24/07/2003

Etapa 23 – Vía de la Plata

(Ruta del Camino Fonseca - Etapa 2)

El Cubo de la Tierra del Vino - Zamora

 

Kms.

Horas

Dificultad

Clima

Señalización

Descripción general

33

8

Dura

Caluroso

Buena

Zona de vid y cereal

 

Salimos temprano, entre dos luces, como casi siempre. Lentamente vamos recuperando los sentidos con el fresco de la mañana. Ayer hubo algún tramo de carretera, hoy es camino casi todo. El camino discurre un buen rato junto a la vía del tren. La señalización, al contrario que ayer, es buena. Con muy buen paso y mejor ánimo llegamos a Villanueva de Campeán a las 9 de la mañana. A la entrada del pueblo nos cruzamos con un abuelo que, azadilla al hombro, va a su huerta.

-¡Buen viaje y qué se cumplan sus deseos!

Pasa un minuto y le pregunto a Paca:

- ¿Oye, tú que deseas?

- Estar siempre de camino

- Oye, pues lo tienes muy claro, pero no creo que se te arregle.

En el Bar Jambrina, el ama, tras prepararnos un gran desayuno, nos da conversación. En los grandes tazones de café con leche, a la antigua, vamos mojando las tostadas caseras. La mantequilla y la mermelada no faltan pero, a pesar del buen apetito, no somos capaces de acabar con la fuente de tostadas. La señora nos cuenta que ella no está muy bien de salud y que el nuevo ayuntamiento del pueblo no está muy inclinado  a seguir la línea de apoyo a los caminantes, como se ha hecho hasta ahora, que ella seguramente que lo dejará el año próximo. Parece que es la encargada de atender a los que pasamos y que últimamente no está muy ilusionada con la tarea. Lástima.

Dejamos el pueblo por una amplia vega y cuando queremos darnos cuenta, nos hemos perdido. No se puede ir de conversación pasando de flechas y de todo. Nos cuesta media hora volver al camino verdadero. Luego ya no volvemos a tener problemas.

A unos 8 kilómetros de Zamora nos alcanzan los tres ciclistas de la noche anterior. Se paran, nos dan agua fresca y nos despedimos. Son ciclistas tranquilos, van sin prisa y disfrutando del viaje. Tardamos un buen rato en perderles de vista. Nos damos cuenta que en este camino, contrariamente a lo que nos ocurrió en el Camino Francés, a los ciclistas les cogemos cariño. Los ciclistas a los caminantes creo que también, y es que en esta ruta, como somos cuatro gatos, todos estamos deseando ver a alguien. Pocos en esta ruta vienen de turistas.

Llegando a Zamora con muy buen tiempo.

Bien pasadas las dos de la tarde llegamos a Zamora. Cruzamos otro gran río, el Duero. Paca y yo cada vez que cruzamos un río grande lo celebramos. Guadalquivir, Guadiana, Tajo y hemos llegado al Duero. Estamos muy cansados y no tenemos ganas de complicarnos la vida buscando hostal, así que, nada más pasar el puente medieval sobre el Duero nos metemos en la Hospedería Real de Zamora. Es un antiguo caserón que fue palacio de la Inquisición y en él, seguramente, más de uno lo pasaría mal en otros tiempos. Una vez que nos aseamos en la confortable habitación, bajamos a comer en la misma hospedería. Luego larga siesta.

A la tarde subimos al centro antiguo de la ciudad. Hacemos algunas compras y voy a que me corten el pelo. En la Rúa Ramos Carrión, que da a la Plaza Mayor, entro en la Peluquería Morán. El peluquero, un hombre maduro, está sentado en un sillón leyendo el periódico y casi parece que le interrumpo su concentrada lectura. Como parece tradicional hablar con los barberos, le cuento que venimos andando desde Sevilla y que el cura de El Cubo nos atendió muy bien. Le describo las atenciones del párroco.

-         ¿Me está usted diciendo que Don Tomás les invitó a cenar? Pero, ¿Don Tomás el de El Cubo de la Tierra del Vino?

El barbero me pregunta con extrañeza y aparente incredulidad. Me cuenta que él es de Mayalde, un pueblo cercano al Cubo, y que Don Tomás tiene fama en la zona de tener un humor  tan vivo  como voluble.

-         Pero si usted me dice que les invitó, les creo. Ya le diré yo, cuando le vea, que ha hecho una obra de caridad.

El peluquero me corta muy bien el pelo y cuando nos vamos (Paca ha entrado a buscarme a la peluquería) nos da un puñado de chupa-chups para el camino y nos desea buen viaje.

Cenamos en el Restaurante Serafín y después de tomar el fresco en una terraza de la Plaza Mayor nos vamos a descansar a nuestra cómoda habitación. Antes de llegar, justo en la Rúa de los Francos, nos encontramos con José Arribas, un amigo que reside en Los Angeles y al que llevábamos años sin ver. Casualidades de la vida, oye.