El Camino sale del casco viejo de Logroño por la antigua
Puerta del Revellín...
A las 6 y 20 dejamos
el hostal. La salida de Logroño se hace larga. Después de un rato, que se hace monótono
y atravesada ya la ciudad, se llega a una pista nueva que cruza el Parque de la Grajera.
El correr de algunos gazapos cosquillea a los caminantes en la vista.
Antes de que los peregrinos se den cuenta
ya están en Navarrete. ¡Qué felicidad, hay donde desayunar!. Paca y Salva se enrollan
con un abuelo que hizo la mili con dos de Guadalajara.... Un cura anónimo, gordo como un
caballo, oye como un caminante, Miguel "el de Sevilla", se queja de que, a pesar
del esfuerzo del camino, no rebaja los kilos que tiene de más. El cura viejo y cachazudo
le amonesta: "Hijo mío, recuerda que no engorda el mucho comer, sino el poco
pecar". Miguel no se queda muy convencido. Yo le digo que eso mismo se lo oí decir a
otro cura, cargado de arrobas, de mi tierra. Coincidimos en que la frase quizás sea
doctrina de la Iglesia.
En Navarrete, Miguel el sevillano convence
a una pobre mujer de que se quede en el refugio del pueblo. La encontramos el día
anterior. Tiene unos 65 años. Dice que se le ha curado un hijo de cáncer y que ha
prometido ir a Santiago. Lleva un macuto a la espalda y en las manos dos bolsas de
plástico con, según dice, una ofrenda para el Santo. Sus pies son ya dos grandes
pasteles de ampollas. La mujer le hace caso y allí se queda, recuperándose. ¿Cuándo
llegará a Santiago?.
Así están las cosas cuando enfilamos
hacia Nájera. No se toca apenas la carretera, nuevas algunas y viejas otras, pero pistas
de tierra todas, dejan al peregrino en Nájera.
"Peregrino, en Nájera,
najerino", reza la bienvenida en una fachada blanca a la entrada del pueblo.
A la una menos diez estamos en Nájera. En
el albergue de peregrinos el hospitalero, Felipe, nos sella y nos da la bienvenida. Le
decimos que nos vamos al Hostal Hispano pues, al ser Paca y yo peregrinos con
"posibles", preferimos tener más intimidad y dejar a otros más
"menesterosos" nuestras plazas. El hospitalero dice que eso está bien y se
jacta, con toda la justicia del mundo, de que en Nájera el refugio del peregrino es
gratuito.
Después de adecentarnos en el Hostal
Hispano, nos cambiamos de ropa y nos vamos a tomar un vermú. Comemos en el excelente
restaurante del Hotel San Fernando donde, por 1.300 ptas, nos dan una buena comida y una
esmerada atención. No hay quien perdone la siesta, los casi 30 Kms. de esta etapa han
tullido nuestras piernas y entumecido las ya castigadas plantas de los pies.
A la tarde unas pocas letras, visita al
Monasterio en el centro del pueblo, cuatro vinos y a cenar donde comimos. Exito
garantizado. En la cena le comentamos al camarero que somos peregrinos. No nos cree.
Esa tarde nos encontramos con uno de los
sevillanos, José Pablo. Está histérico. Dice que tiene tendinitis y diarrea, que ha ido
al médico. Le encontramos muy excitado. Le decimos que no sea aprensivo y nos despedimos
de él.
¿Se irán algunos de la cabeza en el
Camino o, simplemente, todos los que lo iniciamos estamos algo tocados?.
Etapa 7
Etapa 8