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Son las 6 y cuarto
cuando los peregrinos dejamos atrás el cementerio de Los Arcos y por una apacible llanura
nos vamos hacia Sansol.
Ni en Sansol ni en Torres del Río hay
quien le dé de desayunar al caminante. Paca y yo, que confiábamos en el albergue o
refugio de este último pueblo, lo dejamos atrás defraudados. Su iglesia románica no nos
defraudó. Es bellísima.
Por los barrancos
"rompepiernas", antes de avistar Viana, cantan las perdices, vemos correr una
liebre y los peregrinos, como hormigas, subimos y bajamos, subimos y bajamos, subimos y
bajamos...
En Cornava, Paca y Salva, como legionarios
romanos beben agua y se fotografían (los pobrecillos) el uno al otro.

Paca en las ruinas de Cornava.
A las 10 de la mañana estamos en Viana.
En el Bar del Bordón, buen desayuno, tortilla de patatas recién hecha y hasta un vaso de
vino. El Camino atraviesa este bonito pueblo que nos gusta y nos causa una buena
impresión. La gente nos dice donde está el refugio para que nos quedemos, pero Paca y yo
tenemos intención de llegar hoy a Logroño.
En el camino de Viana a Logroño un
caminante brasileño nos ilustra con su filosofía de la vida durante un buen rato para
después dejarnos de repente y casi sin decir adiós.
Escapados de la "Vuelta Ciclista
Jacobea" nos adelantan en gran cantidad a la entrada de Logroño. Nos encontramos una
gafas de sol estupendas que algún ciclista ha perdido con los botes del camino.
Ya cerca de Logroño hay, junto al camino,
una casa con varias higueras que dan buena sombra. Bajo una de ellas hay una mesa con un
frutero lleno de higos, un sello con un tampón y un libro de visitas. Tras la mesa una
anciana. La señora nos invita a sellar, nos hace escribir en su libro y nos ofrece higos.
La señora Felisa, la de los higos, aconseja e invita y, además, orienta a los caminantes
sobre Logroño. Finalmente, sella sus credenciales con muchísima autoridad:
- "¡Llevo unos días, hijos míos,
que no me puedo retirar ni un momento del Camino, ni un minuto. No me dejan ni comer. No
os digo más!"
La entrada a Logroño es agradable y se
hace corta. Cruzamos el Ebro y enseguida estamos en el casco antiguo. A la 1 menos cuarto
hemos llegado, sellamos en el refugio y nos vamos a por una habitación al Hostal
Sebastián.

El Camino atravesando Logroño por sus viejas calles...
El refugio aún estaba cerrado y nos han
sellado las mujeres de la limpieza que, antes de ponernos el sello, nos han hecho el
padrón. ¡De rositas nos íbamos a ir!.

Los santos desde su dosel sonrien al peregrino cuando
atraviesa Logroño.
Comemos en un restaurante barato de la
calle San Juan. Encontramos a otros caminantes, ya colegas, que el día anterior
pernoctaron en Torres del Río, no hablan bien del refugio ni de su hospitalero.... Estos
mismos colegas caminantes hablan muy bien del refugio de Logroño y de quienes lo
atienden.
Aseguran que el ordenador funciona, aunque
Internet va muy mal y nos ponen al corriente de que todos los ordenadores, de Burgos en
adelante, ya están funcionando. Al menos, eso dicen ellos.
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