A las siete de
la mañana no hay abierto en Palas de Rei un solo local para desayunar.
Paca y yo nos echamos al coleto un buen buche de agua a falta de cosa de más
sustancia.
El camino, a
trozos por carretera a trozos por senderos, es agradable, como casi
siempre, a primeras horas de la mañana. Sólo al llegar a Leboreiro, casi
a las nueve, es cuando encontramos donde desayunar. Hay dos locales. El
uno es un bar normal y el otro, que está enfrente, es la Casa Rural
Somoza. Como el bar está lleno de caminantes y casi no nos pueden atender
ni hay donde sentarse, entramos en la casa rural. Allí sólo está
desayunando un matrimonio de peregrinos italianos.
La señora que
nos atiende es el colmo de la amabilidad y la llaneza. Nos pone mesa y
mantel en el comedor interior (la mañana está aún fría para desayunar
en la terraza). Nos sirve café con leche, tostadas recién hechas con
mermelada y mantequilla, nos
prepara unos zumos de naranja natural, nos da conversación y nos cobra lo
mismo que en cualquier garito del camino. Oye, pues puestos a elegir, nos
quedamos con la casa rural.
A la salida
del pueblo nos detenemos un momento a contemplar la pequeña iglesia románica.
Lo mismo hace el matrimonio italiano.
María y Pedro
han desayunado en el bar y enseguida nos alcanzan. Entre bromas y risas
caminamos juntos hasta Melide. Allí nos vamos los cuatro a la pulpería más
famosa del pueblo. Despachamos un gran plato de pulpo regado con botella y
media de vino tinto y espeso. La dueña, que es la que hace el pulpo y la
que dice lo que hay que cobrar a cada uno, nos desea buen camino y que nos
veamos otro año. Salimos tan contentos, faltaría más.
A la salida de
Melide nos encontramos con Salvador y sus mujeres que van escoltando a la
enferma Fernanda y a su mochila de 17 kilos. Todos ellos tienen intención
de quedarse en Ribadixo, así que van tranquilos. Paca y yo, que deseamos
llegar a Arzúa, vemos que van demasido lentos, así que nos despedimos y
les dejamos atrás.
Dejamos atrás
Boente, donde no entramos a sellar a la iglesia porque están en misa.
Antes de
llegar a un puente que cruza sobre una carretera, encontramos, en mitad
del camino, una hermosa víbora de Seoane. A Paca, que no puede ni oír
mencionar el nombre de cualquier reptil, casi le da un ataque y del brinco
que pega por poco se me sube encima de la mochila trepando como un gato.
El esquivo animal, también asustado, se retiró a la espesura
precipitadamente (aunque más despacio que Paca). Lo difícil que es
toparse con una víbora y a Paca (que no puede resistirlas) le salen hasta
en lo más limpio. Qué le vamos a hacer, será su sino.
A la una y
veinte entramos a sellar al refugio de
Ribadixo y luego iniciamos la subida a Arzúa. En Ribadixo hay un
bar que da bocadillos y comidas unos 300 metros antes del llegar al
refugio y luego otro bar junto al río con una playa fluvial donde también
se puede comer. Para encontrar este último hay que continuar en dirección
a Arzúa y luego desviarse a la izquierda.
En Arzúa es
fiesta, San Cristóbal. Los camiones pasean por el pueblo tocando las
bocinas. También hacen una procesión, tiran cohetes y la gente
endomingada sale a las calles, toma el vermú en los bares y se concentra
en la plaza para escuchar a la banda local.
Nos alojamos
en Casa Frade donde también comemos después de asearnos. Siesta y un
poco de escritura tranquila. La patrona me obsequia con un café que
acepto y con un aguardiente que amablemente rechazo, pues para mí no son
horas de darle al orujo. El bar está ahora vacío y sólo un niño de
unos 5 ó 6 años en camiseta y calzoncillos me observa, mientras escribo,
con su balón bajo el brazo.
-
¿Es de fútbol o de baloncesto? ¿O no
sabes?
-
Sí sé. En el fútbol le puedes dar con
el pie, con la cabeza y con más cosas que ahora no me acuerdo y en el
baloncesto sólo con la mano. ¿Lo ves?
A la tarde
salimos a dar una vuelta. Al rato nos sentamos en una terraza frente al
templete de los músicos. Hoy, por cierto, la banda municipal toca en plan
orquesta durante buena parte de la tarde. Lo hacen con tal solemnidad que,
aunque a veces tocan pasodobles, todo el mundo escucha y aplaude cuando
acaban, pero nadie baila.
-
Salva, ¿nos arrancamos?
-
Paca, ¡ni se te ocurra!
Al rato
aparecen por allí Antonio, Paco y Patrick el bretón. Patrick nos saluda
y se va con unas alemanas que están sentadas al otro lado de la terraza.
Antonio y Paco se sientan con nosotros y nos dicen que están preocupados
por Jorge, el vasco-francés, que está con fiebre y en la cama. Van a
verle al albergue de peregrinos y parece que confían en que no sea serio.
Jorge dice que de ver al médico nada.
Hablamos un
buen rato con Antonio y Paco. Antonio nos cuenta que tiene dos hijas y un
nieto y que a su nieto le quiere dedicar su peregrinación a Santiago.
Charlamos de un montón de cosas como si fuésemos amigos de toda la vida.
Antonio es un peregrino que nos llama la atención. Todos los peregrinos
vamos disfrazados con pantalones cortos, ropa deportiva, etc, sin embargo
Antonio es el único que en cualquier sitio pasaría por una persona del
lugar, pues tanto para andar como para descansar utiliza ropa normal. De
hecho es el que mejor vestido va, sin embargo cuando se lo decimos, él
contesta:
-
No creáis que no llevo unos pantalones
de esos elegantes como los del Salva, pero los llevo para ponérmelos en
Santiago y luego en el avión, cuando vuelva a casa, para que me vean mi
mujer y mis chicas. ¡Vaya!
Qué cosas. El
único que viste normalmente y piensa que los elegantes somos los demás,
que vamos hechos unos disfraces.
La conversación
se hace muy amena y se nos hacen más de las 10 sin darnos cuenta. Paco y
Antonio se van a cenar, Paca y yo a los cinco minutos.
A la patrona
de Casa Frade le sabe mal servirnos la cena a las diez y veinte minutos.
Le decimos que en España hasta las 11 es normal cenar. Sin embargo, ella,
acostumbrada a los peregrinos extranjeros y a sus costumbres tempranas, se
ha olvidado de que para ella no somos sino clientes y no puede, aunque ya
le gustaría, mandarnos a dormir a la hora de las gallinas. No le pasa a
ella sólo, es un defecto muy extendido entre la hostelería del camino.