Toda
la noche estuvo lloviendo. Amaneció lloviendo. Paca y yo dejamos Ferreiros con el paisaje
de Galicia que todos tenemos en mente: lluvia fina, niebla y prados. Eran las 7 de la
mañana. Curiosamente no vemos a casi ningún peregrino hasta Puerto Marín. Sólo un
extranjero, con un impermeable atado a la cintura con una cuerda, un gran macuto y un
rosario de gruesas cuentas de madera, nos adelanta.
-"Hola, no se ve a nadie en el
Camino."
-(Silencio)
-"There are no people in the
way."
-"Yes."
-"Probably because it is
raining."
-"Yes."
El hermético peregrino, dando grandes
zancadas, desaparece en la niebla con su rosario, sin mirarnos siquiera.
Paca me dice, toda seria:
-"¡Qué gusto da saber
idiomas!"
(Para matarla.)

Puerto Marín
En Puerto Marín deja de llover y se anima
de nuevo el espectáculo. Los sin mochila, los traslados en coche, los de los autobuses...
unos actuando según lo previsto y otros intentando engañarse a sí mismos (cosa fácil
por otro lado).
En Castromaior han abierto un bar. Paca y
yo nos homenajeamos con una cerveza. La mayor parte de la gente bebe Acuarius. A nosotros
siempre nos ha ido más la bebida tipo "Vinarius". Pero para gustos se hicieron
los colores.
Andando como fieras llegamos a Palas de
Rei. Ales llevaba razón. He notado algo en las botas: se están rajando. Deben ser de la
misma hornada que aquellas que rompí en el entrenamiento. Ales me vaticinó que se
romperían casi con toda seguridad. Bueno, para ser más exacto, me dijo que no subiría
con ellas el Cebreiro. Casi ha acertado, ¡qué conocimiento!. Tengo que llegar con ellas
a Santiago sea como sea.
Palas de Rei,
a tope. A Paca y a mí, por proceder de Roncesvalles, nos conceden una cama en el refugio.
¡Una cama para los dos!. Como es la litera de arriba Paca dice que ella allí no duerme,
que prefiere dormir en el suelo con mi esterilla y la suya. Así nos apañamos. Nos dicen
que el polideportivo está a rebosar y que en el campamento -Kosovo fashion- tampoco
quedan muchas plazas. Preferimos quedarnos en el pueblo, pues el polideportivo y el
campamento están a un kilómetro. Intentamos encontrar alguna cama en los
establecimientos hosteleros o en casas particulares. Fracasamos.
Galicia se está convirtiendo para
nosotros en un quemar etapas. Lástima no poder disfrutar de este hermoso país.
En Palas de Rei coincidimos con Marisa y
su padre de nuevo. Marisa le dejó a Paca su esterilla, con lo que durmió como una reina
con tres esterillas debajo.
Nuestro vecino de litera nos avisa:
"Yo ronco mucho". Es un hombre que se duerme en cuanto se tumba. Tiene un dormir
pesado y, efectivamente, es el roncador más constante y pertinaz de cuantos en el Camino
hemos conocido. El Camino es cantera de grandes roncadores por lo tanto la afirmación
anterior tiene más peso del que parece. Nada le inmuta, nada le altera, nada le molesta.
Se intentan todos los métodos conocidos para hacerle callar. Misión imposible. Nos
aburre a ronquidos, yo creo que nos duerme a ronquidos. A la mañana siguiente se
despierta el último, sordo a todo el ruido que se prepara por la mañana, insensible a
las luces encendidas, inmune a que le echen mochilas encima. Nada le molesta. Enseguida me
pregunta:
-"¿He roncado?"
Hay un murmullo de cachondeo en la
habitación.
-"Nada, en absoluto.", contesto
con ironía.
-"Pues entonces, has roncado tú,
porque no he parado de oír ronquidos toda la noche", me dice, para mi sorpresa,
totalmente convencido.
Las risas estallan sin disimulo. En este
momento interviene el padre de Marisa que pregunta al hombre:
-"¿Pero hombre, a usted, quien le ha
dicho que ronca?
-"¡Coño, mi mujer no para de
decírmelo!", responde el hombre.
-"¡Pues hágale usted caso,
hágaselo!", sentencia el gallego, con el tono y la seguridad del que afirma una
verdad universal.
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