Son las 6 del día 9
de julio. Está amaneciendo. De los valles que convergen sobre la abadía se descuelgan
velozmente nubes ligeras y deshilachadas. No parece el amanecer de un día de verano.
Impone verlo.
Paca y yo salimos a las 6 y media al
Camino, ¡al fin comenzamos!. Nunca hemos experimentado una sensación tan bonita y
extraña, es una mezcla de felicidad y miedo. El paraje fantástico. Comenzamos a seguir
las flechas amarillas. Tenemos la sensación de iniciar una nueva relación entre
nosotros, con los demás y con lo que nos rodea.
Ni los parajes ni las sensaciones son para
ser descritos. A quienes lo hayáis vivido no hay nada que deciros, a los que no, tampoco.
Ya veis los límites de mi capacidad de comunicación en la década de la telemática.
Físicamente la etapa es muy dura, de los
60 peregrinos que estábamos en Roncesvalles la noche del 8, sólo los cinco andaluces,
dos más, que no conocíamos, además de Paca y yo, llegamos al refugio de Larrasoaña el
día 9. Hubo otros que llegaron más lejos, los que iban en bici. Pero éstos no pudieron
hacer el camino verdadero (a trozos casi intransitable andando), sino que se tuvieron que
contentar atravesando la zona por la carretera. Otros, la mayor parte de los que salieron
andando, se quedaron 7 Kms. atrás en el refugio del pueblo de Zubiri.
A la entrada de Zubiri dejamos a Julián,
el de Plencia, está agotado, no puede ni con el bordón. Nos da un poco de agua y nos
dice que él se queda allí. Paca y yo nos vamos a Larrasoaña. Al salir de Zubiri, en una
de las últimas casas, hay un niño de unos 4 años asomado por la parte superior de una
puerta de doble hoja. El niño nos ve acercarnos y cuando llegamos a su altura nos dice:
- ¿Vais al Santiago?
- Sí.
- Pues cuando lleguéis a un puentecito lo
cruzáis, seguís por el camino y luego ya, llegáis al Santiago.
Le damos las gracias con una sonrisa. El
niño tiene razón sólo hay que andar unos 730 kilómetros más después del pequeño
puente que, siguiendo el Camino, atraviesa un riachuelo a la salida de Zubiri.
La chica andaluza (la de 19 años) ha
terminado hoy el Camino, se ha hecho un esguince y tiene que volver a Sevilla mañana. Al
menos eso es lo que le ha dicho el médico.
El Albergue de Larrasoaña está muy bien
atendido. Santiago Zubiri, su hospitalero, y su ayudante, una chica joven, se comportan de
maravilla. En el refugio hay un ordenador con una pegatina del Jacobeo 99, pero aún no
está conectado. Dicen que lo van a conectar el domingo próximo.

Puente sobre el río Arga en Larrasoaña
Nos informan de que en Uterga hay un
albergue nuevo con 14 camas.
Paca se ha echado la siesta. Hemos comido
por 1.350 ptas. Bien, muy bien, en el único bar-tienda-fonda del pueblo. Está situado a
la izquierda, al final de la calle principal en dirección a Pamplona. Tiene un ambiente
familiar.
Mientras Paca duerme, Santiago, el
hospitalero nos sella las credenciales, nos pide que escribamos en su libro de peregrinos
y nos regala a cada uno una cinta amarilla del Camino de Santiago. El precio del albergue,
400 ptas.
Mientras tanto la niña andaluza, de 19
años, está muy triste. "¡Otro año será, guapa!". No contesta. Se le caen
dos lagrimones en silencio. ¡No tiene consuelo!
Cuando esa noche vamos a dormirnos entra
en la habitación Santiago Zubiri, el hospitalero. Todos estamos en la cama:
- "Ya sabéis donde me tenéis.
¡Qué lleguéis todos a Santiago y le dais recuerdos a mi tocayo."
Etapa 1
Etapa 2