20/07/2003
Kms.
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Horas
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Dificultad
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Clima
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Señalización
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Descripción
general
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21 |
4,5 |
Fácil |
Soleado
y fresco |
Buena |
Zona
de dehesa, transición a zona cerealista. |
Le damos coba a nuestra salida de la Casa Rural Alba Soraya. Cómo el desayuno estaba incluido en el precio, nos hacemos una cafetera de café natural y lo acompañamos con galletas, leche, tostadas y mermelada (Loli lo había dejado todo dispuesto). Sin prisas salimos a las siete. La etapa no es larga y parece que el día va a estar más fresco que los anteriores.
Tomamos la cañada hasta Valverde de Valdelacasa y atravesamos fincas valladas con ganado en la mayoría de ellas. Las ganaderías de retinto quedaron más al sur. Este ganado es, en su mayoría, de raza morucha. De temible apariencia, tampoco se mueve a nuestro paso. Sin embargo, por aquí, no tenemos que pasar entre los animales, por en medio de las fincas. No abandonamos nunca la acogedora cañada. ¡Qué alivio!

Cruzamos Valverde de Valdelacasa, pueblo desierto a estas horas, y cuyos numerosos perros, como si se hubiesen puesto de acuerdo, no nos ladran. ¿Será una huelga de perros? ¿Será que ayer nos duchamos?
Seguimos andando, carretera arriba, hacia Valdelacasa y nos sorprende el murmullo de lo que parece un diálogo en un huerto junto a la carretera. Un hortelano habla y habla, pero no vemos a su interlocutor. Cuando llegamos a su altura vemos que les habla a sus perales. Ciertamente los frutales saben escuchar. ¿Qué será más meritorio hablar a estos perales o a algunos alcornoques?
En Valdelacasa nos sentamos a tomar un bocado en un poyo, junto a la parada del autobús. Salimos por la carretera hacia Fuenterroble de Salvatierra y, al cabo de un par de kilómetros, tomamos la pista de tierra que, muy bien señalizada, sale a nuestra izquierda. Encontramos en la pista un par de miliarios romanos.
Sobre las once y media llegamos a Fuenterroble. En el albergue nos recibe Florentino (que está hoy a cargo del mismo). Nos lo enseña, nos da instrucciones y nos dice donde podemos asearnos y dormir. Nos dice que si queremos comer y cenar en el albergue que estamos invitados. Agradecemos la invitación y aceptamos cenar. El albergue es como un organismo en desarrollo cuya evolución parece haber sido algo anárquica y cuyas reestructuraciones futuras no parecen fácilmente predecibles. La buena voluntad parece regirlo todo, aunque no siempre es suficientemente efectiva.

Después de lavarnos nos acercamos a la iglesia y ya nos quedamos a la parte final de la misa. La oficia un sacerdote joven que le habla a la gente con mucha desenvoltura y autoridad. El templo está lleno de feligreses.
- El jueves es Santiago. No es fiesta pero es día de precepto, así que la misa solemne a las 12 y no os retraséis que tengo un compromiso.
La sencilla iglesia de transición al gótico merece la pena. Fuera tiene algunas informaciones y una réplica de una sección de calzada romana hecha en plan didáctico.
Después de la misa nos vamos a tomar el vermú a Casa Modesta, donde les decimos si nos darán de comer. De momento nos dicen que no, pero cuando se dan cuenta de que somos caminantes, uno de los hijos nos dice que, si nos vale un plato de alubias y un filete de cerdo con ensalada, su madre nos dará de comer a las dos menos cuarto. Mientras se hace la hora nos vamos al Bar Ruedo, que está al lado. Allí unos parroquianos echan una partida de cartas antes de comer. A las dos toda la gente se ha ido y comemos tranquilamente en Casa Modesta.
Nos vamos al albergue a echar la siesta. Cuando llegamos están comiendo. Don Blas, el sacerdote que dijo la misa, preside la mesa. Vemos a la que suponemos la peregrina francesa que desde hace días venimos siguiendo. Es la única peregrina que hay hoy en el albergue.
Paca se queda durmiendo la siesta y yo me bajo a escribir al comedor, donde ahora Don Blas toma café con unas señoras del pueblo. Me presento e inmediatamente soy invitado a café y pastas. Charlo con el sacerdote sobre los arrieros, pues veo que es un asunto que le interesa. Le hablo del libro “La Cofradía de la Santísima Trinidad y la Caballada de Atienza (Guadalajara)” de Jesús de la Vega García, en el que se hace un estudio documentado sobre una de las cofradías de arrieros más antiguas de España y que aún pervive. Quedo en enviarle dicho libro, cuando le consiga uno; él me regala un libro de Salvador Llopis: “Por Salamanca también pasa el Camino de Santiago”. Don Blas prepara actividades con la gente del pueblo (están preparando la subida a la Peña de Francia con carros desde La Alberca) y se muestra muy activo y ocupado. Se ve que es persona de acción. Sostiene Don Blas la existencia de una peculiar “trinidad” íntimamente relacionada en el pasado: los arrieros, los peregrinos y las órdenes militares; pies, según él, de un mismo taburete.
- ¿Se puede evitar el paso por el Pico de la Dueña? Nos han dicho que hay ganado bravo.
- ¡Tonterías, vosotros tenéis que pasar por allí!
A la tarde Paca saluda a Don Blas y visitamos a los burros que guarda en un corral enfrente del albergue. Después nos vamos con Florentino, el hospitalero, a tomar un vino y luego a cenar al albergue. Don Blas no se queda a cenar, se va en su viejo Opel Corsa blanco a ver a su madre. La cena la ha preparado Benjamín. Iván, Miguelín y Benjamín son tres protegidos de Don Blas que residen en el albergue por distintas razones y realizan tareas en la casa. Así que los tres residentes en el albergue, Florentino, Genevieve la francesa, Paca y yo somos los comensales. La cena es abundante y sabrosa. Cuando terminamos de cenar recogemos un poco la cocina y enseguida llegan amigos del pueblo con los que charlamos y bromeamos antes de acostarnos. Miguelín se pone un poco patoso porque ha bebido más de la cuenta y se mete con Iván. Nos acostamos enseguida.