HISTORIAS

Habiendo caminos...

Estas historias son relatos que tienen que ver con el Camino o con lo visto y escuchado en él. Las que hay son:

 

 

Rememorando Diciembre de 1999, días del 3 al 7.

Paca y yo habíamos pensado acercarnos al Camino en este puente. Teníamos curiosidad por saber cómo estaría en este tiempo, ya casi invierno.

El día 3 a las siete y media de la tarde salimos de Guadalajara en nuestra furgoneta. Hicimos noche en Almazán (Soria).

Serían las 12 de la mañana del día 4 de diciembre cuando llegamos a Pamplona. No nos detuvimos. Sentíamos desasosiego por llegar a Roncesvalles. Siguiendo la carretera de Francia, sin entrar a Pamplona, pronto llegamos a Larrasoaña. Continuamos. Nuestra vieja furgoneta comenzaba a enfilar el Alto del Erro. El cielo encapotado, soltando briznas de aguanieve. Paca y yo emocionados.

-¡Mira, allí vimos a Los Alpinos!

-¡Allí a la Salo con su padre!

-¡Allá bebimos agua!

-¿Te acuerdas, Paca?

-¡Qué contentos íbamos, qué felicidad!

 

Comentábamos cada cruce del Camino con la carretera, cada flecha amarilla, cada detalle, cada pueblecito, cada trozo de sendero... Todo nos recordaba alguna acción, alguna persona, alguna palabra, algún pensamiento. Ibamos recogiendo un rastro de sentimientos. Como cuando los niños desandan lo andado para buscar las monedas que perdieron por el bolsillo roto del pantalón.

Tras vueltas y más vueltas, subidas y bajadas, llegamos a Roncesvalles. El día con su color piel de lobo estaba anunciando la nieve a gritos. En el suelo, sin embargo, sólo algunos parches blancos aquí y allá. Ni en los puntos más altos el suelo estaba cubierto.

En Roncesvalles había turistas que deambulaban rápidamente por entre los edificios históricos y se refugiaban sin dudarlo en los bares de los dos hoteles frotándose las manos. Hacía mucho frío.

Paca y yo atravesamos bajo el túnel del primer edificio y nos dirigimos a la Colegiata. Empujamos la pesada puerta y, por suerte, estaba abierta. Había un interruptor a la entrada que permitía, echando una moneda, iluminar la iglesia. Nos adentramos en la nave desierta sin romper su penumbra. Sin cambiar palabra nos fuimos a situar justo en el punto de la nave donde oímos la misa del peregrino la víspera de nuestra partida. Allí nos quedamos callados uno junto al otro. ¿Dónde andarán nuestros amigos? ¿Te acuerdas cómo lloraba en la bendición Julián el de Plencia? ¿Cuánto miedo teníamos todos?. Lo pensamos en silencio. Luego, a oscuras, como habíamos entrado, dejamos la Colegiata. Los dos solos, sintiéndonos como perro sin amo, nos fuimos a tomar un café a La Posada. Este fue el primer umbral que atravesamos como peregrinos para iniciar el Camino.

Nos daba miedo estar más tiempo deambulando por Roncesvalles o iniciar los primeros hectómetros del Camino en plan recuerdo. Nuestra furgoneta es una vieja lata con tracción trasera y el cielo parecía estar a punto de empezar a soltar nieve. Bajamos de nuevo hacia Larrasoaña. Más recuerdos, más comentarios, más nostalgia.

Vimos que algunos trozos del Camino los están pavimentando y ya no son de tierra, sino de una especie de piedra artificial que simula algo así como una especie de calzada romana. La modernez, oye, que no respeta nada.

Cuando llegamos a Larrasoaña nos parecía imposible que nosotros pudiéramos haber hecho aquella etapa. Nos dolían todas las articulaciones del cerebro sólo de recordarlo.

En Larrasoaña parada obligada. El Puente de los Peregrinos. El Hospitalero. Santiago Zubiri nos localizó enseguida. Recorrimos con él el refugio. Vimos, en su despacho, los libros de los peregrinos. Buscamos el 9 de Julio de 1999. Efectivamente, en el libro, aparecieron nuestras líneas de agradecimiento a Santiago y a su ayudante Ana. Lo habíamos hecho, era cierto, Paca y yo no lo habíamos soñado. Allí lo decía. Vimos también lo que escribieron los Alpinos, los andaluces, la Salo... Un nudo en la garganta.

Santiago Zubiri nos dice que esta mañana han salido tres peregrinos del refugio, nos enseña una gran cantidad de recuerdos de peregrinos y nos dice que tiene una página en Internet, que se la ha hecho un compañero holandés con quien hizo el Camino: www.iaehv.nl/users/apla/Larrasoana.html

-¡Adiós Santiago! ¡Te escribiremos!

Llegamos enseguida a Pamplona. Cuando pasamos como peregrinos eran los Sanfermines. Hoy es un remanso de paz. Pamplona está casi vacía y, para hacer juego con el día, algo triste. Aparcamos en la Plaza del Castillo, increíble. Comemos en Casa Manolo. Demasiado.

Después de la comida damos una vuelta por el casco viejo. Llegamos hasta la muralla y al atravesar la puerta de Zumalacárregui, zas, un peregrino:

- ¡Buen Camino!

- ¡Gracias!

- ¿Vas a llegar hasta Santiago?

- Espero conseguirlo el 31 de diciembre.

- ¿Cómo están los caminos?

- Mucho barro, el bordón imprescindible.

- ¡Buen Camino, pues!

- !Qué os vaya todo bien!

- Es un hombre de unos 60 años que parece que sabe lo que se hace.

Salimos de Pamplona con muy poca luz. Desde la furgoneta vamos comentando los puntos del Camino que aún somos capaces de ver. El Alto del Perdón, Puente La Reina, Estella, Los Arcos, Logroño. En Logroño pasamos la noche. Hay siete peregrinos ciclistas en el refugio. En la zona de las tapas, todo como siempre: champiñones, suelas, matrimonios, pimientos y... buen vino.

Amaneció el día 5 de Diciembre. Paca y yo recorrimos la parte antigua de Logroño haciendo fotos del Camino en los puntos que la atraviesa, también del puente. Vemos salir a los 7 peregrinos ciclistas muy contentos por la puerta del Revellín, donde la muralla limitaba, en tiempos, la ciudad medieval.

Hoy es domingo. Paca y yo dejamos Logroño. El día es brumoso pero hay luz suficiente. Al menos para que Paca y yo, desde la furgoneta, podamos encontrar nuestros recuerdos. El Parque de la Grajera, Navarrete y Nájera se suceden. En Nájera paramos a la puerta del refugio. No está abierto pero hay un cartel diciendo que a la una se abrirá. En el piso superior los balcones están abiertos para que se oreen las camas. Recorremos la salida del Camino, desde el refugio hasta la cuesta por la que se deja el pueblo. Emoción, sí. ¿Qué pasa?.

Hay muchos turistas en Nájera. Paca y yo nos vamos para que haya dos menos. No nos detenemos en Santo Domingo de la Calzada, es muy turístico y además lo conocemos muy bien. Dejamos Grañón a la izquierda, donde nos cambiaron las flechas de dirección y nos perdimos.

Paramos en Belorado. Damos una vuelta por la plaza, el albergue, las calles viejas que dan salida al Camino hacia la carretera. Llueve en Belorado. Parece que fue ayer cuando, también lloviendo, dejamos el pueblo con Catherine y su madre, las americanas desconfiadas.

A San Juan de Ortega. Antes entramos en Villafranca Montes de Oca. Un peregrino extranjero enfilaba la fuerte pendiente que lleva al monte y luego a la Fuente de Mojapán.

- ¡Buen Camino!

- ¡Mochas gruacias!

El día es frío y chispea. Un día muy apropiado para atravesar estos bosques brumosos en solitario.

En San Juan de Ortega el cura está en su portal. Casi donde le dejamos la última vez que le vimos. Le saludamos. Tiene encendida una gloria. Una especie de estufa que calienta los pisos de las casas. Creo que los romanos ya las utilizaban. Nos enrollamos con el cura. Éste nos dice que el Camino crea muchos adictos y sostiene que cuanto más duro es el Camino más se recuerda, asegura que cuanto más se sufre más se vive la andadura e insiste en que la mochila es como la cruz...

Paca se infla un poco y le dice que ella recuerda el Camino por lo mucho que gozó y porque fue feliz y que lo de la dureza es relativo y, por si su postura no quedara totalmente clara, le deja caer que lo mismo que le dice del Camino le dice de la vida en general y le suelta que no cree en eso de que "Quien bien te quiere te hará llorar" y que ella sostiene que "Quien bien te quiere te hará feliz" y...

¡Dios mío! ¡Qué temperamento! Se nota que Paca estudió con las monjitas. Viendo el rumbo que tomaban las cosas, yo, que soy un pelota rastrero, me volví y eché un donativo en la caja de hierro que el cura tiene en la pared. Nunca está de más paliar la hostilidad que en un momento pueda demostrarse al sentir tradicional de Nuestra Santa Madre Iglesia. El cura cambió de tercio y nos dijo que estaban arreglando los servicios del refugio. Nos despedimos.

Ya más relajados, saludamos a los del bar y nos tomamos un vermú. Salían de él, en ese momento, siete peregrinos, chicos y chicas jóvenes. Nos saludamos, son catalanes y dicen que siguen hasta Olmos, más allá de Atapuerca. Los del bar nos dicen que allí no se queda nadie, que el refugio es una cámara frigorífica. Gente cariñosa la del bar.

Burgos, lleno de gente. Comimos a las tantas en el primer restaurante donde encontramos sitio, después de intentarlo en siete u ocho.

Salimos hacia Castrojeriz, muy tarde ya para desviarnos a Hornillos. Nos detuvimos a ver caer el sol sobre el cerro al que se sube por la Cuesta de Mostelares. Un entrañable punto del Camino para nosotros los de Castilla. A los de Castilla, en el fondo, nos encantan nuestros páramos desiertos, pero por pudor nunca nos atrevemos a defenderlo. Nos parece contra natura. Más recuerdos. Luego al Refugio de San Nicolás, junto al puente por el que se cruza el Pisuerga y se pasa de Burgos a Palencia. El Refugio de San Nicolás está cerrado, pero así y todo tiene encanto su arquitectura y su enclave. Más recuerdos, son gratis.

Nos vamos a Frómista. Recordamos que esta zona es muy fría. Fue de los pocos puntos donde tuvimos que utilizar el jersey en el mes de Julio. Encontramos alojamiento en la Pensión Marisa. La pensión está enfrente del Hotel San Martín, en la misma plaza que la bellísima iglesia románica. Sólo por esta iglesia ya merece la pena atravesar Castilla. Atención a esta pensión, caminantes, está limpísima y muy cuidada, muy bien atendida, se puede comer allí a precios razonables y la habitación doble vale 3000 ptas. La recomendamos.

En Frómista hay cuatro peregrinos, están en el albergue. La tarde es muy fría y se ve que ya han acumulado suficiente frío en el cuerpo durante el día como para andar por ahí. Donde la Boffard nos tomamos un queso con vino que levanta la boina. Mañana será otro día.

La mañana del día 6 me levanto antes que Paca y aprovecho para hacer unas fotos por el pueblo. Ha caído una gran helada sobre Frómista. Hay un dedo de hielo sobre el cristal de la furgoneta y no sale ni bien ni mal. Son las nueve y media cuando los peregrinos emprenden su marcha. Yo estoy aún liado intentando quitar el hielo de los cristales. ¡Buen Camino!. Casi ni me contestan con el frío.

Para terminar de arreglar las cosas se echa una niebla espesa. Dejamos Frómista y camino de Carrión pitamos a los peregrinos. Damos una vuelta por Carrión y compramos un detalle para Marisa, la de Terradillos. También hacemos fotos.

En Terradillos de Templarios la niebla acaba de disiparse para dar lugar a un día tremendamente luminoso. Los cazadores salen de sus casas contentos, pues ya habían decidido olvidase de la caza por causa de la niebla. Se echan al campo. Paca y yo nos vamos al refugio donde el marido de Marisa, que está de charla con unos parroquianos, nos recibe. Nos dice que Marisa dio a luz hace dos meses a una niña y que subamos calle arriba, a su casa, pues se pondrá contenta de vernos. Así lo hacemos. Marisa se sorprende, dice que me recuerda pero no a Paca. La niña de Marisa se llama Ana y es una preciosidad. Nos decimos palabras llenas de afecto y enseguida nos despedimos. No se debe molestar mucho rato a alguien que no te espera y menos si es una madre lactante. Se nota que a Marisa le emociona y le gusta nuestra visita. ¡Hasta otra, Marisa!.

Llegamos, desde donde Marisa, al Burgo Ranero. Vemos que en la zona que estamos recorriendo hoy se siguen haciendo andaderos nuevos junto a la carretera, incluso donde había caminos que no iban junto a ella. A Paca y a mí nos gustan los caminos que no van junto a nada. El alejamiento que muchos caminos tienen de los coches omnipresentes nos parece un aliciente más del Camino.

Pero ya sabéis lo difícil que es comprender las decisiones de los que nos gobiernan, por justas y acertadas que éstas sean. Lo hemos dicho siempre.

Quizás los responsables hayan pensado que esta ubicación sea la adecuada por alguna de estas razones:

Sin duda nuestra imaginación es muy pobre y habrá quien encuentre más y mejores razones, con ser las dadas de suficiente peso.

Del Burgo Ranero, que estaba muy desierto, nos fuimos a León. A León no entramos, continuamos a Villadangos del Páramo y a Astorga. En Astorga encontramos a un peregrino francés que estaba desolado (Moi, je suis desolé!) porque se le habían acabado las pilas de su cámara fotográfica (Que'l domage!). Le tranquilizamos diciéndole que en España podía, aunque fuese fiesta, encontrar pilas en cualquier ciudad. Le acompañamos y pilas si que había, pero no las que usaba aquella cámara, yo no las había visto nunca. Creo que el francés se quedó sin pilas. Por cierto que el tío venía andando desde Dijon, nada menos y eso que andaba por los sesenta.

En Astorga intentamos sacar alguna foto entre la marabunta de coches y gente. Después de comer, aprovechando lo luminoso del día nos fuimos a Rabanal del Camino y a la Cruz del Ferro. En este trayecto había unos 12 peregrinos. En Foncebadón han montado un bar en el que te atienden con traje típico. Además han pegado unos bandos en las paredes. En ellos el alcalde pedáneo se ve obligado a recordar que no se puede edificar según le pete al personal, y que, como en el resto del país, hay que pedir los correspondientes permisos de obras.

En la Cruz del Ferro 6 ó 7 coches. La atmósfera totalmente diáfana. El cielo azul puro. Por los barrancos suben las brumas de los valles. Al fondo Ponferrada, tapada por una manta blanca de nieblas, sólo enseña las puntas de sus chimeneas.

La bajada a Molinaseca con hielo en las umbrías. En el pueblo turistas y más turistas. Nos detenemos a tomar unas fotos y un café en el mismo bar que visitamos durante el Camino. De allí a Ponferrada. No paramos, seguimos a Cacabelos. Esto de "Prada a Tope" un éxito oye. Pero a Paca y a mi no nos gusta. Nos parece un McDonald al estilo del Bierzo y aunque la cadena se hinche a ganar dinero y se extienda por España y dé cinco mil puestos de trabajo y..., no nos gusta, no nos gusta y se ha "terminao". De las mesas a las tejas todo es falso en "Prada a Tope". Eso sí, da dinero.

Son más auténticos los bares y tabernas de Cacabelos a los que sólo van los del pueblo. Además, aparte del refugio de peregrinos, hay habitaciones limpias y económicas en "El Molino". El Molino, calefacción y agua caliente, está en el Camino de Santiago y casi en el centro del pueblo. Doble sin baño 2600 ptas. Bastante aceptable.

De Cacabelos volvimos a Guadalajara el día 7, para no coger la caravana y poder disfrutar del camino de vuelta. Dejamos para otras ocasiones el resto del Camino.

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Catherine

Efectivamente, puedo corroborar que muchísimas flechas de Astorga en adelante estaban adornadas con el nombre de Catherine durante el verano del 99. Paca y yo también lo vimos, pues era imposible no hacerlo al estar escrito en tantas y tantas flechas. No creo, sin embargo, que se trate de la Catherine que Paca y yo conocimos en Belorado y que viajaba con su madre. Americanas ambas. Tampoco pensamos que la Catherine que nosotros conocimos, bien lejos de Astorga, fuera la autora de las inscripciones. De serlo, habría comenzado bastante antes y no fue así. Sin embargo Paca y yo elaboramos nuestra propia teoría cuando recorríamos el Camino:

Observamos que el nombre de Catherine aparecía muchas veces con una interrogación y otras con puntos suspensivos. Dimos en pensar que se trataba de un caminante enamorado. El caminante habría requerido de amores a la tal Catherine y ella le habría rechazado, mas no de modo definitivo y contundente. Esto habría hecho que el enamorado se adelantase a ella en el Camino y, para mostrarle cuán presente tenía su imagen en el pensamiento, no cesara de escribir su dulce nombre en las flechas. Flechas que, con seguridad, ella habría de mirar a lo largo del Camino como hacíamos todos. ¿Lograría el perseverante caminante enamorado los favores de la dama? Paca y yo, en un par de ocasiones, creímos que sí , pues dejó de aparecer el nombre de Catherine en algunos trayectos. Comentábamos entre nosotros: En alguno de estos prados ha debido caer la tal Catherine, para descanso de amante, peregrinos y caminantes en general. Pero, para nuestra sorpresa, unos kilómetros más adelante el nombre volvía a aparecer donde solía. Catherine había resistido. Pasados unos pocos kilómetros más el nombre dejaba nuevamente de aparecer. Paca y yo concebíamos nuevas esperanzas. Mas no, ¡joder con Catherine!. Unos pocos kilómetros más adelante el enamorado incansable proseguía con sus proposiciones: Catherine... o Catherine?

Alguno pensará: ¿A qué se debían entonces las fugaces desapariciones de requerimientos en algunos tramos? La explicación es sencilla. El enamorado se dejaba alcanzar por Catherine y probaba a conversar con ella por ver si sus súplicas habían mellado el ánimo de la dama. Lógicamente durante estos pocos kilómetros, en compañía de ella, no escribía el amante sino que asediaba a Catherine con la palabra y, un suponer, con acosos más perentorios. Catherine, sin duda alguna, le rechazaba. Se distanciaban de nuevo. Ella marmórea. El, cada vez más enamorado. Ella desdeñosa, él perseverante. Nosotros, los caminantes y peregrinos, hasta las gónadas. Ella que no, él que si quieres y así. Aparentemente Catherine resistió, salvo milagro del Santo. Pero cuidado, si alguna os encontrais en el Camino con el amante de Catherine, daos por j... ¡Ya sabéis como las gasta!.

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Leonor

Pueden contarse muchas historias del Camino. Unas son ciertas, otras no, otras a medias... y otras son a gusto del consumidor, que al fin y al cabo tanto da. ¿Quién deslinda verdad y mentira? ¿Quién separa los olores del monte?. Las mentiras son cosas que no fueron pero que pudieron ser y las verdades son cosas que fueron pero que pudieron no haber sido. Por tanto la diferencia, bien mirada, no es tanta.

Leonor Utiel Zurita hizo el Camino en el mes de Julio de 1999. Lo hizo sola. Leonor, a fuerza de no tener prisa, terminaba llegando a todas partes. En algunos lugares Leonor se detenía y charlaba con quien le daba conversación o se callaba, según los casos. Lo segundo lo hacía mayormente cuando le miraban con desconfianza. Hay miradas peor que un tortazo, a fuer de impertinentes. Hay gente que tiene derecho de pernada en la mirada y no se da cuenta que mirar con ese descaro es peor que pederse en público, por censurable que esto sea. Pero la gente que mira así ya no se corrige, tienen ese mirar del mismo modo que el que tiene los ojos azules o como el que es calvo o como el que nace barrigón que dicen en mi pueblo que que ni lo fajen de pequeño. Los pedorros tienen siempre mejor arreglo, a no ser que pasen de los ochenta. Edad a la cual, es uno de los pocos vicios que no prohibe el médico de la Seguridad Social.

Bueno pues a Leonor le miraban. A Leonor entonces se le ponía cara de mala leche. Paca y yo casi no habíamos reparado en ella. La habíamos visto en algunos parajes y en algunos pueblos. Educada siempre: ¡Buen Camino! ¡Buen Camino!. Estando en un pueblo castellano, Paca me dijo:

- Mira, es Leonor.

- ¿Dónde?, dije yo mirando a todas partes.

- Delante de nosotros, y no hables tan alto.

Eran casi las 10 de la noche, ya habíamos cenado y nos íbamos a marchar a nuestro refugio. Yo seguía mirando, pero no localizaba a Leonor. Paca notando mi torpeza dijo:

- La que está con ese tío con pinta de camionero de ruta.

- ¡Qué va!, dije yo.

- ¿Estás tonto?, dijo Paca, acostumbrada a ver cuando mira.

- Pero si esa tía tiene una pinta de "pinriqui" que no puede con ella, dije yo con mi discreción habitual.

- ¡Pues es ella!, sentenció Paca.

Poco a poco fui reconstruyendo la cara de la peregrina Leonor. Primero le quité el moño, después la pintura de los ojos, el maquillaje, el carmín... después le puse un chandal, el macuto a la espalda, un sombrero, el bordón... y ¡zas!, era verdad, pero si era Leonor.

No se si Leonor notó o no nuestra presencia. A lo largo del Camino continuamos frecuentándola (en el sentido más casto) como a los demás peregrinos de nuestra hornada. Leonor era simpática y campechana. Algún peregrino solitario fue su compañero durante alguna etapa. Por la noche nuestra Leonor, mientras nosotros dormíamos extenuados, ella se financiaba el Camino. ¡Señor, qué naturalezas! Eso es lo que se llama preparación o fitness como le dicen ahora.

- Leonor, ¿quieres tomar una copa con nosotros?, le dijimos una noche en un pueblo de la montaña leonesa.

- Venga, dijo ella.

- ¿Qué te apetece?

- Jerez.

- ¿Fino La Ina, Fino Quinta...?

Leonor me miró a los ojos y con la socarronería de quien, tras tantas jornadas del Camino, se sabía descubierta pero no rechazada dijo:

- No, mejor Tío Pepe. A mí es que me van mucho los Pepes, no sé si lo habéis notado.

Es un honor recordar con estas letras a Leonor, gran profesional y peregrina, que, a diferencia de las amateurs que encontramos, hizo el Camino discretamente, sin dar el cante ni montar espectáculos, casi en silencio, despacio, de puntillas y trabajando a sus horas. El Camino, lo he dicho más de una vez, es de todos. ¿O no?.

 

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Por azar

Queridos amigos y amigas:

Paca y yo comenzamos el Camino hace años. Teniendo en cuenta que, según se mire, todos los caminos son el Camino. Los caminos producen y han producido en nosotros una emoción intensa. Nos sorprendió este Camino de Santiago. La maravilla de lo simple sorprende siempre. Pero lo sencillo ni se busca ni se ve, ha de encontrarse al azar o, de lo contrario, no se encuentra de ninguna manera. Bonita palabra, azar. Si no sabemos por qué ha ocurrido algo decimos que ha ocurrido por azar. No nos resistimos a ignorar y, claro, para eso están las palabras: azar, por ejemplo. Azar y otras palabras quedan bien y son bonitas, sirven para explicar lo inexplicable y además, hasta ahora, son gratis. ¿Quién no queda bien por ese precio? Es como cuando la policía o los políticos "no descartan ninguna hipótesis", quedan muy bien y nadie puede achacarles ni recriminarles que no tengan ni puta idea de lo acontecido. Las palabras nos sacan de muchos apuros, esa es la verdad. También distraen, sí señor, sobre todo distraen.

A Paca y a mi esto de los viajes nos ha gustado siempre pero, no os creáis, no siempre hemos sido "viajeros de posibles". Algunas años, a fuerza de no tener, fuimos "viajeros imposibles". Vinieron después tiempos mejores y cambiamos un poco de pelaje. Fue entonces cuando por azar, una vez más, leímos en una guía este texto de un poeta griego de Alejandría, cuyo nombre desconocemos:

 

"Cuando salgas hacia Ítaca

deseo que tu camino sea largo,

lleno de aventuras y de experiencias.

Los cíclopes, el feroz Poseidón

no deben asustarte:

nunca te ocurrirá nada malo

si mantienes alto el espíritu,

si dejas que las sensaciones desconocidas

invadan tu cuerpo y tu alma.

No encontrarás a los cíclopes

ni al feroz Poseidón,

a no ser que los lleves dentro de tu alma,

a no ser que tu alma los coloque ante ti.

El poema, a fuerza de probar en viajes y viajes, ha salido certero. Tuvo el poema la virtud de animarnos ante lo que nos parecía difícil y, aunque Paca y yo, lo leímos por separado, quiso el azar, una vez más, que lo recordásemos juntos. Tenemos mucho cariño a este poema. Os lo mandamos a la lista por si os gusta o por si alguien, por azar, lo conoce.

 

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Una tarde en una taberna del Camino.

Pasados los primeros días de la peregrinación, los caminantes del grupo son como truchas que se reconocen pululando por los mismos tramos del río. Llevan unos pocos días viéndose a intervalos y, sin embargo, se resultan ya tan familiares como si fuesen del mismo pueblo. Ninguno dudaría en darle a cualquiera lo que lleva encima o aquello que el otro pudiera necesitar. Hay confianza.

En el único bar de la pequeña localidad han comido hoy más de veinte peregrinos. Es ya la hora de la siesta y sólo quedan en el bar algunos del pueblo, que están de permiso, unos viejos que juegan a las cartas, y un grupo de cuatro peregrinos mayores. Todos están refugiados en la sombra y disfrutan del frescor que el local proporciona. Fuera el sol te abrasa los ojos como la chispa de una autógena. Allá, en el rincón más apartado del bar hay otro peregrino que escribe y escribe sin levantar la cabeza. El peregrino escribano es como un niño aplicado que hace sus deberes.

Los cuatro peregrinos mayores toman copas de coñá. Uno de ellos habla a voces y hace imitaciones. Los otros a veces se ríen con él. El de las imitaciones parece incansable y una de las veces se hace el borracho, con tan buen tino que el peregrino escribano le mira asombrado sin creerse del todo que no lo esté.

- Voy a echarme la siesta- Dice el más viejo de ellos, un hombre delgado y menudo con el pelo blanco y que viste de un modo casi impecable para ser peregrino.

- Ya me la echaría yo, ya... pero con alguna peregrina de esas extranjeras...- Contestó el más gordo de los cuatro, animado sin duda por el coñá.

- ¿Qué tienen de malo las nacionales?- Dijo el de las imitaciones.

- No me digáis que con la jupa que llevamos tenéis ganas de cachondeo. Lo que es yo, creo que me dormiría en cuanto cayera en una cama.- Aseguró el cuarto hombre, que llevaba una boina grande, de esas como las que usan algunos vascos.

- Pues, chico, yo, como dicen en mi pueblo: "Borrico cansao, borrico empalmao". ¿Verdá, abuelo?- Dijo el de las imitaciones dirigiéndose a un viejo de más de ochenta años que, más que ver la partida, dormitaba en una silla junto a los jugadores.

- ¿Cómo dice usté?

- ¡Que digo yo, abuelo, que dicen en mi pueblo que "borrico cansao, borrico empalmao"!- repitió a voces el imitador.

- Ya lo creo, hombre, ¡qué conocimiento tienen en su pueblo de usté! ¡No hay verdá más grande bajo el manto del universo!

- Lo veis, como el abuelo me da la razón. A que usté todavía funciona, abuelo.

- ¿Cómo dice?

- ¿Qué si se le empina a usté?

- Sí señor, ya lo creo, como que me la meneo todas las noches.

- No joda usté, abuelo, y ¿qué?, ¿le viene?

- ¡Qué hostias me va a venir, pero me canso y me duermo!

Los de la partida, que hasta ese momento parecían en otro mundo, soltaron una carcajada tremenda. Como parecía que la cosa se animaba, el peregrino imitador, aunque algo chamuscado por el desparpajo del abuelo, invitó a los presentes a una ronda.

- De todos modos - Terció uno de la partida- hemos nacido algo tarde, porque en nuestros tiempos para tentar un poco a una moza había que echar instancia.

- Y eso yendo por lo derecho, en plan formal, con un par de años de noviazgo y no hacías na...

- Hoy en día se vive de otro modo, tú mismo, tú has sido pastor, ¿qué hacías tu de joven?

- Pues poca cosa... - Dijo el aludido, un hombre tan nervudo y viejo que parecía de madera.

- No me digan que ustedes de jóvenes no lo han pasado bien ahí en el río, más de una habrá caído en la chopera esa - Intervino el peregrino imitador.

- En esa chopera lo que me llevé yo una vez fue una hostia de campeonato por intentar pasarme un poco con la que hoy es mi mujer y, como yo, casi todos estos aunque no lo digan.

- Pero, hombre, no me puedo creer que ustedes no disfrutaran en su juventud ... - Insistía el peregrino imitador.

- Dígaselo usté al pastor, que ese ha sio fino pa las mujeres...

- Mia, dijo el pastor, no se hacía na, mas que de vez en cuando s'acercaba alguna un poco valiente por donde andabas y le arreabas cuatro pichurretazos en to el papazo, pero sin malicia, no como ahora...

- Eso que yo ahora vengo muchos días de dar una vuelta y me tengo que esgolver. Vas por donde el río y te encuentras de cada pareja, de cada cuadro... Yo no lo aguanto, me inrito de una manera que me tengo que esgover pal pueblo, os lo juro.

- Y toa la culpa la tienen ellas, que es lo que yo digo. Pero como están desiando, pues eso...

- Si es que las tías son de lo más malo que hay, os lo digo de verdá - Dijo el pastor- Ahora, eso sí, como se encaprichen de ti, son tontuzas, tontuzas perdías. Ya os acordaréis cuando me pilló a mi la guardia civil con la Patri, que andaban los guardias viendo lo del robo de los corderos por las tainas y se llegaron a lo mío. Estaba yo con la Patri dentro y tan a tiempo va el cabo y da una voz desde fuera. Salgo yo disimulando y pensando que la otra se quedaría dentro calladita. Pues nada, que va la tía y, según estoy hablando con el cabo, sale, vestía eso sí, pero con las bragas en la mano como quien lleva el periódico... Hubo cachondeo hasta que los nietos de la Patri fueron a la mili...

La tarde fue pasando y se descubrió que en el pequeño pueblo había materia de que hablar y no fueron precisamente los caminantes los que más contaron.

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