Etapa 6

Los Arcos-Logroño

14-Julio-1999

A Santiago 640 Kms.

(Distancia 28 Kms. // Tiempo empleado 6 horas y 30 minutos)

 

Son las 6 y cuarto cuando los peregrinos dejamos atrás el cementerio de Los Arcos y por una apacible llanura nos vamos hacia Sansol.

Ni en Sansol ni en Torres del Río hay quien le dé de desayunar al caminante. Paca y yo, que confiábamos en el albergue o refugio de este último pueblo, lo dejamos atrás defraudados. Su iglesia románica no nos defraudó. Es bellísima.

Por los barrancos "rompepiernas", antes de avistar Viana, cantan las perdices, vemos correr una liebre y los peregrinos, como hormigas, subimos y bajamos, subimos y bajamos, subimos y bajamos...

En Cornava, Paca y Salva, como legionarios romanos beben agua y se fotografían (los pobrecillos) el uno al otro.

Cornava, antigua ciudad romana.

Paca en las ruinas de Cornava.

A las 10 de la mañana estamos en Viana. En el Bar del Bordón, buen desayuno, tortilla de patatas recién hecha y hasta un vaso de vino. El Camino atraviesa este bonito pueblo que nos gusta y nos causa una buena impresión. La gente nos dice donde está el refugio para que nos quedemos, pero Paca y yo tenemos intención de llegar hoy a Logroño.

En el camino de Viana a Logroño un caminante brasileño nos ilustra con su filosofía de la vida durante un buen rato para después dejarnos de repente y casi sin decir adiós.

Escapados de la "Vuelta Ciclista Jacobea" nos adelantan en gran cantidad a la entrada de Logroño. Nos encontramos una gafas de sol estupendas que algún ciclista ha perdido con los botes del camino. 

Ya cerca de Logroño hay, junto al camino, una casa con varias higueras que dan buena sombra. Bajo una de ellas hay una mesa con un frutero lleno de higos, un sello con un tampón y un libro de visitas. Tras la mesa una anciana. La señora nos invita a sellar, nos hace escribir en su libro y nos ofrece higos. La señora Felisa, la de los higos, aconseja e invita y, además, orienta a los caminantes sobre Logroño. Finalmente, sella sus credenciales con muchísima autoridad:

- "¡Llevo unos días, hijos míos, que no me puedo retirar ni un momento del Camino, ni un minuto. No me dejan ni comer. No os digo más!"

La entrada a Logroño es agradable y se hace corta. Cruzamos el Ebro y enseguida estamos en el casco antiguo. A la 1 menos cuarto hemos llegado, sellamos en el refugio y nos vamos a por una habitación al Hostal Sebastián.

El Camino atraviesa Logroño

El Camino atravesando Logroño por sus viejas calles...

El refugio aún estaba cerrado y nos han sellado las mujeres de la limpieza que, antes de ponernos el sello, nos han hecho el padrón. ¡De rositas nos íbamos a ir!.

Logroño, ¿de qué se reirán?

Los santos desde su dosel sonrien al peregrino cuando atraviesa Logroño.

Comemos en un restaurante barato de la calle San Juan. Encontramos a otros caminantes, ya colegas, que el día anterior pernoctaron en Torres del Río, no hablan bien del refugio ni de su hospitalero.... Estos mismos colegas caminantes hablan muy bien del refugio de Logroño y de quienes lo atienden.

Aseguran que el ordenador funciona, aunque Internet va muy mal y nos ponen al corriente de que todos los ordenadores, de Burgos en adelante, ya están funcionando. Al menos, eso dicen ellos.

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