13/07/2003
Kms.
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Horas
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Dificultad
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Clima
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Señalización
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Descripción
general
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28 |
6 |
Normal |
Caluroso |
Deficiente |
Dehesa,
junto a carretera, dehesa y zona de cereal |
Abandonamos el convento con prisa, como se dijo, pues tememos al calor y cada minuto del alba nos evita dos de sol. La mañana está más fresca de lo habitual y promete un buen andar.
Llegamos a las 9 a Las Casas de Don Antonio y nos hacemos una foto en su puente romano. Allí Paca se da cuenta de que ha perdido su sombrero. Se pone triste, pues a las cosas, aunque insignificantes, se les coge cariño con los años.


El camino continúa a la derecha de la N-630. Hay, de trecho en trecho, trabajadores de la empresa COBRA que arreglan el tendido eléctrico. También hay algún miliario y un pequeño puente romano. Cruzamos la N-630 para, después de un tramo de camino, entrar en Aldea del Cano. Allí desayunamos.
Salimos de nuevo a la vía y, tras una zona de dehesa con ovejas y vacas, cruzamos por mitad de un aeródromo. Un piloto nos saluda desde el aire mientras vuela en una avioneta ligera. Al poco rato vemos venir a lo lejos a Paco y a Santiago. Les esperamos y, tras constatar que no se han encontrado el sombrero de Paca, entramos los cuatro juntos en Valdesalor.
Valdesalor es un pueblo nuevo, uno de los pueblos que se hicieron en Extremadura en la época de Franco cuando el llamado “Plan Badajoz”. En el Hogar del Pensionista nos dan la llave de una sala donde podemos alojarnos. La sala está junto a la iglesia y no tiene agua ni servicios, pero nos dicen que podemos utilizar los del Hogar. En la sala hay una sola colchoneta que gentilmente nos ceden a Paca y a mí (privilegios de la edad). Paco y Santiago prepararan sus lechos sobre unas placas de poliespan y luego se van a la piscina. Paca y yo nos vamos a un restaurante que hay a medio kilómetro, junto a una gasolinera. Comemos en él, no es barato pero la comida es buena.

Después de la siesta los cuatro caminantes tenemos un coloquio en la plaza del pueblo, a la puerta de nuestro improvisado albergue. Se debate la situación mundial (¡Oye, qué menos!). Como no hay mucho acuerdo, decidimos dejarlo. Nos pegamos una ducha en las instalaciones de la piscina y luego nos vamos los cuatro a celebrar una cena de hermandad en el bar de la misma. Por un precio económico cenamos bien. Paco, antes de irnos a nuestro albergue, compra leche para que desayunemos todos al día siguiente. Preparamos el envase plástico de un detergente como improvisado orinal (pues los apretones pueden ser muy traicioneros) y nos acostamos en el suelo de la sala sobre nuestros respectivos jergones. Mañana Dios dirá.