Etapa 12

Burgos-Hornillos del Camino

20-Julio-1999

A Santiago 488 Kms.

(Distancia 18 Kms. // Tiempo empleado 4 horas y 45 minutos)

 

 

 

Son las 6 y media de la mañana cuando pasamos junto al peregrino de bronce sentado frente a la Catedral de Burgos. La ciudad está desierta.

Es muy bonito abandonar Burgos al amanecer. Cruzamos frente al refugio de peregrinos que está bastante alejado del centro, cruzando el río, en un parque. Se nos une un conocido italiano, Giovanni. Al poco nos deja. Es muy joven y vamos demasiado despacio para él.

Paca y yo vamos recordando a los buenos amigos, o mejor a los buenos compañeros de Camino, que nos han ido dejando desde Roncesvalles a aquí. Lo dejamos porque nos da mucha pena.

Un buen desayuno en Tardajos nos levanta la moral. Hoy el calor aprieta sin compasión. Definitivamente hemos vuelto a la Castilla de siempre.

Algunos días se suda...

...hacia Hornillos...

Unos kilómetros antes de llegar a Hornillos nos encontramos con un peregrino que lleva de todo en su mochila, la mayor parte de las cosas colgando de ella. Parece un hombre orquesta. El hombre orquesta, español, va intentando ligarse descaradamente a una francesa pelirroja que va sola, se llama Yasmine y es de Orleans. Al hombre orquesta no le falta conversación y va ilustrando a la gala sobre los variados cultivos del páramo castellano: trigo y cebada. De repente se paran, nos llaman. El español nos pregunta señalando un campo: "Oye,¿qué es esto?". "Remolacha", contestamos. Ganamos un montón de puntos ante la pareja.

Nos quedamos en Hornillos del Camino. Donde se nos informa de que el refugio vale 500 ptas. por persona. Allí coincidimos con tres muy conocidos: Pepe, Fernando y Javier.

El fresco sótano del albergue de peregrinos invita al descanso. Aunque no lo dicen las guías, hay un restaurante-bar muy decente en el pueblo. La gente está deseando atendernos. Este pueblo está a unos 20 Kms del centro de Burgos. Hoy no hemos andado mucho pues, Paca y yo, hemos decidido tomarnos Castilla con calma. Nuestros pies piden descanso y no queremos tentar a la suerte. Demasiado bien nos va.

Comemos con Fernando, el de Zaragoza, Javier, el de Ronda, y con el Comandante Pepe, el de Valladolid. Los dos primeros vienen de Roncesvalles, el tercero de Jaca, como ya se dijo. En otra mesa están el francés que vimos en el alto de la niebla, antes de llegar a Burgos, y otra francesa, "la Pepi". Parece que se han hecho amigos, pues después de la comida se van a echar la siesta al río. Ella no se queda en el refugio, se va al de Arroyo San Bol. Es más exótico.

La tarde es abrasadora en Hornillos. Me dedico a escribir en la cocina del refugio, que está en el sótano del mismo y por tanto es un lugar fresco.

Me sorprende la audacia de algunos peregrinos extranjeros, que ponen y quitan bombonas, indagan, miran todo, manosean todo lo que encuentran, sin tener en cuenta a quien pertenece, sin pedir permiso a nadie, se echan la siesta donde les peta y luego se van sin soltar un duro.

Hay un momento en el que temo que me quiten el boli con el que escribo y se pongan a leer esta carta con total descaro. Creo que en sus países no se comportan así, o, al menos, lo espero. ¿A qué venía, de pequeños, ponernos tanto a esta gente de modelo?.

Voy, mientras Paca continúa con su siesta, al bar del pueblo. Allí una peregrina americana que viaja con su hija, me da las quejas sobre lo mal organizado que está el Camino y lo muy concurridos que están los refugios (que no el Camino, para los que caminamos, pues la picaresca es grande).

Le recomiendo que haga lo que hacemos Paca y yo, usar los refugios de pago llamados hoteles y hostales.

No le gusta la solución y dice que no ha venido aquí a gastarse una fortuna en hoteles. Le ruego que, en tal caso, considere la buena relación calidad-precio (tan de moda) que ofrecen los refugios y el esfuerzo que cuesta mantener abierto un Camino tan largo. No se convence y continúa protestando. Finalizo la conversación diciéndole que busque una alternativa al Camino en otro país y que mire a ver si la organización y los precios son mejores.

Cenamos con Javier, el de Ronda, y Fernando, el de Zaragoza, en el bar. Antes, durante la tarde, vemos el pequeño y viejo molino del alcalde y hospitalero. También charlamos con su mujer, que nos dice que se puede tomar leche con Colacao por la mañana y que las 500 ptas. que cobran son para el Ayuntamiento.

A las 10 y media de la noche el hospitalero va a dar una vuelta por el refugio y lo cierra. Es como el que tiene vacas y por la noche baja a la cuadra a darles una vuelta. Visto que el ganado está bien, se apaga la luz y a dormir. Como con nosotros ha hablado esta tarde, al pasar a nuestro lado, nos recuerda en un susurro: "¡Hay leche para mañana en la cocina!"

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