Tras
una buena noche, Paca y yo salimos de Puente la Reina a las 6 y 10 minutos. Habíamos
estado antes en Puente la Reina y habíamos soñado con atravesar alguna vez su calle
principal y su puente como peregrinos. Esta mañana lo hacemos.
Hasta Mañeru el pelotón de peregrinos
mide sus fuerzas , a partir de allí se comienza ya a deshilachar el grupo. La etapa,
contra lo que dicen los manuales, resulta peor que la ayer. Además una buena tormenta, la
noche anterior, nos ha dejado los caminos con una capa de barro como chocolate
resbaladizo.

¿Por qué hay agricultores que labran los
caminos impunemente? Las autoridades no deber de saberlo, pues si lo supieran lo
castigarían como se debe, ¡tal es la naturaleza de nuestras leyes!. ¡Atreverse a labrar
el Camino de Santiago!. Pero claro, hay que pensar que si con el de Santiago se atreven,
¿qué no harán con otros sin advocación celestial?.
Llegamos a Estella a las 11 y media, el
albergue es bueno pero enseguida se llena. Tienen un ordenador similar al de otros
albergues (o sea, que no funciona) , pero aquí le dan más utilidad pues, sobre él,
tienen un gran reloj y un cartel de "no fumar".
A Paca y a mi unos vinos con torreznos
bajo los soportales de la Plaza Mayor de Estella nos dejan el cuerpo como un reloj. Luego
comemos en el Casanova. Después siesta, colada y unas pocas letras.
Se me olvidaba decir que Cirauqui es un
pueblo muy bello. Lo atravesamos por la mañana y ,aunque en vasco dicen que Cirauqui
significa "nido de víboras", fuimos allí bien acogidos y tuvimos donde
desayunar. Salimos de él por la bella calzada romana que va cuesta abajo hasta la
carretera.
En Navarra parece que la gente tiene
dinero, pues los bares de los pueblos están cerrados a la hora de paso de los peregrinos,
así que los peregrinos para mayor gloria de Dios desayunamos, como los monos, fruta y
cacahuetes la mayor parte de los días.
En el albergue de Estella se reparan las
ampollas, se ponen pomadas, se curan cojeras, se cocina y se hacen amistades. Por cierto,
además de a los peregrinos conocidos, hemos vuelto a encontrar aquí a la mujer gorda de
luto del Jakue y a su acompañante. Los dos, frescos como lechugas, sostienen que han
venido andando por la carretera. Eso no hay quien se lo fume. Da la impresión que son dos
"caras" que se dedican a hacer turismo barato. Además, para más espectáculo,
la gorda y el otro, se acuestan juntos en una litera del refugio, en la que una persona
sola no se encuentra ancha, y se dan de besazos a la vista de todos. La fuerza del
cariño.
Por la tarde llega una chica. Le ha
correspondido una litera de arriba. La chica pesa lo suyo y tiene un trasero considerable.
Cuando intenta subirse a su litera repara en que, además de su volumen, se le han
agarrotado los músculos por la caminata y le es imposible levantar las piernas. Empujando
el culo de la Chelo, que así se llama la chica, un montón de peregrinos solidarios la
izamos a su litera. Perece que todo está tranquilo cuando va la Chelo y dice: "¿Y
si me tengo que levantar a orinar?". "¡Chelo, cuenta con nosotros!", dice
el coro de peregrinos.
En Estella se prepara, por la tarde, una
tormenta tremenda. La cantidad de agua y granizo que cae asusta a los peregrinos. Todos,
silenciosos, pensamos lo mismo: "¡Mira que si nos coge una como ésta en campo
abierto!". Sin ponernos de acuerdo la reacción de todos es la misma: Hay que
comprarse una capa para el agua. Al rato todas las tiendas de la localidad donde puede
encontrarse este artículo están llenas de peregrinos.
Tenemos dificultades para cenar en
Estella, pues es lunes y cierran todos los restaurantes menos uno. El que no cierra está
lleno de extranjeros que, como cenan a las 7, han ocupado todas las mesas. A cenar
bocadillos o al refugio, no hay más.
Paca y yo estamos felices y tocamos
madera: No estamos extenuados, no nos hemos lesionado, no nos duele nada y no nos han
salido ampollas. Las botas nuevas, que he usado diariamente, no me han mordido. ¿Puede un
peregrino pedir más felicidad?
Etapa 4
Etapa 5