21/07/2003

Etapa 20 – Vía de la Plata

Fuenterroble de Salvatierra – San Pedro de Rozados

 

Kms.

Horas

Dificultad

Clima

Señalización

Descripción general

30

6,5

De normal a dura

Caluroso

Buena, pero escasa subiendo al Pico de la Dueña

Zona de dehesa y carretera por zona cerealista

 

Cuando los tres caminantes nos levantamos, Florentino nos espera en la cocina con los desayunos preparados. Café con leche, mantequilla, mermelada, magdalenas, galletas y pastas. Son poco más de las 6 y media cuando nos despedimos y, entre dos luces, iniciamos el camino de hoy. El hospitalero no puede haberse portado mejor con nosotros.

Tras aproximadamente un kilómetro por carretera tomamos un camino a la derecha. El camino, tipo cañada, nos mete en la dehesa y poco a poco nos lleva a la falda del Pico de la Dueña. Genevieve, que lleva una mochila enorme, prefiere llevar su ritmo y nos sigue a unos 300 metros. Cuando iniciamos la subida o, mejor dicho, un poco antes titubeamos. Hemos perdido la flecha. Cuando iniciamos la subida volvemos a localizarla. Enseguida aparece una cruz de madera. Paca y yo traemos un par de pequeños pedernales de Guadalajara en la mochila. Pensamos que este es el lugar indicado para dejar nuestras piedras y tener un recuerdo para los seres queridos que, de algún modo, hacen este camino en nuestra mente.

Primera cruz del Pico de la Dueña.

Aparecen otras dos cruces según subimos al pico y finalmente la cruz definitiva. Es una cruz de la orden de Santiago, hecha en hierro, colocada sobre un poste de madera. El pico está lleno de vacas, pero no son bravas. Hablamos con el vaquero, que anda por allí, y enseguida descendemos hacia la carretera. En la bajada encontramos otra cruz de madera. A los pocos metros de alcanzar la carretera se nos cruza una gineta. Es la primera vez que veo uno de estos animales durante el día.

Bajo la cruz pincipal del Pico de la Dueña.

Hacia San Pedro de Rozados caminamos carretera adelante sin una nube en el cielo azul y bajo un sol que abrasa. Sólo una tenue brisa serrana nos alivia un poco de cuando en cuando. Los 14 kilómetros que nos quedan se nos hacen monótonos. Descansamos un poco en la Dehesa de los Mendigos. Sentados en un poyo a su entrada nos hacemos un café de sobre y continuamos. Pasamos frente a rebaños de vacas y grupos de caballos que pacen sueltos a ambos lados de la carretera tras alambradas o tapias de piedra. También se ven cerdos ibéricos en algunas fincas.

Hacia San Pedro de Rozados después de bajar del Pico la Dueña

Finca Dehesa de los Mendigos

Al entrar en el empalme de la carretera con San Pedro de Rozados nos rebasan cuatro ciclistas sin equipaje, que nos miran perplejos. Cuando llegamos al Bar Moreno (donde sellan y dan las llaves de las escuelas) allí están los cuatro ciclistas. Nos miran con algo de desgana mientras pedimos las llaves de las escuelas. Quizás pensaban quedarse y hemos interferido en sus planes. De todos modos no nos dicen nada.

Uno de los hijos de la señora del bar nos guía a las escuelas con su bicicleta. Es un refugio muy elemental, un edificio de 1922 con algún cristal roto (cuatro colchonetas, una ducha, un retrete y un lavabo). Algún caminante ha dejado un cartel que dice: “Aunque tengáis calor no abráis las ventanas o todo se llenará de moscas”. Se ve que la escuela está rodeada por las naves donde encierran a las ovejas. Paca y yo nos instalamos y, después de asearnos y hacer la colada, nos vamos a comer al Bar Moreno.

-         Estamos de luto en el pueblo. Hoy han muerto dos hijos del pueblo en un accidente de tráfico.

-         Vaya, qué lástima. ¿Dónde ha sido?

-         En Guadalajara.

-         No me diga, pero si nosotros somos de allí.

-         También es casualidad.

En cuanto comemos nos vamos a la siesta. De la francesa Genevieve no hemos vuelto a saber desde el Pico de la Dueña. Damos una vuelta por el pueblo, hacemos alguna compra (insecticida entre otras cosas) y la dejamos en el refugio. Estamos en el bar cuando aparece la francesa. Nos cuenta que llegó después de las dos y que se fue a la piscina pero que no desea dormir en el refugio, que continuará camino y dormirá en el campo donde se le haga de noche. ¡Qué valor tiene esta mujer!

- ¿Y si algún día hacemos nosotros lo mismo, Paca?

- ¿Dormir en el campo? Ni por pienso. En mi pueblo siempre han dicho que "la noche es pa los lobos".

Calle por la que el camino sale de San Pedro de Rozados.

Cuando vamos a cenar al bar encontramos a Jaime, el chico que nos guió a las escuelas, haciendo toreo de salón ante unos enormes cuernos montados sobre una rueda y los manillares que la guían. Nos cuenta que estudia tauromaquia en la escuela de Salamanca. Observamos como el muchacho recoge los trastos de torear. Concentrado, pliega las telas con verdadera unción, sólo le falta besarlas. El muchacho, de unos 13 años, parece una miniatura sacerdotal de ese dios pagano que es el toro bravo. Hace falta verlo.

- Ya he toreado una vaquilla – y nos muestra orgulloso un pequeño álbum con cuatro fotografías del acontecimiento.

Después de cenar nos vamos a la escuela, charlamos un poco, tomando la fresca, en la puerta que da al patio. A la hora nos acostamos casi le hemos tomado cariño a la vieja escuela.

*NOTA.- En el pueblo, aunque es pequeño, hay ALBERGUE DE PEREGRINOS y tres bares, una farmacia, una tienda de alimentación, una panadería y las piscinas que abren a mediados de junio y tienen también bar, y por cierto están muy cuidadas y son estupendas. No obstante, recomendamos dirigirse primeramente al albergue e informase allí sobre el alojamiento y los servicios del pueblo, pues los albergueros son, en general a lo largo de todo el camino, las personas más interesadas en preservar los intereses de los caminantes y peregrinos.

ALBERGUE "EL MILIARIO" DE SAN PEDRO DE ROZADOS 

CASA MILIARIO (Teléfono: 600 898 909) Los albergueros son Nuria y Raúl.

C/ Rosario 17

37183 San Pedro de Rozados (SALAMANCA)

casamiliario@hotmail.com
www.casamiliario.com
www.casamiliario.es

Escuela de San Pedro de Rozados, nuestro refugio.