Fin

Santiago de Compostela

7/8-Agost-1999

A Santiago 0 Kms.

(Distancia 0 Kms. // Tiempo empleado 2 días)

 

 

 

 

 

Como queda dicho, después de los besazos en la Plaza del Obradoiro, Paca y Salva se dieron cuenta que habían dejado de ser peregrinos. ¿Cómo fue? De repente, con la misma rapidez que el fairy produce el milagro anti-grasa.

La cola de la Compostela.

Al final de la cola para recoger la Compostela.

Como ya no éramos peregrinos, sino mortales comunes, intentamos lo que todo el mundo: entrar en la catedral, poner la mano, abrazar al Santo... cumplir, en resumen, con los ritos. Logrados éstos, más con la intención que con los hechos, fuimos en busca de la Compostela. La cola para obtener ésta era larga, ancha y compacta. Dos horas más tarde llegábamos a la entrada del portal. Ante la posibilidad que se sometiera a prueba nuestra religiosidad, repasamos el nombre de nuestra parroquia, el del párroco, el Avemaría, la Salve y el Credo.

Seguimos en la cola.

Dos horas después en la misma cola.

Media hora después llegamos ante los presuntos examinadores de peregrinos cumplientes. Para mi sorpresa a mí sólo me pidieron que escribiera mis datos en un cuadrante y cuando me quise dar cuenta ya tenía en la mano mi Compostela. A Paca, justo a mi lado, un sacerdote le decía:

- Hija mía, así que vienes de Roncesvalles. Muy duro el Camino, ¿verdad, hija?.

- Pues no, la verdad es que me lo he pasado muy bien. (Dijo Paca tan campante.)

Vi por un momento la Compostela de Paca en el aire. Mi suave patadita en su bota, le hizo recapacitar y, con su mejor semblante, Paca prosiguió:

-Pero sí, padre, ya que usted lo dice, el Camino, aparte de rosas, tiene también sus espinas. (¿Dónde he oído yo eso?, pensé para mí.)

- Claro, hija, claro. Ve en paz.

Le largó a Paca su credencial. Paca tras recogerla aún tuvo presencia de ánimo para pedirle al anciano sacerdote que sellase el último espacio de su credencial. Espacio que ambos habíamos reservado para Santiago. El hombre dijo que ya había sellado en el apartado de "cumplió la peregrinación". Paca no cedió:

- Pero, hombre, si es por estética.

- Ah, si es por estética...

- ¿Me lo podría sellar a mí también?, añadí yo, animado por la audacia de Paca.

El sello de Paca quedó precioso, el mío un borrón corrido hecho de cualquier manera. Además, cuando reparé, el nombre de Paca aparecía en su Compostela con distinguidas y alargadas letras mayúsculas; el mío era un gurrapato apenas legible. La Iglesia, avanzada como siempre, procura, en la medida de sus posibilidades, corregir las desigualdades sociales entre el hombre y la mujer. Esto me consoló.

Como aún estábamos calados nos fuimos a la habitación que poco antes habíamos apalabrado. Estaba en la calle Jazmines. Nos cambiamos y adecentamos. Una vez aviados, pusimos nuestros cuerpos a restaurar en "Prada a tope". El botillo y el tinto mencía hicieron milagros.

El resto de nuestra estancia en Santiago lo dedicamos a homenajear al Santo a base de jarrearnos con albariño, ribeiro (sólo del bueno), ribera sacra... Catamos también el pulpo, los mariscos, el pescado, la ternera... (Muy bien el restaurante Camilo.)

El Santo, viendo que éramos agradecidos, nos obsequió con unas excelentes digestiones.

¿Fue el Santo parco en su recompensa? De ningún modo. El Santo tiene la ciudad a tope y bastante es que sigue con su labor y no deja el asunto en manos de un segundo y se marcha a Mallorca o a Puerto Banús.

Otro tema fue la Misa de Peregrinos. No importó a nadie que los peregrinos calados por la lluvia esperasen dos horas y media para obtener sus Compostelas. No importó a nadie que los peregrinos viniesen andando, algunos con botas sin domar, desde los pericotales de Francia. ¿Cómo le iba a importar a alguien que estos peregrinos andarines tuvieran sitio o no en la catedral?. Pero claro, hay que comprenderlo, al Santo vienen a verle personas importantes: reyes, actores, príncipes, futbolistas, militares, curia, cardenales, obispos (a estos dos últimos grupos no los distingo muy bien por la vestimenta, ya que últimamente no sigo muy de cerca la moda vaticana), presidentes de autonomías y, en general, peregrinos en autocar y en coche particular. De los peregrinos de la vuelta ciclista jacobea nada tengo que decir, pues, a pesar de triplicar en velocidad a los peregrinos andantes, se les iguala a estos en consideración: Ni a unos ni a otros se les hace ningún caso. Dan ganas de remediar la situación haciéndose sitio en la catedral con el bordón de peregrino e invocando al Santiago Matamoros. Mas son éstas acciones quijotescas que no tienen cabida en nuestros días y que seguramente serían mal interpretadas por la gente, que no tiene porque saber de nuestras cuitas. Así pues, los peregrinos andantes que caben en la catedral asisten al acto desde cualquier rincón. Los más, con la venia del Santo, concelebran en las tabernas de las proximidades. Eso sí, sin ninguna violencia, con mucha humildad y dedicación.

Cumplidos y tan contentos.

Cumplidos todos nuestros objetivos; curadas todas las ampollas menos una que, caprichos de la humedad, le salió a Paca el último día; domadas las botas como ya se ha dicho y repetido; secados del agua que nos cayó encima los últimos días (¿sería una prueba?); homenajeado el Santo como también se dijo, Paca y yo llegábamos a nuestra casa de Guadalajara el día 9. La noche del 8 habíamos salido para Madrid en el Talgo que dejaba Santiago a las 10,25. Hemos vuelto del bello Camino con salud y felices. Una vez más las fuerzas del bien han triunfado.

Muchas gracias a todos y a todas por habernos hecho caso, por haber leído nuestras cartas, por haber disipado nuestros miedos. Gracias a todos los compañeros de Camino, anónimos unos y con nombre otros que seguramente jamás volveremos a ver: Todos fueron grandes compañeros. Gracias a Ales que nos ha puesto, o nos está poniendo, todo lo escrito en el viaje en un enlace de Internet sólo para nosotros. No merecemos tanto.

Desgraciadamente, el cruce de comunicaciones, la ausencia de ellas y el no quedar en nada concreto ha hecho que estuviéramos en Santiago simultáneamente gente que debiéramos haber coincidido. No ha sido así. Paciencia.

Un cordial saludo y siempre:

¡BUEN CAMINO!

Paca y Salva.

Postdata.- Vemos a uno de los 5 Alpinos cuando estamos haciendo la cola para la Compostela. Todos han llegado. También lo hicieron Salo y Miguel, su padre. Vimos también a Alvaro, el de Málaga, a la danesa que a poco se despeña... Un recuerdo para todos.