Etapa 13

Hornillos del Camino-Castrojeriz

21-Julio-1999

A Santiago 470 Kms.

(Distancia 21 Kms. // Tiempo empleado 4 horas y 20 minutos)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Salimos del refugio casi a las 6. Antes tomamos un vaso de leche que ha dejado el hospitalero, no sé si lo he dicho, la noche anterior para los peregrinos.

Cantan las codornices y el campo huele a cereal seco. Apenas han empezado a cosechar.

Enseguida adelantamos a las dos americanas de la tarde anterior. No nos enrollamos con ellas, nos apetece ir solos.

En Arroyo San Bol hay un pequeño refugio con capilla, donde el caminante puede tomar café. Paca y yo pasamos de largo .

Subimos de nuevo al páramo. La llanura amarilla de mies hasta donde alcanza la vista, es de un amarillo húmedo, pesado y mate a estas horas tempranas de la mañana.

Hontanas surge del suelo casi de repente. Bajamos del páramo al pueblo y nos metemos en el primer local que encontramos abierto. Es la taberna del Vitoriano, uno de los lugares mas "cutres" que hasta ahora hemos encontrado en el Camino.

Sin embargo, Vitoriano es comunicativo y atento con el peregrino, además, sabe beber vino de un porrón echándoselo por la frente. Habilidad ésta muy notoria y de la que no todo el mundo puede presumir.

No es Vitoriano muy amigo de los hospitaleros que regentan los refugios de Hornillos y Hontanas, pues dice que, el primero, no debería cobrar las 500 ptas. pues ya recibe dinero de la Junta de Castilla-Leon y que, el segundo, está conchabado con el del bar de la piscina donde manda a comer a la gente, quedando así menguado su humilde establecimiento.

Nosotros le decimos que lo que recauda el de Hornillos es para el Ayuntamiento, según nos dijo su mujer, y que, además, da un vaso de leche por la mañana .

Vitoriano nos contesta que "eso de que es para el Ayuntamiento nos lo atemos a un dedo" y que si está recibiendo 20.000 ptas. diarias de los peregrinos, amén de lo de la Comunidad, "!Ya puede dar leche, ya!".

Dejamos Hontanas por un camino donde las carreras de los conejos son frecuentes. Una víbora, asustada por nuestros pasos y nuestra conversación, se mete precipitadamente entre las hierbas a la derecha del sendero. Este trozo, hasta Castrojeriz, lo hacemos en compañía de Fernando y Javier, a los que hemos encontrado en el bar de la piscina al salir de Hontanas.

...y estos,¿dónde andarán?

Paca, Fernando y Javier.

También nos hicieron una foto.

Paca y Salva

Bajo los arcos del convento de San Antón los peregrinos se hacen fotos Una minivuelta ciclista (Jacobea, por supuesto) nos adelanta. Se ve que van bien organizados porque todos pasan serios y rápidos. Sólo el último, por delegación, nos dice: "¡Buen Camino!".

Recordamos, Paca y yo, que en la puerta de la Colegiata de Castrojeriz hay cuatro herraduras. En su día se nos dijo, por una cicerone local, que dichas herraduras fueron dejadas allí por el caballo de Santiago en un salto que éste hizo desde lo alto del Castillo a la Colegiata. Fernando y Javier se tronchan de risa. La anécdota, a pesar de sus risas, es cierta.

A la entrada de Castrojeriz visitamos la colegiata y sellamos nuestras credenciales. Fernando y Javier comprueban que, efectivamente, allí están las cuatro herraduras. En la Colegiata nos confirman que el albergue no se abre hasta la una. Efectivamente son las 11 y hay un montón de peregrinos esperando a la puerta. Paca y yo nos separamos de Fernando y Javier y nos alojamos en el Hostal El Mesón.

A la una de la tarde Castrojeriz nos ofrece el peculiar clima castellano en estas fechas y a estas horas: La gente busca las sombras y las agarra, se pega a ellas, las parte.

Antes de comer compramos champú para todos (nadie quiere llevar un bote de más de medio kilo). Lo usamos y se lo pasamos a Fernando, Pepe y Javier. También desde Castrojeriz mandamos dos postales, una a Ramiro que está en Villanueva del Alcorón y otra a los del Bar El Trébol de Guadalajara.

Comemos con los compañeros en El Mesón. Por la tarde tomamos un vino con Fernando, el de Zaragoza, y con el Comandante Pepe, el de Valladolid. Pepe se ha tenido que comprar otro transistor en Castrojeriz, pues el que tenía se lo quitaron ayer en un bar mientras desayunaba. Los chorizos que no descansan, oye.

Paca y yo cenamos, en mutua compañía, en el mismo lugar en el que comimos. A las 10 en la cama estés.

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