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Casi son las
siete cuando dejamos el Hostal Alfonso VI. Hace frío y salimos con los
jerséis puestos. Tiritamos y vamos deseando que el sol comience a templar
un poco el ambiente. Nos cruzamos con algún madrugador.
-
¡Buen Camino! ¡Vaya mañana buena para
andar!
Cruzamos el
puente sobre el Cea y enseguida estamos en el andadero que nos lleva,
paralelo a la carretera, hasta el cruce con Calzada del Coto. Allí nos
adelantan los primeros miembros de la Vuelta Ciclista Jacobea. También
nos adelantan tres peregrinos franceses. Nos saludan con sus voces
cantarinas. Dos de ellos son matrimonio, aunque él tiene aspecto de cura.
Se despiden entre sonrisas. ¡Qué atentos estos franceses!
Al salir del
pueblo vemos un caminante con una gorra verde de John Deere, chaqueta de
cuadros y pantalón de pana. Lleva también una mochila no muy grande y
bastante sobada. Sentado en una piedra nos mira al pasar.
-
Aquí, fumándome un cigarro.
Inmediatamente
le cae mote. Es el Peregrino
Mangurrino.
Continuando de
nuevo por el andadero llegamos a Bercianos donde se ha abierto un hostal
nuevo junto al camino. Desayunamos. Ya se sabe, dos desayunos 6 euros.
Menos mal que la vida no ha subido con el euro y que España va bien.
También desayunan los franceses con nuevos gorjeos cantarines y más
sonrisas. Le petit déjeuner, bon apetite, merci, merci, oui, oui, oui! ¡Qué
educados!
Por el
andadero que nos lleva a El Burgo Ranero nos adelantan dos espigadas españolas
seguidas muy de cerca por dos fornidos y rubicundos alemanes.
-
¡Hola, chicos, buen camino!
-
Gutten morguen!
Recordamos el
calor que hacía en el 99, cuando llegamos a El Burgo Ranero por primera
vez. Son casi las once y media de esta fresca mañana cuando llegamos al
pueblo. El albergue abre a la una. Mientras preparan nuestra habitación
en el hostal El Peregrino, tomamos un vermú y escribo un poco.
Una vez
aseados, nos sentamos en la terraza del hostal. Un hombre calvo y
corpulento nos aborda. Se presenta como Don Jesús Calvo, el párroco, y
se dirige a nosotros como peregrinos. Nos da una fotocopia con una poesía
por duplicado de Eugenio Garibay. La poesía está, al parecer, publicada
por los Amigos del Camino de Nájera. El párroco nos firma en el anverso
de la fotocopia escribiendo esto:
El Burgo
Ranero
(León)
Feliz
Peregrinación!
Jesús Calvo
(párroco)
1-7-2002
El sacerdote
es hombre expansivo y hablador que nos da conversación y nos pregunta de
dónde somos. Después Don Jesús se declara músico compositor y poeta.
Con celeridad, gran conocimiento de causa y sin admitir dudas al respecto,
nos dice que los mejores poetas de la lengua castellana son Bécquer y
Gabriel y Galán. El primero de ellos es el gran genio del sentimiento; el
segundo el gran genio de lo cerebral, o sea, del intelecto.
-
Claro, amigos. Esto es así. No lo dudéis.
Sin embargo, a Gabriel y Galán jamás se le hizo justicia. El nunca fue
uno de esos rojillos que se exiliaron como los “Llorca” y demás. Así
que el pobre Gabriel y Galán está hoy en el olvido.
También, Don
Jesús, que ve en su calvicie un don divino, no duda nuevamente en
ilustrarnos.
-
Dios creó portentosos cerebros, cabezas
de belleza sublime. Sin embargo incomprensiblemente, de modo incompatible
con tamaña belleza, a algunas las cubrió de pelo.
Enseguida Don
Jesús se levanta y se va. Antes de recorrer treinta metros se detiene con
un grupo de peregrinos ciclistas. Les da la fotocopia con la poesía y les
ilustra con profusión sobre la injusticia, no remediada aún, cometida
contra el eminente Gabriel y Galán. El párroco es famoso en los pueblos
del contorno por viajar leyendo sobre su bicicleta mientras va de un
pueblo a otro en cumplimiento de su ministerio. Dicen que esto lo hace aún
en los días de hielo y nieve. ¡Y todavía hay quien duda de la
existencia divina!
Son casi las
tres cuando la patrona del restaurante del hostal El Peregrino nos dice
que podemos entrar a comer.
La patrona es mujer muy dispuesta y vivaz que no permite dudar a los
peregrinos.
-
A ver, de primero ensalada mixta o
espaguetis con tomate. De segundo, filete con patatas o lomo embuchado con
dos huevos “pa el que le falten”.
Comemos unos
dieciocho peregrinos, sin que ninguno se atreva a rechistar al ama. Cuando
terminamos nos obsequia a cada uno con una camiseta del local y un bolígrafo.
Parece que hemos observado buen comportamiento.
Resucitados de
la profunda siesta, la hospitalera del albergue, que es finlandesa, se
pasa por la terraza del hostal.
-
In diez minuotos, il sacristano mostrará
la igluesia a peregruinos que deseen verla. OK?
Paca y yo
vamos a ver la iglesia. El sacristán es un hombre menudo y vivaz. Está
acostumbrado a enseñar la iglesia a los peregrinos extranjeros. Así que
se viene hacia nosotros y, mirándonos a los ojos, gesticulando, dando
voces y marcando las sílabas nos dice:
-
Mu-y an-ti-guo. To-do re-cons-tru-í-do. Mu-cho di-ne-ro gas-ta-do y mu-cho ga-na-do por al-gu-nos. Vi-drie-ras muy
bo-ni-tas.
-
¿Cómo las hicieron?
-
Anda, joder, pues vino uno de León,
tomo las medidas y las pusieron.
-
¡Ah!
Después de
ver la sencilla iglesia de El Burgo Ranero, damos un paseo hasta el barrio
de la estación. Allí hay otro bar, pero hoy está cerrado.
A las ocho y
media nos dirigimos a Juli, la temperamental patrona del hostal El
Peregrino, y le preguntamos cortésmente si va a dar cenas o nos va a
despachar con un bocadillo. Nos contesta que si lo que tiene nos vale, que
nos da de cenar. Sin pensarlo nos ponemos a la mesa y damos cuenta de una
ensalada, un filete con patatas y dos huevos fritos que con el postre y
una botella de buen vino del Bierzo cierra el menú.
Terminada la
cena y sentados en la terraza del hostal, charlamos con Doña Juli del
camino, de cuando ella fue a Santiago, de los peregrinos, de las comidas,
de los venenosos que son los rencores entre la gente del pueblo, de su
ayudante la chica marroquí, de eso y de lo otro y de lo de más allá.
-
¿Cómo no iba a ir yo a Santiago? ¿Cómo
no iba a ir yo donde van los que vienen a mi casa? Yo tenía que verlo y
me emocionó mucho.
Finalmente
echamos cuentas con la simpática Juli. Se porta la señora muy bien con
nosotros, no nos cobra los vinos pedidos fuera del menú y (como
comprobamos al día siguiente) nos invita a desayunar.
A punto
estamos de irnos a la cama cuando aparece una mujer recia y madura que
resultó ser la cuñada de Doña Juli. Esta señora, muy bien plantada, no
siempre está de acuerdo con la Juli y le dice que en sus disputas con los
del pueblo unas veces tiene razón y otras no. Supimos también por ella
que un quiñón es una suerte grande de tierra cedida por un ayuntamiento
o corporación para uso de alguno. Sostiene también la señora que ella,
que es viuda, se las ha tenido que ver con muchos.
-
Miren los de aquí son muy brutos. Por
ejemplo, si no estoy al tanto me habían hecho mujer a una hija a los once
años. Claro que no fue flojo el que lo intentó. Que yo soy viuda y estoy
acostumbrada a defenderme y a salir adelante.
Terminada la
tranquila velada, a la cama. Son las 11.
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