|
Triacastela
estaba llena de gente la noche del 2 de Agosto. Todos somos caminantes, pseudocaminantes,
conductores de coches de apoyo, vividores, jinetes, gente de vacaciones o turistas a
secas.
Son las siete menos cinco de la mañana
cuando Paca y yo salimos de Triacastela. De allí salen dos caminos a Sarria: El de Samos,
más monacal; el de San Xil, más montaraz y auténtico, según dicen. Paca y yo, ya es
sabido, al monte.
Las primeras rampas hacia San Xil sin
peregrinos, sin coches, sólo con el canto del ruiseñor. Paca y yo pensamos que nos hemos
equivocado de camino. No es posible tanta paz. Los prados se suceden ascendiendo.
Incríble. El ruiseñor persevera sin interrupción y nadie, no aparece nadie. ¿Acaso
habrá habido esta noche un ángel exterminador de peregrinos que sólo perdonó la vida a
quienes remataron la cena con copas de Chinchón dulce?.
Al poco tiempo un ruido lejano, no tan
lejano, ya se acerca: Un Nissan Patrol de la Benemérita. Nos rebasa y, al rato, vuelve
hacia abajo despacio. Nos cruzamos y se pierde carretera abajo en busca, sin duda, de
menesterosos a los que auxiliar. Paca y yo no hemos merecido su atención, debemos
parecerles peregrinos de confianza.
A lo largo del bellísimo y antiguo camino
hacia Sarria, Paca y yo, amén de disfrutar de los parajes, no podemos dejar de comparar
esta parte de Galicia, atravesada por el Camino, con la parte homóloga de Navarra antes
de llegar a Pamplona y aún después. Las dos comunidades son montañosas, las dos
húmedas, las dos ganaderas. ¿Por qué a Navarra se le ve tan rica, tan opulenta? ¿Por
qué a Galicia tan pobre, abandonada y hasta casi resignada?.
No sé si tendrá que ver con esto pero,
al atravesar León, a veces se leen pintadas: "León solo, sin Castilla"; poco
después, "El Bierzo solo, sin Leon"; por último, "Los Ancares solos, sin
el Bierzo"... Estos gallegos nada dicen pero, para mí, sí que están solos y
abandonados a su suerte. Don Manuel Fraga (El tío Fraga que decía mi abuela, algo roja
ella) tiene aquí mucho tajo por hacer. No hay derecho a ver lo que se ve en esta parte de
Galicia: miseria, suciedad, dejación, aislamiento... y todo ello en una zona por la que
pasa el Camino de Santiago, "itinerario cultural europeo", y en un año Jacobeo.
El último del milenio según dicen.
La gente de San Xil, Calvor y los
caseríos de entremedias devuelve los buenos días a quien se los da y ven pasar a los
peregrinos. Los peregrinos, aunque quieran, no pueden parar ni gastar en parte alguna,
sólo un pequeño quiosco les ofrece algo en Furela.
Paca y yo desayunamos en Sarria. Aquí
vuelven a confluir los caminos. ¿Qué ha ocurrido?. De venir casi solos por San Xil
pasamos a lo contrario al llegar a Sarria. Esto ya no es una peregrinación ni tampoco una
romería, es lo más parecido a una manifestación de los antiguos primeros de mayo. Paca
y yo tememos que en cualquier momento los antidisturbios tengan que controlar la marcha
para evitar que degenere en protestas incontroladas. Por cierto, no son muchos
kilómetros, pero hubiera sido bueno que nuestro rey, nuestro príncipe y, el no menos
nuestro, Don Manuel Fraga hubieran elegido el trayecto entre Sarria y Ferreiros para hacer
su etapa simbólica del Camino, la que hacen cada año acompañados por periodistas y
personalidades. O Xacobeo hermanado con el Tercer Mundo. Pero vamos a dejar este asunto
tan penoso.
El frente del refugio de Barbadelo, a eso
de las 12 de la mañana, tenía el aspecto del Orfeón Donostiarra en pleno dispuesto a
atacar Maitechu mía a golpe de mochila. Tal era la cantidad de gente que, ordenadamente,
hacía cola para entrar. Ya no había sitio.
Paca y yo pensábamos acabar nuestra
caminata de hoy en Barbadelo pero, cuando pasamos a la casa de turismo rural "Casa
Nova de Rente", la dueña, tras hacernos esperar un rato y calibrar nuestra catadura,
nos dijo que no le quedaba nada libre. Nosotros le dijimos que nos conformábamos con
dormir en el suelo, en el sitio que ella dijera, y que además los dos comeríamos y
cenaríamos en la casa. Ella dijo que no podía ser. Dimos las gracias y nos fuimos. Al
minuto regresé a pedir que nos llenasen una cantimplora de agua. A pesar de tener un
grifo al lado, la mujer que me atendió, me dijo: "Tiene una fuente en el
camino". "Gracias, señora". Que las Santas Espinas aumenten la caridad,
pensé para mí. Al cuarto de hora apareció la fuente.
El Camino, cada vez más, es un
espectáculo: Gente reventada que anda botando sobre sus propias ampollas; adolescentes
con mochilas que, según ellos y ellas, pesan 20 Kgs.; domingueros con bordón y ropa
elegante que protestan del olor a mierda de vaca; escapados de la vuelta ciclista jacobea
que se obcecan en pasar por las trochas de las vacas sin bajarse de las bicis, sin
desnucar a ningún caminante y sin partir el cuadro de sus máquinas; jóvenes scouts que
cantan en graciosos coros: "Conga, conga, me gusta la milonga, la mano en la cabeza,
la otra en el culito, que baile el peregrino..."; serios caballeros que repropian el
comportamiento de las scouts: "Señoritas que esto es una peregrinación y no el
Carnaval de Río..."; damas con bordón en forma de cruz que rezan el rosario... y
Paca y yo ahí, en mitad de este cirio.
Encontramos al peregrino de Cádiz, el que
admira nuestro modo de caminar, nos saludamos, tomamos un bocado con él y caminamos un
rato juntos. Luego le dejamos con otros de León.
En Ferreiros comemos cuando el pobre
hostelero nos pudo dar de comer (serían las 4) y lo que el hombre nos puedo ofrecer. No
estaba preparado para la "manifestación". Alquilamos una tienda de campaña
frente al refugio y menos mal que conseguimos esto. El refugio estaba hasta la bandera,
ocupado por todo tipo de gente. Tontería quejarse, aquí no controla nadie. El Jalón por
la vega. El otro bar de Ferreiros, el que está más adelante, bajando la cuesta y cerca
del cementerio, deja dormir dentro en colchonetas. Ya estaba completo.

(Ferreiros) ...alquilamos una tienda de campaña frente al
refugio...
A las 5 de la tarde, Paca y yo estamos
echándonos la siesta en nuestra tienda cuando siete, señores, siete caballeros (en sus
caballos) procedentes de San Lúcar de Barrameda y Jerez de la Frontera hacen su
aparición. Copa en mano, puro en boca, móvil en oreja los jinetes saludan a todo el
mundo. ¡Son demócratas, menos mal!. Llevan un criado que, desde un todo terreno
matrícula de Cádiz, les atiende, les sirve copas y les proporciona todo cuanto
necesitan. Se toman otras copas.
-"¡Tómate una copa tú, Juan, que
aquí tos somos iguales, joder!", le dicen al del todo terreno.
Dicen estar "eztenuaoz". Juran
llevar dos meses a caballo. Cantan, siempre desde sus caballos, una salve rociera. Se
toman otras copas. Dan vivas a San Lúcar de Barrameda y a Jerez de la Frontera.
Finalmente se van en fila, despacio, con las copas en la mano. Se nota que no querían
llamar la atención.

(Ferreiros) Caballeros jerezanos con su coche de apoyo.
Cenamos en el bar de abajo, el que está
junto al cementerio. Una chiquilla en edad escolar nos atiende. Nos pregunta si nos gusta
la comida, nos dice si queremos más vino,... La chiquilla no puede ser más amable. Nos
cuenta que hay lobos, pero que, sólo algunas veces, salen por los caminos, te miran,
desaparecen, vuelven a aparecer, te miran y luego se van y ya no los ves más.
Etapa 26 Etapa 27 |