No
conseguimos conocer al famoso Resti, hospitalero de Castrojeriz. Pero, para información
general, allí no había ordenador y, por supuesto, tampoco lo había en Hornillos.
Salimos de Castrojeriz a las 6 y 20 de la
mañana. Antes desayunamos en "El Lagar", un bar, enfrente del refugio, que
tiene el detalle de abrir a las 5 y media de la mañana para que los peregrinos,
caminantes y demás especies (que de todo hay a estas alturas del Camino) desayunen
caliente. Paca y yo lo agradecemos, pues son muy pocos los hosteleros madrugadores.

Allá lejos, la cuesta de Mostelares. Ahí, enfrente, el
Camino.
Lentamente abandonamos el pueblo y,
mientras amanece, subimos la cuesta de Mostelares, coronada por un monolito que la Junta
de Castilla-León puso allí en 1989. Al poco y tras echar un trago en la fuente del
Piojo, donde nos encontramos a la abuelilla peregrina francesa, llegamos al refugio de San
Nicolás, antigua ermita. Allí saludamos al hospitalero y nos hacemos una foto antes de
abandonar la provincia de Burgos. Cruzamos el Pisuerga y ya estamos en Palencia.

Refugio de San Nicolás y... el Camino.
En Itero de la Vega hay un café abierto.
Sellan credenciales. Entramos y, ¡oh, maravilla!, está lleno de peregrinos. Algunos,
pocos, son conocidos caminantes; otros, la mayor parte, son gente a la que jamás hemos
visto caminar pero a la que vemos habitualmente en los bares y puntos donde sellan
credenciales. ¿Habrán descubierto estos últimos cómo dar saltos en el espacio?
¿Habrá un camino paralelo y mágico que permita a los cuerpos cambiar de situación a
voluntad? ¿En qué bares y tomando qué pócimas podrá esto llevarse a cabo? ¿Lo sabrá
Paulo Coelho?.
Hablando de brasileños, ¿a quién
encontramos al llegar a Boadilla, junto a una fuente?. Exacto, al brasileño luchador de
sumo y a su mucama. Sin comentarios.
Boadilla del Camino tiene un bonito rollo
gótico, también un refugio particular y nuevo llamado "En el Camino". Este
albergue o refugio está frente al rollo y las flechas amarillas te llevan a él quieras o
no.
Después de tomar un café en el albergue,
Paca y yo descubrimos que el Camino no pasaba por allí, ya que tenemos que desandar la
entrada al pueblo por otro lado para volver a él. ¿Quién controla el uso de las flechas
amarillas?. Lo suyo hubiese sido indicar el albergue pero no obligar a llegar hasta él.
No debieran permitirse estos, a nuestro entender, abusos.
Llegamos al Canal de Castilla. El Camino,
paralelo al Canal, nos conduce a Frómista. ¡Qué obras tan desaprovechadas!, comentamos,
mientras varios pelotones de la "Vuelta Ciclista Jacobea" nos adelantan. Estos
ciclistas van seguidos por sus coches de apoyo que, al menos hasta ahora, no anuncian la
Coca-Cola.
Al desviarnos hacia Frómista, a la
entrada del pueblo, vamos junto a Fernando, Javier y el comandante Pepe.

Iglesia de San Martín, en Frómista. ¿Hay quien dé
más?
Son las 12 cuando llegamos a Frómista.
Allí nos acoge la bellísima iglesia de San Martín. En su interior hay una suave
penumbra; fuera, el sol te revienta las pupilas a fuerza de contraerlas.
Un autocar para junto a la iglesia. Sus
ocupantes son ciegos. Cada uno, con su bastón blanco y un acompañante, entra a la
iglesia. ¿Qué sentirán los ciegos dentro de esta iglesia?. Algo han de notar cuando les
traen. Pienso, no sé por qué, que todos somos ciegos en el vientre de nuestra madre.
En la iglesia nos sellan las credenciales.
Nos alojamos enfrente, en el hotel San Martín. En el restaurante del hotel comemos cuatro
"supervivientes", que seguimos juntos, de los caminantes que el día 9 de Julio
salimos de Roncesvalles más uno que, viniendo de Jaca, se nos unió en Puente La Reina:
Fernando, un zaragozano de treinta y tantos años que trabaja en Calanda; Javier, el de
Ronda, de la misma edad que Fernando, es el peregrino más religioso de cuantos hemos
conocido; Pepe, de Valladolid, un comandante de 61 años que está en la reserva (es el
que viene de Jaca); Paca y yo.
Todos brindamos por llegar a Santiago,
casi sería mejor decir que lo pedimos con humildad. En el Camino no se puede hacer
alardes. Hoy estás bien y mañana por la tarde puedes estar camino de tu casa.
A la noche Paca y yo, por recomendación
del comandante Pepe, nos vamos a cenar en solitario a un restaurante bueno y un poco
elitista, donde la camarera nos atiende con una chispa de desdén. A la camarera no le
debemos parecer clientes a la altura del establecimiento, donde un busto dedicado de D.
Juan Carlos, nuestro buen rey, preside la chimenea. El lugar se llama Hostería de los
Palmeros y Paca y yo cenamos, aparte de solos, un poco envarados y hablando en voz baja.
¿Me explico?. Muy caro, claro.
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