A las siete de
la mañana y después de desayunar en el hostal El Peregrino, salimos de
El Burgo Ranero. Al desayuno hemos sido invitados. Ordenes de Doña Juli,
que también se encarga de que su marido tenga abierto el bar desde las
cinco y media de la mañana para que los peregrinos puedan desayunar.
Detalle muy de agradecer en el camino.
Salimos del
pueblo por el andadero que comienza junto a la charca de las ranas que,
este año, está muy menguada de agua. Al salir del pueblo coincidimos con
un pastor con sus tres perros.
- ¡Güendiós,
no va a haber sitio en el cielo pa tanta gente como pasa. Yo, bien ancho
voy a estar!
La
mañana está muy fresca y da gusto caminar por estos andaderos. Los
caminos discurren por los llanos al lado de campos de trigo, avena,
centeno y cebada. De vez en cuando atraviesan alguna zona húmeda o
semipantanosa llena de juncos. Donde hay tanta llanura el camino se presta
poco a lo exotérico y a lo misterioso, quizás por eso, muchos peregrinos
odian estos páramos. Sin embargo a Paca y a mí nos encantan. Vicios y
deformaciones que tenemos los castellanos, gente, como todo el mundo sabe,
drogada por las llanuras.
Algunos
peregrinos, más bien pocos, nos movemos hoy por estos andaderos. Casi a
las 11 llegamos a Reliegos. Antes de llegar Paca y yo hemos comido
naranjas que llevábamos en el macuto, así que sólo tomamos un café. A
Mansilla llegamos sobre las 12. Es día de mercado, con lo que el pueblo
está muy animado. El refugio lo abren a las doce y media. Así que
hacemos tiempo dando una vuelta por el mercado.
Encontramos al
Peregrino Mangurrino. Está sentado en un poyo fumándose un cigarro con
deleite. Al Peregrino Mangurrino, sólo si le miras de cerca, se le nota
que bizquea.
-
¡Qué bien te sabe el cigarro!, ¿eh?
-
Sí sabe bueno, sí. Pero aún no he
desayunado.
Cuando vamos a
sellar, el refugio está lleno de peregrinos franceses que con sus
peculiares y educados gorjeos se saludan entre sí y a los demás. Los
peregrinos van mostrando sus credenciales a dos chavalotas españolas que
hacen de hospitaleras. Es el turno de la francesa Conguite y su marido.
-
Toma tu credencial y la del cura que va
contigo.
-
Mais Il est mon mari, il n’est pas prêtre! …Il non e cura, comprendes?
-
Pues tiene toa la pinta, tía.
Después de
sellar nos vamos al hostal San Martín, nuestro alojamiento del día.
Luego aseo, cura de pies, vuelta por el pueblo y a comer al restaurante
Casa Marcelo. Muy bien, verdadera comida tradicional y no es caro.
Terminada la
siesta, decidimos aligerar algo mi mochila. Entregamos a las hospitaleras
dos camisetas nuevas y unos zapatos seminuevos de senderismo que pesan
mucho. La hospitaleras guardan nuestra entrega para algún menesteroso.
Deambulamos
por Mansilla, compramos alguna cosa y tomamos unos vinos. Vemos al
Peregrino Mangurrino.
-
¿Hace un vino?
-
Y un poco queso también.
Cenamos en el
hostal San Martín. Tomamos un rato el fresco en la terraza del hostal y a
dormir.