Etapa 27

Ferreiros-Palas de Rei

4-Agosto-1999

A Santiago 101 Kms.

(Distancia 33 Kms. // Tiempo empleado 8 horas y 15 minutos)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Toda la noche estuvo lloviendo. Amaneció lloviendo. Paca y yo dejamos Ferreiros con el paisaje de Galicia que todos tenemos en mente: lluvia fina, niebla y prados. Eran las 7 de la mañana. Curiosamente no vemos a casi ningún peregrino hasta Puerto Marín. Sólo un extranjero, con un impermeable atado a la cintura con una cuerda, un gran macuto y un rosario de gruesas cuentas de madera, nos adelanta.

-"Hola, no se ve a nadie en el Camino."

-(Silencio)

-"There are no people in the way."

-"Yes."

-"Probably because it is raining."

-"Yes."

El hermético peregrino, dando grandes zancadas, desaparece en la niebla con su rosario, sin mirarnos siquiera.

Paca me dice, toda seria:

-"¡Qué gusto da saber idiomas!"

(Para matarla.)

Sube al pueblo, hombre, no pases de largo.

Puerto Marín

En Puerto Marín deja de llover y se anima de nuevo el espectáculo. Los sin mochila, los traslados en coche, los de los autobuses... unos actuando según lo previsto y otros intentando engañarse a sí mismos (cosa fácil por otro lado).

En Castromaior han abierto un bar. Paca y yo nos homenajeamos con una cerveza. La mayor parte de la gente bebe Acuarius. A nosotros siempre nos ha ido más la bebida tipo "Vinarius". Pero para gustos se hicieron los colores.

Andando como fieras llegamos a Palas de Rei. Ales llevaba razón. He notado algo en las botas: se están rajando. Deben ser de la misma hornada que aquellas que rompí en el entrenamiento. Ales me vaticinó que se romperían casi con toda seguridad. Bueno, para ser más exacto, me dijo que no subiría con ellas el Cebreiro. Casi ha acertado, ¡qué conocimiento!. Tengo que llegar con ellas a Santiago sea como sea.

Palas de Rei, a tope. A Paca y a mí, por proceder de Roncesvalles, nos conceden una cama en el refugio. ¡Una cama para los dos!. Como es la litera de arriba Paca dice que ella allí no duerme, que prefiere dormir en el suelo con mi esterilla y la suya. Así nos apañamos. Nos dicen que el polideportivo está a rebosar y que en el campamento -Kosovo fashion- tampoco quedan muchas plazas. Preferimos quedarnos en el pueblo, pues el polideportivo y el campamento están a un kilómetro. Intentamos encontrar alguna cama en los establecimientos hosteleros o en casas particulares. Fracasamos.

Galicia se está convirtiendo para nosotros en un quemar etapas. Lástima no poder disfrutar de este hermoso país.

En Palas de Rei coincidimos con Marisa y su padre de nuevo. Marisa le dejó a Paca su esterilla, con lo que durmió como una reina con tres esterillas debajo.

Nuestro vecino de litera nos avisa: "Yo ronco mucho". Es un hombre que se duerme en cuanto se tumba. Tiene un dormir pesado y, efectivamente, es el roncador más constante y pertinaz de cuantos en el Camino hemos conocido. El Camino es cantera de grandes roncadores por lo tanto la afirmación anterior tiene más peso del que parece. Nada le inmuta, nada le altera, nada le molesta. Se intentan todos los métodos conocidos para hacerle callar. Misión imposible. Nos aburre a ronquidos, yo creo que nos duerme a ronquidos. A la mañana siguiente se despierta el último, sordo a todo el ruido que se prepara por la mañana, insensible a las luces encendidas, inmune a que le echen mochilas encima. Nada le molesta. Enseguida me pregunta:

-"¿He roncado?"

Hay un murmullo de cachondeo en la habitación.

-"Nada, en absoluto.", contesto con ironía.

-"Pues entonces, has roncado tú, porque no he parado de oír ronquidos toda la noche", me dice, para mi sorpresa, totalmente convencido.

Las risas estallan sin disimulo. En este momento interviene el padre de Marisa que pregunta al hombre:

-"¿Pero hombre, a usted, quien le ha dicho que ronca?

-"¡Coño, mi mujer no para de decírmelo!", responde el hombre.

-"¡Pues hágale usted caso, hágaselo!", sentencia el gallego, con el tono y la seguridad del que afirma una verdad universal.

Etapa 27 Adelante Etapa 28