04/07/2003

Etapa 3 – Vía de la Plata

Castilblanco – Almadén de la Plata 

 

Kms.

Horas

Dificultad

Clima

Señalización

Descripción general

30

7

Dura

Caluroso

Buena

Carretera entre dehesas, dehesa y pinar.

 

Salimos aún de noche del albergue y cruzamos el pueblo. Nos llama la atención, como ya nos ocurrió ayer al salir de Guillena, lo animado que está el ambiente a estas horas tempranas. Los bares están abiertos y llenos de gente y muchos hombres toman el fresco en la calle[1]. Paca y yo, ignorando esto, nos habíamos tomado un café de sobre con barquillos en el albergue.

Los 16 primeros kilómetros son de carretera y de tipo sube y baja. A ambos lados las fincas alambradas, a veces doblemente, guardan ganado vacuno. Gran parte de este ganado es bravo[2]. Se hace largo y algo pesado este tramo de carretera. Paca y yo buscamos una sombra y paramos a echar un bocado sentados junto a la cuneta. Vemos aparecer un caminante a menos de medio kilómetro. Cuando se acerca y nos rebasa, observamos que lleva una minúscula mochila y dos conchas santiagueñas, una en el pecho y otra en la espalda. La concha del pecho es de tamaño natural, pero la de la espalda es grande, parece de plástico y es casi como el caparazón de tortuga mediana. Nos saluda con efusión al igual que saluda a los pocos coches que se le cruzan.

-         ¡Buen camino!

-         ¡Buen camino!

Entrada al Parque de El Berrocal

Continuamos, una vez que el caminante de las conchas se pierde de vista a muy buen paso, y al cabo de un buen rato le vemos de nuevo. Sale del camino donde debemos abandonar la carretera para meternos al Parque del Berrocal. Cuando llegamos a la zona de donde el caminante salió, vemos un BMW blanco con el maletero abierto y una señora que recoge cosas. Al llegar al coche vemos comida y bebida lista para tomar en el maletero.

-         ¡Buenos días!

-         ¡Hola, buenos días! ¿Son ustedes peregrinos?, dice amablemente la señora.

-         Intentamos llegar a Santiago.

-         Uy, mi marido no tiene tanto tiempo. Somos de Cádiz y mi marido quiere llegar hasta Salamanca y acabarlo otro año.

-         ¿Cómo no se mete por el parque?

-         Es que le han dicho que hay mucho desnivel. Pero, por favor, coman ustedes algo, que llevo mucha comida.

-         No, muchas gracias, no queremos entretenernos por el calor. Gracias, señora.

El que ha rehusado la comida de la atenta señora he sido yo, así que, en cuanto nos alejamos cien metros, Paca me dice:

-         Desde luego, pareces tonto, ¿has visto que pinta tenía la tortilla de patatas? ¡Modorro!

Atravesando el Parque del Berrocal.

La travesía del Parque del Berrocal es preciosa. La caza menor se ve con frecuencia. Sorprendemos también a algunos venados y corzos con crías. Sin embargo el calor va apretando y el tramo final por el parque se hace algo áspero. Hay que tomar una senda llena de hierba que culmina en una empinadísima cuesta. Tardamos más de tres horas en atravesar el parque. Ojalá este paraje hubiese estado situado al comienzo de la etapa. Hubiésemos disfrutado más de él. Llevar agua en abundancia es aconsejable en este tramo. Al llegar al final de la empinada cuesta hay un mirador y enseguida, por una rápida bajada, llegamos al pueblo.

Almadén de la Plata es un pueblo acogedor para los caminantes. Sellamos en el Ayuntamiento y nos alojamos en el Albergue Municipal. Tiene literas con sábanas y fundas de almohadas limpias, agua caliente, cocina y está cuidado con esmero. Cuesta 6 €. Isi, la encargada, nos atiende muy bien y, orgullosa de su pueblo, nos da cuantas explicaciones necesitamos. La comida en el Hostal Concha (Camino de la Plata) no es barata pero es excelente. Es conveniente pedirle la carta al jefe para evitar sorpresas.

Refugio de peregrinos de Almadén de la Plata

La etapa de hoy nos ha cansado, así que la siesta se hace necesaria. Por la tarde hablamos con el jefe del hostal en el que hemos comido. Nos gestiona el permiso para atravesar al día siguiente la finca Arroyo Mateos[3] y nos dice dónde podemos encontrar alojamiento en El Real de la Jara (fin de etapa de mañana). A la caída de la noche, después de dar una vuelta por el pueblo, cenamos donde comimos: un plato de chacina local que resultó muy buena y un buen plato de atún al horno. El dueño del local nos invita a una copa, nos desea buen viaje y nos cobra por la cena un precio más razonable del que nos cobró por la comida. ¡Con qué conocimiento a sirves y con qué poquito cobras!, que le oí un día a un castizo al pagar unas raciones.

Dormimos estupendamente en el albergue de Almadén de la Plata, siendo los únicos ocupantes del mismo. Somos muy afortunados. Además hoy hemos visto al primer caminante del viaje: el caminante de las conchas.



[1] Parece que en esta parte de Andalucía, debido al mucho calor del verano, la gente madruga mucho para ir al campo ya solo pueden trabajar en él hasta el mediodía. Así que bien por necesidad, bien por la costumbre adquirida con los años, los bares son un hervidero de gente a las 6 de la mañana.

[2] Una de estas fincas de ganado bravo es la Dehesa de Hierbabuena, propiedad del torero Ortega Cano y otra próxima a ésta es del diestro Diego Puerta.

[3] Las guías indican que hay que pedir permiso para atravesar esa finca, pero nadie contesta al número de teléfono que dan, así que recurrimos al dueño del hostal.