14/07/2003

Etapa 13 – Vía de la Plata

Valdesalor – El Casar de Cáceres

 

Kms.

Horas

Dificultad

Clima

Señalización

Descripción general

28

6

Normal

Nublado

Deficiente

Camino junto a carretera, entrada y salida ciudad, carretera, camino por prados secos.

 

Paca y yo dormimos de un tirón hasta las 6 de la mañana. Hasta roncamos, según los testigos. Los cuatro desayunamos en Valdesalor café con leche y galletas. Paco y Santiago se van un poco antes que nosotros. Una vez que dejamos el salón tal y como lo encontramos, Paca y yo nos encaminamos hacia Cáceres. Allí hay que comprar un sombrero para Paca. Vamos paralelos a la N-630 y después pasamos junto a las alambradas de una zona militar. Algunos militares, de ambos sexos, hacen footing a esas horas de la mañana.

En Cáceres compramos un buen gorro, aunque Paca dice que como el que perdió ninguno. Desayunamos, por segunda vez, en una cafetería antes de llegar a la plaza de toros. En la plaza de toros hay que seguir por la carretera de El Casar. Tras unos cuatro kilómetros de asfalto, llegamos a un camino. El camino sale a la izquierda de la carretera y, tras una hora por él, llegamos a El Casar. Sellamos en el Ayuntamiento y nos dan la llave del albergue que está enfrente. Al poco llegan Santiago y Paco que han hecho compra para comer. Nosotros nos vamos al Restaurante Mayuca a por el menú del día.

Tras la siesta, llegan 6 ciclistas que vienen de Aljucén. No vienen juntos los seis. Dos de ellos son tío y sobrino y van en plan rápido. Los otros cuatro son unos chavales jóvenes de Monesterio que vienen desde su pueblo y que tienen una alegría contagiosa. Ya de noche llegan dos ciclistas más. Son una chilena y un holandés. Se han comprado esa tarde las bicicletas y los equipos en Cáceres y se han puesto a hacer el camino.

Albergue de El Casar de Cáceres.

Paca y yo cenamos en la Taberna de la Abuela Teófila, después de haber dado una vueltecita por el pueblo. Tomamos el fresco con los ciclistas y, al final, los doce habitantes del albergue nos recogemos a las 11,30.

Cigarrera bajo la señal de tráfico.

El reloj del Ayuntamiento da las horas muy nítidamente y después de un minuto repite las campanadas por si alguno no se ha enterado bien o se ha quedado dudando (¿Han dado las 4 ó las 5?). Tanto entusiasmo municipal por la información horaria no es apreciado por todo el mundo. No se puede agradar a todos. Es cosa sabida.