Como
no cesaba de llover, no había prisa por salir. A las 8, en medio de la lluvia, decidimos
marcharnos.

Hacia Arca, cuando escampó.
Desayunamos, pasados por agua, en Arzúa.
El Camino, muy bonito. La lluvia y el barro también tienen su encanto. Estamos muy
cansados, fundamentalmente, no del Camino, sino de no poder descansar. En Arca directos al
refugio. Varios de los de coche de apoyo y alguno que otro más que no eran caminantes con
mochila intentaron infiltrarse. Entre un gallego de Vigo, Paca y yo, montamos tal
"pifostio" que por poco llaman a la Guardia Civil. No hizo falta la aparición
de la hospitalera, más de 16 de estos individuos, al ver nuestra determinación, optaron
por marcharse antes de que se abriera el refugio. El viejo truco de traer las mochilas en
una furgoneta y ponerlas a la cola no funcionó ese día. Si los hospitaleros
"pasan" o no pueden controlar, ya va siendo hora de que los que caminamos con
nuestra mochila al hombro entremos en acción.

Cola para entrar en el refugio de Arca.
Paca y yo, en este momento, estamos muy
cansados y, sobre todo, muy quemados con la organización del Camino en Galicia.
¡Qué alegría, mañana en Santiago!. No
nos lo creemos.
(Desde Arca llamamos a Ales un montón de
veces, su móvil estaba fuera de servicio.)
Etapa 29
Etapa 30