El
día 8 de Julio salimos en tren de Guadalajara a las 9 y media de la mañana con destino a
Pamplona. Vicente Pastor nos baja a la estación. Ya en el tren conocemos a un peregrino
ciclista, un gaditano que, en solitario, va a hacerse Pamplona-Santiago. Va equipado con
un teléfono móvil y no para de comunicarse con su mujer y con sus amistades durante todo
el viaje. Nos dice que lo que más aprecia en el Camino es vivirlo en solitario. Cosas.
Cuando a las 2 llegamos a
Pamplona nos vamos al centro en autobús (95 ptas.). A pesar de ser los Sanfermines,
comemos estupendamente en Casa Manolo, cerca de la estación de autobuses. Después de
comer y mientras esperamos la salida de 'La Montañesa' (el autobús que sube a
Roncesvalles) tomamos un café en la plaza del Castillo y paseamos con nuestras mochilas
por las calles más transitadas del casco viejo.
Bullicioso ambiente lleno
de pedigüeños, revendedores de entradas, músicos callejeros, gente colocada,
tamborileros de procedencia africana (que, sin duda, habrán hecho su "camino"
hasta aquí de un modo menos placentero que el que Paca y yo vamos a iniciar, por mal que
se nos de) , mimos, chorizos, y gente de todo pelaje, vestimenta, edad y condición. Los
peregrinos con nuestras aparatosas mochilas nos desplazamos entre la multitud como unos
obesos torpes que todo lo rozan a su paso.
Cuando sale 'La
Montañesa', a las 6 en punto de la tarde, el autocar va a tope. Estamos saliendo de
Pamplona cuando una abuelita, con pañuelo rojo al cuello, para el autocar en plena calle
con mucha decisión y autoridad y 'ordena' al chófer que recoja a dos peregrinos en bici.
Estos le acababan de preguntar en ese preciso momento de dónde salía el autobús de
Roncesvalles. Eso es civismo, sí señor. Valentía también, pues plantarse en mitad del
tráfico a parar un autobús en plenos Sanfermines lo requiere. ¡Aúpa, abuela!.
Los peregrinos, que luego
resultaron ser dos ciclistas de Lanzarote, meten en los bajos del autobús sus bicis y se
incorporan al club de los 'pelaos'. (Los peregrinos que llenamos el autocar vamos todos
como 'quintos').
Durante el viaje Paca y yo
intimamos con un grupo de cinco sevillanos de 52, 40, 38, 19 y 16 años . La única chica
es la de 19 años . Todos vamos nerviosos y más que nos ponemos al observar desde el
autobús el camino que hemos de recorrer en dirección a Pamplona. Es impresionante. Los
nervios nos hacen hablar sin parar, como si nos conociésemos de toda la vida.
A las 7 y cuarto en
Roncesvalles. Vamos a la abadía donde, con mucha ceremonia y misterio, un canónigo sella
nuestras credenciales, nos hace una encuesta sobre los motivos de nuestra peregrinación y
nos dice, muy circunspecto, que el Camino está este año desbordado y los refugios
abarrotados de gente.

Abadía de Roncesvalles
Vamos, a las 8, a la misa
cantada. Los canónigos hablan de la protección al peregrino por parte del Santo y de la
que éstos han de recibir de los habitantes de aldeas y pueblos (¡Ay de aquel que le
niegue ayuda al peregrino!), también hablan, ignoro por qué motivo, de la importancia de
la virginidad en la mujer. ¿Tenéis alguna noticia de que la moralidad se esté relajando
en los refugios de peregrinos?.
Como me aburro un poco,
aprovecho el " ..daos fraternalmente la paz ..." para, después de besar
cariñosamente a mi mujer, hacer lo mismo con una robusta joven extranjera que tengo al
otro lado. La guiri me sonríe complacida (debe pensar que son costumbres del país), y
Paca me mete el codo en el costado.
Algunos peregrinos se
emocionan con la Salve.
En lugar de irnos a la
"campa" montada por el ejército (estilo Kosovo) conseguimos habitación en el
Hotel La Posada. Allí cenamos también ...
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