Son
las 6 y 20 de la mañana, está nublado y cae una cellisca propia de Galicia, cuando
dejamos Belorado. Salen con nosotros dos americanas, Catherine y su madre, que no saben
por donde va el camino y nos acompañan un rato. Nos dejan, no se fían mucho de nosotros.
¡Oye, cómo son estos yanquis...!
Es en Espinosa del Camino donde Paca y yo
desayunamos. El bar es muy modesto y no tiene cafetera, pero su dueña es una mujer
laboriosa que hace a los peregrinos café con leche en la cocina. Unas rosquillas fritas
acompañan al café con leche. Se nos unen dos de los chicos (Los Alpinos) que conocimos
en Roncesvalles y que hoy van por separado. Desayunan también dos italianas, de Roma.
La mañana continúa lluviosa cuando
llegamos a Villafranca Montes de Oca. Evitamos el bar donde paran los camiones, se nos
avisó de que no es recomendable.

Villafranca Montes de Oca, se inicia el puerto.
Sellamos en el campamento-refugio (tipo
Kosovo) que allí se ha montado. Comienza la ascensión del puerto de modo brusco, durará
una hora. Lentamente, entre la niebla y la lluvia de la mañana, van apareciendo, primero,
la fuente de Mojapán, luego el monumento a los fusilados en el 36 y, finalmente, después
de algunos kilómetros de monte y pinares, San Juan de Ortega.

En la Fuente de Mojapán, con lluvia y niebla.
Poco antes de llegar a San Juan de Ortega
nos encontramos con Salo, la hija de Miguel el sevillano, que va con 3 de los 5 Alpinos.
Se lo están pasando bomba. Sus risas se oyen desde lejos en el bosque. Les hago una foto
con Paca entre ellos. Les dejamos, a la gente joven le gusta ir a su aire.

Salo, los Alpinos y Paca.
Son las 12 cuando llegamos. El cura
hospitalero abre a la una y no parece muy contento con la colaboración económica
voluntaria de los peregrinos. El albergue es espacioso, digno y muy engastado en el
camino, tiene agua caliente, pero no papel. El refugio es un monasterio con su claustro e
iglesias. El cura es su único morador.

San Juan de Ortega, final de etapa.
En su dignidad, este sacerdote inspira
respeto y al tiempo pena, la misma que emana de las personas que, dedicando mucho de su
tiempo a los demás, rara vez son correspondidas.
-"La misa es a las 7 y media para
quien le interese, el albergue cierra a las 10 de la noche, el que se quede fuera que se
entienda con los lobos. ¿Estamos?".
-"¿Padre, podemos colaborar con un
donativo?"
-"Sí, pero por favor, nunca admito
más de diez mil pesetas. Echadlo en la caja de la pared." Ironiza el cura, para
añadir a continuación:
-"¡Ah, se me olvidaba!, normalmente
hago sopa de ajo para que cenemos juntos, pero ya llevo unos días que no la hago porque
con estas aglomeraciones de gente no tiene sentido. ¿Estamos?"
Comemos en el único bar que hay, la
única comida que hay: huevos fritos, morcilla, chorizo, lomo y vino tinto. Bienvenidos al
paraíso del colesterol. Perdón, olvidaba la ensalada. Cenamos lo mismo. El chico que
atiende el bar es muy simpático y está deseando ayudar a los peregrinos.
Aquí hay muchos "peregrinos"
pero los que de verdad hacemos el camino andando nos conocemos entre nosotros. Somos
pocos. Un autobús recoge, a última hora, a los falsos peregrinos que, vergonzosa y
rápidamente, suben a él con sus macutos camino de Burgos.
A las 10 todos en la cama. ¿Quién se
arriesga a dormir al raso casi en pleno monte?. El cura de San Juan de Ortega no se anda
con bromas, a las 10 cierra y se ha terminado. ¿Estamos?. Pues eso.
Etapa 10
Etapa 11