No madrugamos. Hoy, etapa corta. Una joven marroquí
atiende el bar del Canguro Australiano, donde desayunamos. Poco después
de las siete y media estamos andando. Hay dos trayectos a Astorga, el
paralelo a la carretera (16 Kms) y el que va por el monte (17 Kms).
Tomamos el segundo. Discurre éste por caminos normales, algo pedregosos,
nada que ver con los andaderos.
En Villares de Orbigo tomamos un café en el bar
que hay en la plaza de la fuente. Una extranjera, esta vez sudamericana,
atiende el local.
-
¡Vaya día bueno para andar! ¡Qué
tengan buen camino!
En Santibáñez
de Valdeiglesias bebemos agua de su peculiar fuente. Charlamos un rato con
el hospitalero que está deseando pegar la hebra con nosotros. Una señora
se ofrece a hacernos café. Lo agradecemos pero no lo tomamos. Lo aceptan
dos peregrinos que vienen detrás de nosotros. Son el Peregrino Calvito y
su amigo Ala de Paloma.
-
¡No os quejaréis de la mañana! ¡Da
gusto andar en mañanas así!
Continuamos.
Vemos unos diez peregrinos en el tramo. Efectivamente, la mañana está
soleada, pero todavía fresca. En un tramo de monte encontramos una extraña
estampa con unos dibujos. Está clavada en un árbol con una navaja vieja.
También penden del árbol cintas de colores. ¿Ritos exotéricos?
Al llegar al
Crucero de Santo Toribio nuestro camino se junta con el que viene junto a
la carretera.
En San Justo
de la Vega tomamos otro café. Es un bar que hace esquina y tiene unas
escaleras para entrar. Dentro sirven bocadillos gigantes. Hay varios peregrinos y, por extraño que parezca, lo atiende un
español.
Cruzamos el río
Tuerto por un puente nuevo
que ha sido hecho, paralelo al de la carretera, para uso de los peatones.
A las 12, y tras dar mucha coba a la caminata de hoy, llegamos a Astorga.
Hay un
hospital según se entra en el pueblo. Debe ser un sitio específico para
enfermos impedidos. Junto al hospital hay un parque. Hay enfermos en
sillas de ruedas circulando por él. Algunos, desde sus sillas de ruedas
motorizadas, empujan las camillas de otros sin tracción propia. Enfermos
y jardineros bromean y los segundos juegan a echarles agua a los primeros
entre las carreras y el regocijo general. Si no os hiciereis como niños
no entraréis en el reino de los cielos.
Sellamos en la
catedral. Nos alojamos en La Peseta. Comemos allí también, donde,
casualidades, nos encontramos con dos amigos de Guadalajara. Son la Chuchi
y el Pete. Así que, mesa
para cuatro. Damos una vuelta por el pueblo con nuestros amigos y les
despedimos, pues ellos continúan viaje.
Después de
cenar nuestra tarjeta Visa no sirve para pagar. Llamamos a Visa, que no es
culpa de ellos. Llamamos a la entidad bancaria que la emitió (Ibercaja),
que será problema de la terminal del establecimiento. Llamamos al teléfono
de atención al cliente (Ibercaja), que no pueden hacer nada. Pedimos a la
persona que nos atiende que se identifique, para hacer una reclamación
formal. Se niega. Pues muy bien, ya sabemos con quién nos jugamos los
cuartos. Vergonzoso. A dormir. Muy cabreados. ¡Seguro que estas cosas no
le pasan al Peregrino Mangurrino!