11/07/2003

Etapa 10 – Vía de la Plata

Mérida - Aljucén 

 

Kms.

Horas

Dificultad

Clima

Señalización

Descripción general

18

4

Baja

Muy caluroso

Normal

Zona urbana, carretera, dehesa y viñas.

 

Desayunamos a la salida de Mérida y el dueño del bar nos augura (¡Vaya con el profeta!) un día más caluroso que el de ayer. O sea, que vamos a seguir disfrutando de buen tiempo.

Hay que tener cuidado para no despistarse a la salida de Mérida. Conviene tomar la dirección al embalse de Proserpina. La carretera que nos lleva a la presa romana de Proserpina es muy peligrosa, sobre todo en sus últimos 4 kilómetros. Como los conductores no esperan caminantes pues eso, que van a pecho muerto. Cuando llegamos a Proserpina vemos que el camping está cerrado. Nos entristece, pues alguna vez hemos acampado allí. Eran otros viajes.

Presa romana del embalse de Proserpina.

El camino sigue desde Proserpina por asfalto. Al cabo de unos tres kilómetros sale un camino a la izquierda que nos mete en la dehesa. Poco antes de llegar a El Carrascalejo, dos jóvenes vacunan cochinos negros en una finca. Los cochinos son animales testarudos y los jóvenes han de auxiliarse con bastones eléctricos y grandes voces (me refiero a los tacos y juramentos clásicos que tanta expresividad dan al idoma) para conseguir que los animales entren en los pasillos de vacunación. No parece nada fácil dominar a estos animales tan huraños.

Cochinos ibéricos cerca de El Carrascalejo.

En El Carrascalejo hay gente limpiando la iglesia. Bromean mientras lo hacen. Paca y yo reponemos agua en la fuente y luego, a la sombra en la parte trasera de la iglesia, nos curamos los pies. Paca sigue cuidando sus viejas lesiones y a mí me han salido otras dos ampollas nuevas. Se ve que son réditos de las jornadas de asfalto.

Vista de El Carrascalejo

Llegamos pronto a Aljucén. En el pueblo hay un albergue privado. Lo llevan dos chicas jóvenes, Ana y Elena. Las chicas del albergue no están pero han dejado las llaves en el Bar Sergio. El albergue es una casa del pueblo que está junto al viejo cuartel abandonado de la Guardia Civil. Tiene tres habitaciones de dos, dos y cuatro plazas respectivamente (en literas). También tiene cocina, patio, tendedero, recibidor y salón comedor. Hay agua caliente.

Llegando a Aljucén.

Comemos en el Bar Parque, que parece el centro social del pueblo. Es un bar moderno con aire acondicionado. Nos preparan tortilla de patata, lomo con tomate y ensalada. Cuando estamos esperando la comida vemos llegar a un caminante. Salgo a su encuentro y le llevo al albergue. Se llama Paco y es de Barcelona. Ha salido hoy y piensa ir desde Mérida al Puerto de Béjar, de donde es su novia. Paco se queda en el albergue (ha comprado comida) y yo me bajo a comer.  Durante la comida los del pueblo toman vinos en la barra. Nos llama la atención un hombre mayor, delgado y alto, que tiene el pelo blanco. Le llaman El Artillero y no para de discutir con todos sobre cualquier cosa que surge. Se ve que le gusta llevar la voz cantante.

-         ¿Cómo que os vais? ¡Qué nos pongan otro vino, que falta mi ronda, joder!

¡Vaya energía que tiene el viejo! Por las discusiones, genio tampoco le falta.

Bar Parque en Aljucén

Cuando Paca y yo terminamos de dormir la siesta, a eso de las 6 de la tarde, Ana y Elena vienen al albergue, nos presentamos recíprocamente y nos dicen que sienten haber tenido que salir de viaje. Nos dicen que si queremos nos preparan la cena en su casa (tienen una casa rural). Quedamos en cenar todos allí a las 8. Antes de cenar entre Paco y yo les subimos una gran televisión que han comprado, a la primera planta de su casa. Cenamos en un ambiente agradable y pagamos a las chicas 6 € por persona del albergue y 7,50 € por cada cena. Antes de dormir pasamos un rato charlando con Paco en el patio del albergue. Hoy hemos tenido contacto con un caminante y eso, en la Vía de la Plata, es una novedad. Hay que anotarlo.

Albergue de Aljucén