12/07/2003

Etapa 11 – Vía de la Plata

Aljucén - Alcuéscar 

 

Kms.

Horas

Dificultad

Clima

Señalización

Descripción general

21

5

Normal

Caluroso

Deficiente

Dehesa, parque natural, zona agrícola con chalets y fincas.

 

Salimos, aún de noche, y bajamos por la calle principal de Aljucén hasta abandonar el pueblo. Por una carreterilla local accedemos a la N-630 y justo antes de llegar a una gasolinera tomamos una pista de tierra que sale a la derecha. Hoy vamos a caminar un buen rato por la hermosa dehesa. Abundan los conejos y las aves de presa. Cuando salimos de la dehesa llegamos a un gran llano. El paseo es muy agradable por esta zona.

Acaba la dehesa y entramos en una zona agrícola, ya cercana al pueblo. Hay bastantes fincas y chalets. Al pasar por uno de ellos el dueño se ha dejado abierta la verja de la entrada. El chalet tiene una pendiente rectangular de unos 60 metros de largo desde la casa hasta la verja de acceso. Dos tremendos Rottweiler que se hayan junto a la casa salen corriendo hacia nosotros nada más vernos. Paca y yo, esta vez aterrorizados, continuamos a nuestro paso sin volver la vista atrás. Enseguida dejamos atrás la verja de entrada del chalet mientras oímos los furiosos gruñidos de los perros muy cerca de nosotros. Le digo a Paca que no se pare, que no corra y que no se vuelva. Afortunadamente los dos perrazos, algo desconcertados al salir del chalet, se han quedado en la zona de la puerta sin saber qué hacer. Desde unos cien metros aún los vemos allí, desorientados, y avivamos el paso para alejarnos cuanto antes. Creo que esta vez hemos tenido mucha suerte. El susto no lo olvidaremos. ¿Cómo puede haber gente tan irresponsable?

Casa de Beneficencia de los Esclavos de María y de los Pobres

Una vez atravesado el pueblo, la Casa de Beneficencia de los Esclavos de María y de los Pobres nos acoge. A la entrada hay ancianos sentados en los bancos del jardín. Casi todos son deficientes o inválidos y nos señalan amablemente por donde está la entrada. Varios hermanos y algún que otro interno se afanan en embellecer los jardines plantando flores. El hermano Julián con su raída sotana negra y su banda azul a la cintura nos da la bienvenida, nos dice que van a inaugurar una especie de cruceiro a la puerta del convento y que va a haber una fiesta hacia el día 17. Nos enseña alguna de las dependencias y también los aposentos que la casa ofrece a los caminantes. Son habitaciones individuales con cama, mesa, silla y lavabo. Los servicios y las duchas son comunitarios y también hay un amplio cuarto de estar. A nadie se le pide nada, a la salida hay una caja de hierro donde el que lo desea puede depositar un donativo. Nos informa también el hermano Julián de que podemos desayunar, comer y cenar allí si lo deseamos. Todo es gratis. Paca y yo le decimos que si nos pondrá una habitación para los dos.

-         Pues claro que sí

-         ¿Y cómo pueden ustedes ofrecernos tantas cosas sin cobrar nada?

-         Pues porque practicamos las Obras de Misericordia, que ustedes recordarán de cuando estudiaban el catecismo, y como una dice “Dar posada al peregrino”, pues eso... Si no lo hacemos nosotros, a ver, ¿quién lo va a hacer? ¡Usted me dirá!

Hablamos un buen rato con el hermano Julián que, con sencillez y afabilidad, nos cuenta un montón de cosas. Mientras tanto otros hermanos terminan de preparar nuestras habitaciones. En esto aparece un caminante asturiano que viaja desde Gijón a Sevilla. Nos cuenta que salió con su perro, pero que tras quedarse sin agua en el embalse de Alcántara, su perro y él hubieron de ser rescatados y su perro volvió a casa en coche con una amiga. Dice que sólo quiere agua y que le sellen en unos papeles con su nombre y número de DNI, que para ir de Gijón a Sevilla no hay credencial y que como los caminos tanto lo son en un sentido como en otro, él viaja de norte a sur. ¿Pasa algo?. El caminante asturiano (cargado de razón con su razonamiento sobre los caminos) se va tan rápidamente como apareció.

A Paca y a mí nos parece excesivo quedarnos a comer y a cenar donde los hermanos. Por otro lado nos apetece ver un poco el pueblo. Decidimos que cenaremos en el convento pero que vamos a comer en algún bar del pueblo. Así que, después de pasear un poco por las calles, nos metemos a comer al restaurante Alejandro. Al final se llena de gente, pero nos dan de comer bien y barato.

Cuando nos levantamos de la siesta vemos que, además de Paco (el barcelonés del día anterior), ha llegado un nuevo caminante. Se trata de Santiago Martí que viene de Isla Mayor (Sevilla). Charlamos con ellos antes de cenar. Santiago es concejal de su pueblo y ha estado siguiendo nuestros pasos desde Castilblanco. Hoy, haciendo una etapa doble, nos ha alcanzado. Dice que ya estaba harto de ir solo y de no ver a nadie. El precio de su caminata ha sido una ampolla en una planta del tamaño de una moneda de 2 €. Paca, para compensar, le pone un parche de Compeed de tamaño proporcionado. Santiago tiene 23 años y una forma física envidiable. Nos habla de su pueblo, de los cultivos de arroz, de sus antepasados valencianos, de las 40 Ha de terreno arrocero que compró su abuelo, de los distintos arroces que existen y de las empresas que los comercializan.

Santiago, Paco, Paca y Salva cenan en Alcuéscar.

Antes de cenar Paca y yo damos una vuelta por el pueblo. Hay una boda. Una chica del pueblo se casa con uno de Herrera de León. Ha venido mucha gente de fuera y, aunque la boda se celebra a la tarde, muchos de ellos comieron donde nosotros.

A las nueve y media nos vamos a cenar al convento. Los hermanos han preparado un comedor para nosotros cuatro y, además, la cena nos la sirven ellos. Aparte de agua, pan y vino, la cena consiste en: coliflor con huevo y cebolla, ensalada, gazpacho, embutidos y queso, croquetas, empanadillas y pescado empanado. De postre fruta y yogur. ¿Cuánto? Nada. La voluntad, si se tiene, como ya se dijo antes. Bien pueden apuntarse los hermanos en su haber otras dos Obras de Misericordia: Dar de comer al hambriento y de beber al sediento.

Al salir del comedor nos dan una estampa de la Virgen a cada uno. En el reverso de la misma se puede leer:

 

BIENVENIDO, HERMANO

-         porque tu visita nos honra,

-         porque nos ayudas al conocimiento mutuo,

-         porque te consideramos hermano, hijo de nuestro PADRE,

-         porque esta es casa donde cabemos todos,

-         porque coincidimos en recorrer caminos de paz y amistad hacia el mismo fin,

-         porque Cristo nos manda recibirte con los brazos abiertos, como le recibiríamos a EL,

-         porque nuestra fe y nuestra vocación nos urgen a ser solícitos en la hospitalidad,

-         porque nos das ocasión de practicar la caridad entre hermanos, esencia de nuestra Santa ESCLAVITUD.

 

Hermano, encomienda a la MADRE esta familia que hoy has visitado, y todas sus empresas de santidad y caridad.  ¡GRACIAS!

 

Esclavos de María y de los Pobres

Madre de la Misericordia

ALCUESCAR (Cáceres)

 

(Las cariñosas estampas van a viajar con nosotros hasta Santiago, en el bolsillo de la camisa, aunque lleguen algo sudadas.)

 

Después de cenar tomamos el fresco con dos de los hermanos. Nos cuentan la historia de su fundador que se remonta a la época de la Guerra Civil Española. A las 11 nos vamos cada cual a nuestra habitación.

-         ¿Hermano Julián, estará abierta la puerta a las seis y media?

-         Y a las 6 también, hijo mío, la abro yo y soy como un reloj suizo.

Para nuestra desgracia, cuando estamos a punto de dormirnos, ya entre las telarañas del sueño y cayendo en el abismo sin fondo del cansancio, la música irrumpe atronadora desde unos amplificadores de la terraza frente al convento. Ha empezado el baile de la boda. El España Cañí, El Manisero, El Gato Montés, Islas Canarias, Déjate querer, mujer, déjate querer, El Aserejé, Macarena, Black is Black, Con un sorbito de champán, Mami,¿qué será lo que tiene el negro?, Por el amor de una mujer, Papichulo, Mi carro me lo robaron, Perfidia, Mira que eres linda, Angelitos Negros, Cartagenera Morena, Pajaritos por aquí... y muchas otra piezas de renombre se fueron desgranando. Rememoramos los más brillantes éxitos de la música española de todos los tiempos. En ello nos dieron las dos y las tres y las cuatro y, cuando ya la orquesta se despidió, continuaron con discos y, cuando la terraza cerró, continuaron con cante flamenco a pelo. No quedó palo por tocar, cuando pasadas las cinco se hizo el silencio. Puede decirse que nos levantamos a las seis pero, eso sí, sin haber dormido. Cumplidas las necesidades higiénicas a las 6 y 20 estamos a la puerta del convento. Del hermano Julián ni rastro y la puerta cerrada. Casi a las siete aparece el hermano Julián muy apurado, medio dormido y terminando de abotonarse la sotana según corre. Abre la puerta y Paca y yo, mientras decimos adiós y gracias, salimos casi de estampida.