Etapa 14

Castrojeriz-Fromista

22-Julio-1999

A Santiago 449 Kms.

(Distancia 25 Kms. // Tiempo empleado 5 horas y 40 minutos)

 

No conseguimos conocer al famoso Resti, hospitalero de Castrojeriz. Pero, para información general, allí no había ordenador y, por supuesto, tampoco lo había en Hornillos.

Salimos de Castrojeriz a las 6 y 20 de la mañana. Antes desayunamos en "El Lagar", un bar, enfrente del refugio, que tiene el detalle de abrir a las 5 y media de la mañana para que los peregrinos, caminantes y demás especies (que de todo hay a estas alturas del Camino) desayunen caliente. Paca y yo lo agradecemos, pues son muy pocos los hosteleros madrugadores.

...para desayunar: subir la cuesta de Mostelares.

Allá lejos, la cuesta de Mostelares. Ahí, enfrente, el Camino.

Lentamente abandonamos el pueblo y, mientras amanece, subimos la cuesta de Mostelares, coronada por un monolito que la Junta de Castilla-León puso allí en 1989. Al poco y tras echar un trago en la fuente del Piojo, donde nos encontramos a la abuelilla peregrina francesa, llegamos al refugio de San Nicolás, antigua ermita. Allí saludamos al hospitalero y nos hacemos una foto antes de abandonar la provincia de Burgos. Cruzamos el Pisuerga y ya estamos en Palencia.

...y dicen que Castilla no tiene encanto.

Refugio de San Nicolás y... el Camino.

En Itero de la Vega hay un café abierto. Sellan credenciales. Entramos y, ¡oh, maravilla!, está lleno de peregrinos. Algunos, pocos, son conocidos caminantes; otros, la mayor parte, son gente a la que jamás hemos visto caminar pero a la que vemos habitualmente en los bares y puntos donde sellan credenciales. ¿Habrán descubierto estos últimos cómo dar saltos en el espacio? ¿Habrá un camino paralelo y mágico que permita a los cuerpos cambiar de situación a voluntad? ¿En qué bares y tomando qué pócimas podrá esto llevarse a cabo? ¿Lo sabrá Paulo Coelho?.

Hablando de brasileños, ¿a quién encontramos al llegar a Boadilla, junto a una fuente?. Exacto, al brasileño luchador de sumo y a su mucama. Sin comentarios.

Boadilla del Camino tiene un bonito rollo gótico, también un refugio particular y nuevo llamado "En el Camino". Este albergue o refugio está frente al rollo y las flechas amarillas te llevan a él quieras o no.

Después de tomar un café en el albergue, Paca y yo descubrimos que el Camino no pasaba por allí, ya que tenemos que desandar la entrada al pueblo por otro lado para volver a él. ¿Quién controla el uso de las flechas amarillas?. Lo suyo hubiese sido indicar el albergue pero no obligar a llegar hasta él. No debieran permitirse estos, a nuestro entender, abusos.

Llegamos al Canal de Castilla. El Camino, paralelo al Canal, nos conduce a Frómista. ¡Qué obras tan desaprovechadas!, comentamos, mientras varios pelotones de la "Vuelta Ciclista Jacobea" nos adelantan. Estos ciclistas van seguidos por sus coches de apoyo que, al menos hasta ahora, no anuncian la Coca-Cola.

Al desviarnos hacia Frómista, a la entrada del pueblo, vamos junto a Fernando, Javier y el comandante Pepe.

...en Castilla, por cierto.

Iglesia de San Martín, en Frómista. ¿Hay quien dé más?

Son las 12 cuando llegamos a Frómista. Allí nos acoge la bellísima iglesia de San Martín. En su interior hay una suave penumbra; fuera, el sol te revienta las pupilas a fuerza de contraerlas.

Un autocar para junto a la iglesia. Sus ocupantes son ciegos. Cada uno, con su bastón blanco y un acompañante, entra a la iglesia. ¿Qué sentirán los ciegos dentro de esta iglesia?. Algo han de notar cuando les traen. Pienso, no sé por qué, que todos somos ciegos en el vientre de nuestra madre.

En la iglesia nos sellan las credenciales. Nos alojamos enfrente, en el hotel San Martín. En el restaurante del hotel comemos cuatro "supervivientes", que seguimos juntos, de los caminantes que el día 9 de Julio salimos de Roncesvalles más uno que, viniendo de Jaca, se nos unió en Puente La Reina: Fernando, un zaragozano de treinta y tantos años que trabaja en Calanda; Javier, el de Ronda, de la misma edad que Fernando, es el peregrino más religioso de cuantos hemos conocido; Pepe, de Valladolid, un comandante de 61 años que está en la reserva (es el que viene de Jaca); Paca y yo.

Todos brindamos por llegar a Santiago, casi sería mejor decir que lo pedimos con humildad. En el Camino no se puede hacer alardes. Hoy estás bien y mañana por la tarde puedes estar camino de tu casa.

A la noche Paca y yo, por recomendación del comandante Pepe, nos vamos a cenar en solitario a un restaurante bueno y un poco elitista, donde la camarera nos atiende con una chispa de desdén. A la camarera no le debemos parecer clientes a la altura del establecimiento, donde un busto dedicado de D. Juan Carlos, nuestro buen rey, preside la chimenea. El lugar se llama Hostería de los Palmeros y Paca y yo cenamos, aparte de solos, un poco envarados y hablando en voz baja. ¿Me explico?. Muy caro, claro.

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