Con
los maragatos golpeando 6 veces la campana del Ayuntamiento dejamos el hostal La Peseta.
Es aún de noche y cruzamos Astorga en solitario. Sólo la Pepi, una peregrina francesa,
aparece a sacar algo de comer de una máquina automática que hay en la calle. ¡Oye, qué
oportuna!.

Adiós a la catedral de Astorga.
Caminamos despacio, saboreando cada paso,
cada calle, el fantasma de Gaudí, la catedral, la Calle de la Judería, la del poeta
Leopoldo Panero ("Nací en Astorga el novecientos nueve y allí quiero dormir en mi
remanso familiar, a dos metros de la nieve").
Dejamos Astorga y, poco a poco, los
músculos, los pies y las ampollas van cogiendo la temperatura de crucero. El andar,
entonces, se hace agradable.
Al poco, un coche para a nuestro lado:
-"¡En Murias tendrán un bar abierto
para desayunar, voy a abrirlo ahora mismo!", dice a los peregrinos un hombre
corpulento de unos 60 años que va acompañado por quien parece su esposa.
Paca y yo, agradecidos, desayunamos en
Murias de Rechivaldo. Luego continuamos por el andadero.
Los andaderos de esta zona van siempre
junto a un camino de tierra roja y, algunas veces, junto a dos. Cuando se hacen obras
públicas innecesarias se hace siempre, como mínimo, el ridículo. No obstante, creo que
existe algún término jurídico que define mejor estas actuaciones.
El andadero deja fuera del Camino al bello
pueblo de Castrillo de Polvazares. Una pena.
A la entrada de Santa Catalina de Somoza
alguien se ha molestado en pintar flechas amarillas en todas direcciones y, suponemos que
el mismo gracioso, ha hecho una gran pintada demostrativa de su originalidad, imaginación
y talento: "COMEME EL PENE (EREcTO)", la "c" de erecto añadida con
posterioridad. Por las trazas, se ve que al autor le gusta puntualizar.

Un tranquilo rincón a la salida de El Ganso.
En El Ganso nos detenemos a tomar un
refresco donde el Cow-boy. Allí saludamos a un par de caminantes conocidos y conocemos a
otro de 114 kilos que salió de Roncesvalles cuatro días antes que nosotros y que jura
que jamás volverá a hacer el Camino a pie. El hombre se encuentra fatal.
Al salir del Ganso una señora nos dice:
-"¡Qué el Santo Apóstol San
Santiago les permita llegar con bien y les proteja!".
Justo en ese momento un individuo en coche
atraviesa el pueblo como si estuviera en Indianápolis. Casi nos lleva por delante.
-"¡Qué el Apóstol le oiga,
señora!" "¡Hay que joderse, qué tarugos!"
Bruscamente llega el bosque y se acaba el
andadero. Hay que avanzar carretera adelante. Muy pocos peregrinos en este tramo.
Poco después de las 11 llegamos a Rabanal
del Camino. Nueve o diez peregrinos aguardan a que se abra el Refugio (se abre a la una).
Paca y yo nos vamos al Hostal El Refugio, justo frente a la iglesia. ¿Quién dijo que no
había una cama libre en el Camino?. Hasta ahora estamos encontrando en todas partes,
tanto en refugios como en fondas, hostales y hoteles.

Rabanal del Camino.
El hostal es el único sitio del pueblo
donde se puede comer. Tiene una especie de autoservicio con cinco o seis primeros platos y
otros tantos segundos. Hay otro hostal, La Cruz del Ferro, pero ha empezado a funcionar
hace poco y sólo tiene habitaciones.
En Rabanal comemos con Víctor y su mujer,
Carmen. Ella es encantadora, pero está molida. Es su primera etapa, pues han salido de
Astorga. Tiene en cada pie unas ampollas como monedas de veinte duros de los de antes.
Los pies cada vez están más cansados.
Las piernas tienen reservado un dolor distinto para cada día, además de los ya
conocidos. Es increíble. La siesta ya no es un ritual breve, sino una obligada
reparación de fuerzas de 3 ó 4 horas... y dicen, los que han salido de León, que no
pueden más...
En Rabanal, a última hora, han cerrado
algunas calles y no se puede aparcar. Parece que la película sobre el peregrino tendrá
mañana aquí parte de su rodaje.
Cenamos solos y, después de cenar, nos
juntamos con Víctor, con el gaditano que nos tiene como modelo de andarines y con Luz la
peregrina del bordón rematado en cruz con la bandera de España. Tomamos juntos una copa.
Luz nos dice que lo deja, pues se le han acabado los días de permiso. El gaditano se
retira pronto a dormir. Víctor, cuando nos quedamos solos, nos dice que su mujer no
podrá continuar al día siguiente y que le van a dejar un coche para bajarla a
Molinaseca.
Víctor nos cuenta que se dedica a montar
empresas o a hacer viables empresas en quiebra. Poco a poco monopoliza la conversación,
nos asegura que las personas que le conocen ya no dejan de necesitarle e incluso que las
mujeres quedan emocionalmente dependientes de él... Paca y yo viendo el cariz que toma la
conversación nos retiramos, diplomáticamente, a dormir. Cuando llegamos a nuestra
habitación comienzan las risotadas:
-"¿Por qué se nos tienen que pegar
todos los piraos del Camino?", dice Paca.
-"Porque en cuanto nos conocen
dependen emocionalmente de nosotros.", le aseguro yo.
Mañana esperamos alcanzar la mítica Cruz
del Ferro. Allí dejaremos dos piedras de pedernal que hemos traído de Guadalajara.
¡Qué la bajada hasta Ponferrada nos sea llevadera!.
Etapa 21
Etapa 22