01/07/2003
Al fin llega el esperado uno de Julio. Los nervios de un año de proyectos y preparación, la inquietud ante lo desconocido y los problemas de última hora (siempre hay alguien que te toca las narices hasta el último minuto) han hecho que el momento sea muy deseado.
A las siete
de la mañana atravesamos Guadalajara a pie, mochilas al hombro, con el frescor
del amanecer. A las ocho menos cuarto sale el tren que una hora más tarde nos
deja en Atocha. El AVE sale a las diez y en menos de dos horas y media estamos
en la Estación de Santa Justa en Sevilla. Un taxi nos deja en el hotel Monte
Triana en un plisplás. ¡Qué despliegue de comunicaciones para iniciar un viaje
a pie!
Volamos a
sellar a la catedral.
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¡Hoy han salido más de diez!, dice muy serio el venerable sacerdote que nos
sella.
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¿Andando?
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Andando, andando. Y muchos más en bici.
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Pues nosotros acabamos de llegar de Guadalajara y saldremos mañana.
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Pues que tengáis buen camino, hijos míos.
El sello es
rectangular con dos líneas de texto: “Catedral de Sevilla” y “Camino de Santiago”.
Entremedias la Giralda. Ya, con la credencial sellada en la catedral de Sevilla,
tiene nuestro viaje otra legalidad.
Nos metemos
a comer al restaurante Casablanca, en la calle Zaragoza: Bueno, pero caro sin
más. Siesta en el Hotel Monte Triana, que en esta época del año cuesta menos
que una pensión del centro.
En cuanto nos
levantamos nos vamos a comprobar la salida de Sevilla. Perfectamente señalizada
a partir del Puente de Triana, siguiendo por la primera a la derecha que es
la Calle Castilla y llegando a la Capilla del Cachorro. Las flechas han sido
repintadas. Así da gusto. Comprobamos las señales hasta el puente que hay sobre
el Guadalquivir, después del aparcamiento de camiones.
Después de visitar
la Capilla del Cachorro nos vamos al centro. Menos turistas de los habituales
en este centro de Sevilla que siempre nos parece que tiene algo de decorado.
Sin embargo, para compensar, hoy comienzan las rebajas y las tiendas rebosan
de sevillanos. Cenamos de tapas y, para esto, nada mejor que el bar Becerra,
la taberna de Paco Góngora y, ya de vuelta al hotel, Casa Cuesta en Triana.
Visitados estos clásicos del tapeo, a dormir a las diez y media.