Etapa 10

O Cebreiro-Triacastela

10-Julio-2002

(Distancia 21 Kms. // Tiempo empleado 5 horas)

 

 

 

 

 

 

Pasamos muy buena noche. Amanece nublado y amenaza lluvia. Desayunamos en la Venta Celta. Irene aún no se ha levantado, el turno de desayunos lo lleva una de sus compañeras. 

Apenas hemos salido de O Cebreiro, cuando nos adelanta el Peregrino Mangurrino con su gorra verde de John Deere. El sol sale por un resquicio entre unas nubes y nos envía unos rayos tímidos entre el cielo cubierto. El Peregrino Mangurrino saluda al sol levantando su garrota un par de veces con la mano derecha. Más adelante les dice a unas chicas que por la carretera los peatones, por muy peregrinos que sean, tienen que ir por la izquierda. Se nota que el Peregrino Mangurrino está puesto en educación vial. 

Bajamos a Liñares y luego a Hospital de la Condesa en un pispás. Sigue el día encapotado y fresco, pero no llueve. Los valles, por debajo de nosotros, están llenos de niebla.

-         ¡Vaya día bueno para andar, bien fresquito, no se quejarán! 

El paisaje, como digo, es grandioso. Llegamos a Padornelo. Alguien ha perdido un pañuelo rojo. Lo dejamos atado a un árbol, por si vuelve. Nos encaminamos hacia el fuerte repechón del Alto del Poio. Un grupo de tres chicas sin mochila viene hacia nosotros.

-         ¿Habéis visto un pañuelo rojo? 

El repechón a muchos peregrinos nos acelera la respiración, cuando no nos la corta. En el bar que hay en el alto mucha gente entra a tomar algo. Paca y yo continuamos hacia Fonfría, en cuyo trayecto un perro husky con un collar negro tachonado en plata se nos une. No sabemos de donde ha salido. En la palloza moderna que hace de bar en Fonfría tomamos un café. Unos chavales jóvenes, peregrinos que conocemos desde Astorga, nos preguntan por el perro. Nos cuentan que la Guardia Civil lleva algunos días buscando a un ladrón que hay en el Camino y que se sabe que éste llevaba un perro husky. No les hacemos mucho caso. Sin embargo, los chicos insisten en que hay Guardias Civiles infiltrados entre los peregrinos. Paca y yo nos imaginamos a los guardias vestidos de peregrino pero con el tricornio y el naranjero. Nos entra la risa. Recuerdos de la infancia, de cuando las parejas de la Guardia Civil patrullaban a pie por los caminos, cubiertos con aquellos impresionantes capotes. 

A la salida de Fonfría se echa una niebla espesa. Al rato llueve con ganas. Así hacemos casi todo el resto del recorrido, que es bajada. No para de llover hasta Pasantes, donde hay varios peregrinos junto al castaño gigantesco que hay junto al camino. Una lugareña muestra el árbol a los peregrinos con el orgullo de quien tiene algo irrepetible.

-         ¿Cuántos años tiene?

-         Uy, más de mil, filiña.

-         ¿Cuándo medirá de ancho?

-         Uy, filiña, ¡necesítanse doce peregrinos para abarcarlo!

(Curiosa medida la del peregrino abarcador).

-         Algunos suben arriba.

-         Y, ¿para qué?

-         Para hacerse fotos.

-         ¡Ah! 

Ya hay gente esperando junto al albergue cuando a las 12 llegamos a Triacastela. Sellamos en la histórica iglesia y nos alojamos en el hostal O Novo. Hay pocos peregrinos comiendo en el Xacobeo. Hay dos primerizos, que han empezado en O Cebreiro. Uno de ellos es cincuentón, gordo y moreno con el pelo rapado. Al peregrino cincuentón le ha martirizado la mochila. No comemos muy bien en el Xacobeo pero, en cambio, echamos una buena siesta. 

A la tarde una vuelta por el pueblo. Recordamos lo abarrotado que estaba en el 99 y lo tranquilo que está ahora. Llegamos a la salida del pueblo y encontramos dos señales juntas que indican las dos variantes del camino: bien por Samos o por San Xil. Alguien ha escrito a mano en el de Samos lo que sigue: “No recomendable ir por Samos te estafan y te roban mucho. Son unos cabrones. Por hayí mejor.” , y una flecha que señala al letrero de San Xil, en el que la misma mano ha escrito: “Feliz Camino”

Nos vamos al bar Xacobeo a tomar un vino. Aparece el peregrino que puntualizaba cuanto yo decía en el bar de Vega de Valcarce. Viene acompañado por las dos mujeres de entonces. Nos saludamos e inmediatamente, y juro que sin mediar provocación, se pone a contarnos con detalle que han bajado por la carretera en lugar de por el camino, que cuando él se hizo el camino en bici se hacía una media diaria de 126 Kms., que cuando se lo hizo andando se hacía medias de 45 kilómetros diarios pero que claro, ahora, al ir con mujeres, ya se sabe... Pero, Dios mío, qué le he hecho yo a este hombre para que nos dé esta monserga. Asentimos a todo cuanto nos dice y aún hubiésemos estado de acuerdo en reconocer que, él solo y en no más de cuatro días, levantó el monasterio de Samos cuando, por fin, se marchó a cenar. Las mujeres llevaban ya un buen rato esperándole en el comedor.

Notamos que hasta los camareros (no debieran hacerlo) se ríen a hurtadillas de algunos peregrinos. Paca y yo, nos digan lo que nos digan, procuramos no alterar el gesto. 

En el Xacobeo hay algunos peregrinos cenando. Algunos se alojan allí. Destaca un grupo de 8 ó 10 chicos y chicas que van coordinados por una chica delgada y menuda, algo más mayor y con autoridad. Ella es María Severa. 

Al salir del bar comienzo a sentirme mal. Decidimos irnos a dormir y perdonar la cena. Tengo fiebre y temo que el camino se me acabe aquí. Tomo dos pastillas de antibiótico y afortunadamente estoy bien al día siguiente. Paca sin dormir, a ver.

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