Como
queda dicho, después de los besazos en la Plaza del Obradoiro, Paca y Salva se dieron
cuenta que habían dejado de ser peregrinos. ¿Cómo fue? De repente, con la misma rapidez
que el fairy produce el milagro anti-grasa.

Al final de la cola para recoger la Compostela.
Como ya no éramos peregrinos, sino
mortales comunes, intentamos lo que todo el mundo: entrar en la catedral, poner la mano,
abrazar al Santo... cumplir, en resumen, con los ritos. Logrados éstos, más con la
intención que con los hechos, fuimos en busca de la Compostela. La cola para obtener
ésta era larga, ancha y compacta. Dos horas más tarde llegábamos a la entrada del
portal. Ante la posibilidad que se sometiera a prueba nuestra religiosidad, repasamos el
nombre de nuestra parroquia, el del párroco, el Avemaría, la Salve y el Credo.

Dos horas después en la misma cola.
Media hora después llegamos ante los
presuntos examinadores de peregrinos cumplientes. Para mi sorpresa a mí sólo me pidieron
que escribiera mis datos en un cuadrante y cuando me quise dar cuenta ya tenía en la mano
mi Compostela. A Paca, justo a mi lado, un sacerdote le decía:
- Hija mía, así que vienes de Roncesvalles. Muy duro el
Camino, ¿verdad, hija?.
- Pues no, la verdad es que me lo he pasado muy bien.
(Dijo Paca tan campante.)
Vi por un momento la Compostela de Paca en
el aire. Mi suave patadita en su bota, le hizo recapacitar y, con su mejor semblante, Paca
prosiguió:
-Pero sí, padre, ya que usted lo dice, el Camino, aparte
de rosas, tiene también sus espinas. (¿Dónde he oído yo eso?, pensé para mí.)
- Claro, hija, claro. Ve en paz.
Le largó a Paca su credencial. Paca tras
recogerla aún tuvo presencia de ánimo para pedirle al anciano sacerdote que sellase el
último espacio de su credencial. Espacio que ambos habíamos reservado para Santiago. El
hombre dijo que ya había sellado en el apartado de "cumplió la
peregrinación". Paca no cedió:
- Pero, hombre, si es por estética.
- Ah, si es por estética...
- ¿Me lo podría sellar a mí también?, añadí yo,
animado por la audacia de Paca.
El sello de Paca quedó precioso, el mío
un borrón corrido hecho de cualquier manera. Además, cuando reparé, el nombre de Paca
aparecía en su Compostela con distinguidas y alargadas letras mayúsculas; el mío era un
gurrapato apenas legible. La Iglesia, avanzada como siempre, procura, en la medida de sus
posibilidades, corregir las desigualdades sociales entre el hombre y la mujer. Esto me
consoló.
Como aún estábamos calados nos fuimos a
la habitación que poco antes habíamos apalabrado. Estaba en la calle Jazmines. Nos
cambiamos y adecentamos. Una vez aviados, pusimos nuestros cuerpos a restaurar en
"Prada a tope". El botillo y el tinto mencía hicieron milagros.
El resto de nuestra estancia en Santiago
lo dedicamos a homenajear al Santo a base de jarrearnos con albariño, ribeiro (sólo del
bueno), ribera sacra... Catamos también el pulpo, los mariscos, el pescado, la ternera...
(Muy bien el restaurante Camilo.)
El Santo, viendo que éramos agradecidos,
nos obsequió con unas excelentes digestiones.
¿Fue el Santo parco en su recompensa? De
ningún modo. El Santo tiene la ciudad a tope y bastante es que sigue con su labor y no
deja el asunto en manos de un segundo y se marcha a Mallorca o a Puerto Banús.
Otro tema fue la Misa de Peregrinos. No
importó a nadie que los peregrinos calados por la lluvia esperasen dos horas y media para
obtener sus Compostelas. No importó a nadie que los peregrinos viniesen andando, algunos
con botas sin domar, desde los pericotales de Francia. ¿Cómo le iba a importar a alguien
que estos peregrinos andarines tuvieran sitio o no en la catedral?. Pero claro, hay que
comprenderlo, al Santo vienen a verle personas importantes: reyes, actores, príncipes,
futbolistas, militares, curia, cardenales, obispos (a estos dos últimos grupos no los
distingo muy bien por la vestimenta, ya que últimamente no sigo muy de cerca la moda
vaticana), presidentes de autonomías y, en general, peregrinos en autocar y en coche
particular. De los peregrinos de la vuelta ciclista jacobea nada tengo que decir, pues, a
pesar de triplicar en velocidad a los peregrinos andantes, se les iguala a estos en
consideración: Ni a unos ni a otros se les hace ningún caso. Dan ganas de remediar la
situación haciéndose sitio en la catedral con el bordón de peregrino e invocando al
Santiago Matamoros. Mas son éstas acciones quijotescas que no tienen cabida en nuestros
días y que seguramente serían mal interpretadas por la gente, que no tiene porque saber
de nuestras cuitas. Así pues, los peregrinos andantes que caben en la catedral asisten al
acto desde cualquier rincón. Los más, con la venia del Santo, concelebran en las
tabernas de las proximidades. Eso sí, sin ninguna violencia, con mucha humildad y
dedicación.

Cumplidos todos nuestros objetivos;
curadas todas las ampollas menos una que, caprichos de la humedad, le salió a Paca el
último día; domadas las botas como ya se ha dicho y repetido; secados del agua que nos
cayó encima los últimos días (¿sería una prueba?); homenajeado el Santo como también
se dijo, Paca y yo llegábamos a nuestra casa de Guadalajara el día 9. La noche del 8
habíamos salido para Madrid en el Talgo que dejaba Santiago a las 10,25. Hemos vuelto del
bello Camino con salud y felices. Una vez más las fuerzas del bien han triunfado.
Muchas gracias a todos y a todas por
habernos hecho caso, por haber leído nuestras cartas, por haber disipado nuestros miedos.
Gracias a todos los compañeros de Camino, anónimos unos y con nombre otros que
seguramente jamás volveremos a ver: Todos fueron grandes compañeros. Gracias a Ales que
nos ha puesto, o nos está poniendo, todo lo escrito en el viaje en un enlace de Internet
sólo para nosotros. No merecemos tanto.
Desgraciadamente, el cruce de
comunicaciones, la ausencia de ellas y el no quedar en nada concreto ha hecho que
estuviéramos en Santiago simultáneamente gente que debiéramos haber coincidido. No ha
sido así. Paciencia.
Un cordial saludo y siempre:
¡BUEN CAMINO!
Paca y Salva.
Postdata.- Vemos a uno de los 5 Alpinos
cuando estamos haciendo la cola para la Compostela. Todos han llegado. También lo
hicieron Salo y Miguel, su padre. Vimos también a Alvaro, el de Málaga, a la danesa que
a poco se despeña... Un recuerdo para todos.