pantano.

Las ruinas de Castrotorafe nos llaman la atención, parecen las de una ciudad vacía más que las de una fortaleza.

Intentamos desayunar en el bar junto a la gasolinera de Fontanillas, pero aunque son las nueve y media  aún no está abierto.

-         Ayer estuvieron de fiesta hasta las tantas, así que tardarán en abrir. Si quieren desayunar peras están invitados.

La que así habla es una señora que recoge los frutos de un peral frente al bar y que nos dice que es la madre de los dueños. Damos las gracias y continuamos. Atravesamos el pueblo y enseguida las flechas nos llevan a un camino de tierra que, paralelo a la carretera, nos conduce a Riego del Camino. Siguen los colores sobrios de Castilla, amarillo, ocre y azul, más el blanco de alguna nube solitaria.

En el Bar Pepe la señora Concepción nos da de desayunar y nos atiende amablemente, conversación incluida. Nos dice que acaban de repintar las flechas, así que no hay peligro de que nos perdamos. Nos cuenta que, a pesar de atender a los caminantes, el cura la mira mal. La razón es que, a veces y por necesidades de su negocio, falta a misa.

-         Lo mismo me da. Lo primero es estar a  lo mío. ¡Yo no tengo Papa!

La señora Concepción está contenta pues le han avisado un grupo de jinetes. Se presentarán allí dentro de un par de semanas procedentes de Sevilla. A la señora le encanta la movida de los jinetes, le parece que eso es una peregrinación de fundamento, no obstante puntualiza:

-         Eso sí: Hasta que no estén aquí yo no preparo nada, que no es la primera vez que me dejan con la comida hecha. ¡Mira tú!

Son las doce y media cuando llegamos a Granja de Moreruela. En el Bar Las Espigas nos dan la llave del albergue (3 literas, 2 servicios, 2 lavabos y 1 ducha). Cuando entramos nos encontramos a un ciclista de San Sebastián que se llama Iñaki y que está descansando. Pensamos que quizás esté a punto de salir, pues los ciclistas no son muy madrugadores. Iñaki nos saca pronto de nuestro error. Llegó el día anterior por la tarde y estuvo de juega con los mozos del lugar. Parece ser que cenaron ensalada de vino con mucho caldo y ahora se está recuperando utilizando el albergue como UVI improvisada.

Paca y yo nos vamos a comer al Bar El Peregrino. Jesús, el patrón del bar y además alguacil del pueblo, nos atiende estupendamente. Comemos bastante bien por un precio moderado. Jesús nos cuenta las aventuras de Iñaki la noche anterior y nos enseña su bodega (la que Iñaki conoció horas antes). Antes de irnos a la siesta nos muestra también un camino alternativo para cortar saliendo hacia Tábara. No puede ser más amable con nosotros.

Tras la siesta nos despedimos de Iñaki que, para evitar males mayores (ya andaban los mozos buscándole), decide marcharse a las seis y media y llegar a Benavente.

Salimos a dar una vuelta y a comprar algunas cosas. Al rebasar la iglesia hay un esconce con un poyo. Allí, merendando tranquilamente, encontramos al caminante extranjero al que el cura de Montamarta regañó antes que a nosotros. Le saludamos. Es un hombre delgado y alto de ojos claros, con melena y barba blanca. Sabe pocas palabras en español, aunque entiende bastantes cosas. Nos dice que es irlandés y que se llama Patrick. Como hay buena voluntad por ambas partes, nos entendemos en inglés. Me pregunta que si hay refugio, le digo que sí y le propongo acompañarle en cuanto acabe de merendar. Me dice que demos una vuelta y que dentro de quince minutos estará listo. Paca y yo hemos notado que Patrick va bastante sucio (aún más que nosotros, quiero decir) y que, además de una voluminosa mochila, lleva una gran bolsa con comida (hasta con frascos de garbanzos) totalmente impropia por su peso para un caminante. No obstante, pensamos que tiene el mismo derecho que nosotros a utilizar el refugio, sea cual sea su historia. Cuando al cuarto de hora volvemos, Patrick tiene todo recogido y acaba de un largo trago el vino que hay en su cazo abollado de aluminio. En dos minutos le llevamos al refugio y le mostramos sus dependencias. Inmediatamente nos dice que no piensa salir y se mete en las duchas a asearse.

Monasterio de Granja de Moreruela

Paca y yo nos vamos a cenar donde comimos. Están haciendo pinchos morunos, así que aprovechamos. A las 10 nos despedimos de Jesús, le damos las gracias por todo y volvemos al refugio. Patrick está sentado en las escalerillas de acceso tomando el fresco. Nos sentamos con él. Se ha lavado y cambiado, también ha hecho la colada. Nos cuenta que viene de Fátima, vía Plasencia, y que se dirige a Santiago por Astorga. Dice que no le interesan mucho los refugios y que éste es el primero que utiliza en España, que vive largas temporadas en Fátima, que la gente le ayuda, que en el pueblo de la fiesta le dieron ayer mucha comida, que hace 10 años que es peregrino, que ha ido varias veces a Santiago y también a Roma, que le fascina el paisaje de España, que nació en un pueblo pequeño a medio camino entre Belfast y Dublín, que le desagrada la política del actual gobierno español, que acarrea una pequeña tienda de campaña para afrontar la intemperie...

A las 12 Patrick (el peregrino profesional),  Paca y Salva duermen como benditos en el único dormitorio del refugio de Granja de Moreruela. Los tres en cada una de las camas bajas de las literas, los tres sobre colchonetas, los tres en paz, como tres príncipes.

Detalle del Monasterio de Granja de Moreruela