09/07/2003

Etapa 8 – Vía de la Plata

Zafra - Almendralejo 

 

Kms.

Horas

Dificultad

Clima

Señalización

Descripción general

39

9

Dura

Muy caluroso

Poca y desvaída

Zona de cereal, olivo y vid.

 

Cuando vamos a pagar en el Hotel Don Quijote de Zafra resulta que nuestra Visa no conecta con el banco que la emitió. Tenemos que pagar en efectivo, pero el problema es que el viaje va a ser largo y necesitamos que nuestra Visa funcione bien. Así que dejamos Zafra algo preocupados. No es la primera vez que tenemos problemas de este tipo y tememos que nos dejen colgados (las entidades bancarias), como ya nos pasó una vez.

Dejando atrás la torre de San Francisco salimos de Zafra. El camino pasa por parcelas con chalets. En casi todas hay algún perro que nos ladra con furia, cosa muy desagradable en la penumbra del amanecer, cuando uno no va aún despierto del todo y no tiene ganas de sobresaltos. Pero, ya es sabido, la afición canina estalló en España hace unos 15 años y ya no hay quien la pare. ¡Oye, qué cariño les hemos cogido a los animales!

Iniciamos la bonita bajada a Los Santos de Maimona. Un hombre en chándal viene hacia nosotros a paso ligero, pero a cada momento se para y llama a su perro. El animal, seguramente acostumbrado al piso de la capital, no entiende la repentina pasión deportiva de su dueño y se resiste a abandonar las últimas casas del pueblo.

-         ¡Zar, ven aquí! ¡Zar, ven aquí ahora mismo! ¡Zar! ¡¡¡Zaaaaar!!!

La travesía de Los Santos de Maimona es larga pero muy agradable. El pueblo es muy bonito. Encontramos, al final del pueblo, un bar muy humilde abierto. En el mostrador hay tres botellas: coñac, anís dulce y anís seco. Nada que ver con el Club Siglo XXI. Los pocos parroquianos que hay tienen una copa delante de cada uno. Nos dan café de puchero con galletas María de una caja de cartón.

-         ¡Cojan ustedes las que quieran!

Dejando atrás Los Santos de Maimona

Dejamos Los Santos y, tras unos cuantos cruces poco señalizados, nos encaminamos a Villafranca de los Barros. El camino discurre entre vides y olivos y, a veces, es extremadamente polvoriento. A las 10,30 estamos en Villafranca y lo primero que hacemos es tomar un café en el primer bar que encontramos a la entrada. Un parroquiano almuerza huevos fritos con chorizo y media botella de vino tinto. Es un jubilado que, al ser el único cliente del bar, le cuenta sus penas a la cantinera. Se reducen éstas a dos: necesita una mujer que sea alegre y  que le ha caído en suerte un yerno malo.

-         Si por mi hija fuera bien sé yo que no me vería solo, porque mi hija es como yo, pero él es un cabrón.

Buscamos el Ayuntamiento y allí nos sellan y nos piden que rellenemos un cuestionario. También nos dicen dónde alojarnos. Recorremos el pueblo, que también nos gusta mucho, pero cuando estamos a punto de encontrar alojamiento vemos una señal que desde la zona más alta del pueblo indica: Almendralejo 16 Kms. Caemos en la tentación. Descansamos un poco, tomamos un buen zumo de naranja natural en el bar más cercano a la señal, nos aprovisionamos de agua en abundancia y a las 11, 45 salimos hacia Almendralejo. Llegamos a la N-630 y con un calor exagerado la seguimos. Un coche para a nuestra altura cuando aún nos quedan unos 8 kilómetros.

-         ¿No sabéis que hay camino entre las vides?, el que habla es un hombre joven.

-         Lo sabemos pero no hemos querido buscarlo porque queremos llegar pronto por el calor y es más largo que por carretera.

-         ¿Queréis que os lleve?

-         Gracias, pero vamos andando.

Pasadas con mucho las 3 y con muy buen tiempo, como se ha dicho, llegamos a Almendralejo. En cuanto encontramos un hotel que nos parece majo nos metemos en él. Es el Hotel Sheila. Dudamos de que Sheila sea un nombre muy popular en Extremadura, pero el hotel lo tiene. Nos da tiempo a asearnos y a tomar el menú del día. El hotel tiene aire acondicionado. Estamos en el paraíso. ¡Dios mío, qué siesta!

A la tarde Paca se queda descansando y yo me acerco al centro comercial del pueblo que está como a un kilómetro y compruebo el funcionamiento de la tarjeta en un cajero. Funciona. Regreso y salimos a tomar un vino a una terraza cercana. Sin embargo el calor nos hace regresar enseguida al resguardo del aire acondicionado. Cenamos en el restaurante del Sheila y después pagamos habitación, comida y cena con la Visa. Vaya, parece que funciona. A dormir tempranito.

Otra jornada sin caminantes ni ciclistas. Ciertamente esto no es el Camino Francés, cada día lo vemos más claro.