Etapa 11

San Juan de Ortega-Burgos

19-Julio-1999

A Santiago 516 Kms.

(Distancia 28 Kms. // Tiempo empleado 5 horas y 40 minutos)

 

 

 

Esta mañana, día 19 de Julio, antes de salir del Monasterio de San Juan de Ortega, hemos pasado a despedirnos del cura. Estaba levantado y nos ha invitado a café con leche y galletas. Por cierto, había preparado desayuno para todos los peregrinos. Simpático pero sobrio, reside en este apartado lugar todo el año. Nos despedimos:

-"Hasta la próxima y gracias."

-"Hasta entonces y cuidado con el lobo."

-"Entre Paca y yo, el lobo no puede dudar" - Indico yo, señalando nuestra diferencia de tamaño.

-"No lo creas, el lobo coge siempre al último."

Salimos a las 6'20 con una niebla de las que escupen. Nos despedimos del bosque, primero antes de llegar a Agés y después al pasar el alto que han alambrado los militares. Al subir este último una hermosa liebre se sienta a vernos pasar a unos cien metros. Arriba, en el alto la niebla no permite ver más allá de los 50 metros. Nos encontramos con un joven francés un poco desconcertado por la niebla. Nos saludamos y al poco, el chico, se adelanta a nosotros.

En Riopico desayunamos de nuevo y ponemos el hermoso sello verde del lugar en nuestra credencial. Hay en el bar unos cuantos peregrinos, todos conocidos.

Llegando a Villafría, un hombre viene a nuestro encuentro, nos dice que es de la Asociación de Amigos del Camino de Burgos y, uno por uno, pregunta a cada peregrino que encuentra cómo está física y emocionalmente y si necesita algo. Se lo agradecemos. Nos dice que ha hecho 11 veces el Camino y nos aconseja sobre dolores y ampollas. Desaparece como vino, en dirección contraria.

La entrada de Burgos, interminable. En ella encontramos a una peregrina anciana que enseguida nos identifica como peregrinos y nos saluda, es francesa. Va despacio, sola y con macuto. ¿Donde irá esta abuelilla?.

Llamamos a José Luis, el soriano, por teléfono. ¿Qué, te animas a hacer alguna etapa?. No pudo ser.

Entramos en una farmacia, pues a Paca ayer le vino la regla, y aprovechamos para pesar mi mochila: 12 Kgs.. Paca no quiere saber lo que pesa la suya.

Llegar a Burgos mola mucho.

Junto a la catedral de Burgos.

A las 12 estamos en la Catedral, donde nos sellan la credencial y nos dan conversación con muchísima simpatía.

Nos alojamos en pleno centro, en el Hotel España. Después Paca me cura una ampolla grande en el talón. Está hecha una artista.

Como tiene que haber tiempo para los buenos placeres, nos vamos a comer al Ojeda. En el restaurante Ojeda, para aquellos que no lo sepan, se come de primera. Lo juro.

Después tomamos café en una terraza del Espolón, donde lo compartimos con dos jóvenes colegas peregrinos, uno de Alfaro y otro de Valencia. El de Alfaro cumple años. ¡Qué nos den una copa!. La siesta se impone.

A la tarde damos una vuelta y nos despedimos de algunos compañeros que se quedan aquí en Burgos. Unos acaban porque su tiempo acabó, otros porque lo hicieron sus fuerzas. Cada uno nos deja un agujero en el ánimo. Quizás no volvamos a vernos. Todos han sido buenos compañeros. Le damos nuestras señas a Miguel, el de Sevilla. Miguel es el padre de la niña a la que en Roncesvalles le dijeron que no podía seguir. La hija de Miguel, que se llama Salomé, ha llegado a Burgos entre antiinflamatorios y cojeras. Su padre, con buen criterio, ha decidido saltar en autobús hasta León y una vez allí, después de descansar, avanzar hasta Santiago en etapas cortas.

A la noche tomamos unos vinos y cenamos en una tasca algo de pescado. Dormimos como piedras.

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