A
las 6 y pocos minutos abandonamos este oasis que Marisa Pérez defiende en medio del
Páramo. Seguimos la pista de tierra hasta Sahagún. La mañana está suspensa, amanece
pero no se mueve una paja. Presagiamos un día muy caluroso. No vemos a nadie en el
Camino.
Pocos kilómetros antes de Sahagún hay un
coche grande parado en el Camino. Cuando llegamos a su altura vemos, dentro de él, como
un hombre y una mujer, ambos desnudos, saludan al nuevo día a su modo, sin reparar en el
paso de los peregrinos. ¡Sí señor, eso es dedicación! ¡Hay que estar a lo que se
está!.

Atravesando Castilla, por los "andaderos".
Desayunamos en Sahagún y visitamos sus
bellas iglesias. A la salida del pueblo tomamos el andadero. El calor ya se nota bastante.
Los seis caminantes mal contados que avanzamos por el andadero nos vemos superados por la
"Vuelta Ciclista Jacobea" de cada día. La carreterilla que va al lado del
andadero a veces se vuelve camino y, ni en un caso ni en otro, está transitada. Sin
embargo a los ciclistas les gusta más ir por el andadero.
A la una llegamos al Burgo Ranero. Hace
mucho calor. La gente está saliendo de misa. Vamos a sellar al refugio, donde hay un
ordenador (uno más) que no funciona. En el refugio un peregrino de Cádiz nos dice que
nos conoce, que fue detrás de nosotros más de una hora antes de llegar a Calzadilla y
que no consiguió alcanzarnos. Dice que andamos muy bien, de modo uniforme y sin mover el
cuerpo. Paca y yo, agradecidos de que alguien aprecie nuestros méritos de caminantes,
damos las gracias y nos sentimos peregrinos ejemplares.
No aparece el hospitalero, por lo que nos
sellamos nosotros mismos y nos vamos a buscar alojamiento en la Fonda Lozano. Comemos en
el Bar El Peregrino. Siesta obligatoria.
A la tarde, Doña Mercedes, la dueña de
la Fonda Lozano, nos cuenta historias de peregrinos. Es especialmente emocionante la
historia del peregrino Manuel, que hizo la peregrinación en 1993 con tres compañeros.
Hicieron la promesa de repetirla este año. Manuel no la hará, pues ha muerto. De los
otros dos, Doña Mercedes espera a uno que le ha prometido venir a verla. Se nota que
Doña Mercedes es una experta en caminantes. Poco a poco notamos la gran cantidad de
recuerdos de los peregrinos que esta mujer posee. Se ve que los revisa y relee con
nostalgia. Doña Mercedes es un hito más en este Camino.

La iglesia de El Burgo Ranero, por la derecha al refugio.
Damos una vuelta por el pueblo, tomamos un
vino con Marisa y su padre y cenamos donde comimos, pues no hay otro sitio donde hacerlo.
Vemos a un peregrino mayor y delgado que antes iba con otro más joven y grueso que decía
ser actor. El peregrino mayor ya va solo, su compañero ha tenido problemas con unas
ampollas infectadas. Al peregrino mayor le habíamos visto por primera vez en el bar de
Hornillos, iba en compañía de su amigo y pasaron la tarde riendo y bebiendo. Ahora al
peregrino mayor se le nota algo triste.
Paca y yo no sabemos qué hacer, pues
llegar hasta León mañana nos asusta. Ya veremos lo que pasa.
Etapa 17
Etapa 18