Etapa 3

Mansilla de las Mulas-León

3-Julio-2002

(Distancia 19 Kms + 3 atravesando León // Tiempo empleado 5 horas)

 

Son las siete menos cuarto de la mañana cuando dejamos Mansilla. La mañana no está fresca sino fría. Además el cielo está encapotado y sopla un viento gélido.

-         Con un día como hoy ya pegaréis buen avance. ¡Bien fresco está para caminar! 

Apenas pasado el puente sobre el Esla comienza un camino que discurre a la izquierda, junto a la carretera León-Valladolid. El camino bordea campos de regadío y llega casi hasta Puente de Villarente. Sin embargo, antes de llegar a este pueblo, va casi un par de kilómetros por el arcén de la transitada carretera. Antes de llegar al puente, en el hostal Casablanca, tomamos un café. Dos peregrinos brasileños, ataviados con la camiseta de la selección de fútbol de su país, desayunan. Lo hacen con cierta solemnidad y empaque. Pagan su cuenta.

-         Moito obrigados!

-         De nada, filiños, que para eso ganasteis el mundial.

-         Espanha-Brasil non foi possivel.

-         Otra vez será, hombre. 

A la salida del bar Paca me pone un parche de Compeed en una rozadura dolorosa del dedo gordo de un pie. 

Atravesamos el peligroso puente sobre el río Porma que da nombre a la localidad: Puente de Villarente. Los camiones tienen que frenar para dar paso a otros de su género que vienen en dirección contraria. Los peregrinos nos escabullimos, asustados como lagartijas, entre el tráfico que va y viene. 

Cuando acaba el pueblo sale un camino a la derecha de la carretera que nos lleva a Arcahueja. No se deja de oír y ver el tráfico de la carretera, que ahora queda a nuestra izquierda. En Arcahueja hay bar, pero nosotros nos sentamos en unos bancos que hay a la misma entrada del pueblo, donde acaba la cuesta, junto a una fuente. La fuente no tiene agua. Mientras Paca y yo comemos algo de fruta, un señor mayor sale de una casa. El hombre se dirige a unos registros que una placa de metal oculta en una pared, manipula unos segundos y la fuente comienza a manar agua. Mientras vuelve a la casa de la que salió, murmura:

-         ¡Buen Camino!

-         ¡Muchas gracias!

Es la seca y distante delicadeza de alguna gente de pueblo. 

La pista de tierra que sale da Arcahueja pronto nos lleva a una especie de polígono industrial. Aquí tomamos de nuevo la carretera. Por ésta y entre un tráfico de mil demonios comenzamos a bajar el Alto del Portillo. Vemos que están haciendo un acceso especial para peregrinos. Aún están echando el alquitrán, pero nosotros, muy contentos con el detalle, lo utilizamos aunque no esté inaugurado.  

Cruzamos el puente sobre el río Torio y tranquilamente seguimos las flechas por la ciudad. Vamos al albergue de las monjas a sellar. De allí a la plaza de San Martín, luego a la Plaza Mayor y después a la catedral. Visitada ésta, nos vamos a San Isidoro y de allí a la avenida Don Suero de Quiñones. Allí, en el hostal Don Suero, tenemos nuestro alojamiento de hoy. Aseo y revisión de pies. Nuevo apósito de Compeed en el meñique del pie izquierdo en vista del éxito obtenido con la aplicación del anterior.  

Vermú en una terraza frente a la catedral y a comer al restaurante San Martín. El personal de este restaurante es amable y dicharachero, pero confunden el salpicón de mariscos con un platazo de gambas peladas con cebolla y tomate. También creen, en este restaurante, que a una especie de caldereta de ternasco con patatas se le puede llamar impunemente lechazo asado. Exagerados sí son. Si se te ocurre pedir una copa con el café, te pueden echar media pecera de licor. Pero esto no es necesario ni arregla nada. 

Después de la siesta, León es una ciudad perfecta para mirar. Las terrazas de las calles  y plazas peatonales se prestan a ello. Vemos por allí a algunos peregrinos conocidos: Ala de Paloma y su inseparable amigo el Peregrino Calvito departen en una terraza, la estadounidense Jeanne está sentada en la Plaza de la Catedral en actitud contemplativa y el Peregrino Mangurrino, más materialista, come pan con chorizo y bebe vino de una caja, sentado en un poyo bajo los soportales de la Plaza Mayor.  

Acabamos el día con unas tapas en El Botijo, bar de la plaza San Martín. A dormir a las diez y media.

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