02/07/2003![]()
Kms.
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Horas
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Dificultad
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Clima
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Señalización
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Descripción
general
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22 |
5 |
Normal |
Caluroso |
Buena |
Tierras
bajas, cenagosas con cereales y frutales, terreno llano. |
A las seis y veinte dejamos el Hotel Monte Triana. La salida definitiva al camino es una mezcla de temor y alivio. La espera ha sido muy larga. Nos deseamos buena suerte con la misma emoción de las viejas llegadas.
Ya estamos en la vecina Calle Castilla. Con el ruido del tráfico de los que van a trabajar temprano cruzamos esta zona del barrio de Triana. Pasada la Capilla del Cachorro, el hedor a orines y los restos del último botellón despiden a los caminantes antes de cruzar la autovía a Huelva. Mucha basura y suciedad hasta después de pasar el puente sobre el Guadalquivir. ¿Por qué está tan sucia esta zona de Sevilla?
A partir de la Capilla del Cachorro la señalización es muy buena. Paca y yo dejamos Camas a nuestra izquierda y tomamos el camino que, paralelo al Guadalquivir, nos lleva al Cortijo de Gambogaz. Todavía estamos entre dos luces. Hay unas cuadrillas de trabajadores esperando junto a unas furgonetas al lado del camino. Alguien desde lejos les llama y los trabajadores se acercan en grupo, como con pocas ganas. Parece que van a sacar patatas. Esto sí que es duro y no lo nuestro. Nos cruzamos con los trabajadores que apenas nos miran con indiferencia. Es de comprender, casi van dormidos.
El sol ya ha asomado por el horizonte a nuestra derecha. Llegando al caserío media docena de perros de distinto pelaje nos ladran y nos gruñen con saña. Continuamos a nuestro paso, fingiendo ignorarles, y nos dejan en paz.
En Santiponce a las ocho y media de la mañana estamos desayunando café con leche, tostada con aceite y ajo y zumo de naranja. Dejamos atrás los monumentos de Santiponce (Itálica, Monasterio de San Isidoro) para otra visita en coche. El cruce de carreteras a la salida del pueblo está en obras y es un punto peligroso para los caminantes.
El camino que discurre junto al antiguo ferrocarril presenta algún punto difícil de atravesar por la maleza y la poca señalización y además en época de lluvias no es aconsejable. Si el tiempo es muy seco y se superan los puntos difíciles, la caminata se hace agradable. Para evitar sorpresas nosotros, aunque lo hicimos por este camino, recomendamos hacerlo por el camino de tierra alternativo para las bicis.
Es una zona donde abunda la caza menor. Las liebres, conejos y perdices aparecen de cuando en cuando en los parajes que cruza el camino.
El “miliario del siglo XX”, una especie de silo de unos 40 metros de altura, preside la última parte del camino de hoy, antes de llegar a las zonas de frutales próximas al pueblo. Sellamos en el ayuntamiento, donde nos dicen que el polideportivo está en obras y nos recomiendan alojarnos en el Hostal Francés. En este hostal se suelen quedar los caminantes. Nos dan una habitación doble con baño y aire acondicionado por 30 €. El dueño es un hombre joven que nos trata con simpatía. Comemos en la Peña Flamenca por un precio muy razonable. Parece que los precios son bastante más baratos que en el Camino Francés.

En el libro del hostal consta el paso de muchos caminantes, bastantes extranjeros. Algunos hacen constar sus apuros para vadear arroyos, a veces de aguas fecales, por el camino que hemos traído. Son tierras casi al nivel del mar y con muy poca caída, por lo que se inundan con facilidad. Preguntamos por los diez caminantes que, según el venerable sacerdote de la catedral, habían salido el día anterior. No saben nada. La última inscripción en el libro del hostal es del italiano Graciano que pasó el 26 de Junio último. Nosotros hoy no hemos visto ni caminantes ni ciclistas.
A la tarde, mientras escribo, estoy solo en el bar. La dueña lo acaba de fregar y entra un cliente que pisa sobre lo que acaba de limpiar.
- ¿Por qué no le pisa er shosho a tu hermana?
Se ve que reina la familiaridad con los clientes.
A la noche cenamos en el hostal a base de tapas que nos prepara la dueña y también por un precio económico. Mientras cenamos en la terraza pasa un hombre que vende camarones. Los lleva en una cesta de mimbre, tapados con un lienzo blanco, y los sirve en cucuruchos de papel de periódico. La estampa del vendedor de la cesta y los cucuruchos nos traslada por un momento a nuestra infancia. El pueblo está lleno de gente y más ahora que salen de las casas a tomar la fresca.
Nos vamos a acostar y, primer problema serio del camino, Paca tiene cistitis. Esperemos que mañana le hayan hecho efecto los antibióticos.