PREAMBULO
Somos Paca y Salva,
peregrinos que hicimos por primera vez el Camino de Santiago en 1999, Año
Santo. Entonces lo hicimos desde Roncesvalles a Santiago en 30 días.

En el año 2001 lo
intentamos por segunda vez. Entonces salimos desde Jaca para conocer el
Camino Aragonés. Por asuntos de índole familiar tuvimos que dejarlo en
Sahagún.
Este año, 2002, lo
iniciamos de nuevo desde Sahagún y llegamos a Santiago. Aquí os lo
contamos.
Etapa
0.
Son poco más de las cuatro de la mañana. Paca está
dormida. Yo me he levantado hace un momento y me he hecho un café. Aún
estamos en casa, en Guadalajara. La salida será a media mañana. Primero
a Madrid en un tren de cercanías y luego a Sahagún en el Express
Valladolid-León. Sin embargo, el viaje ha comenzado hace días. Hoy, más
que el comienzo, es el reencuentro con el camino. El nerviosismo de
siempre.
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¿Estaremos entrenados?
-
¿Aguantarán bien los pies?
-
¿Llevaremos demasiadas cosas?
-
¿Olvidaremos algo importante?
-
¿Olvidaremos no olvidarnos de algo?
A las 11
salimos de casa con las mochilas. Será la primera etapa. Bajar a la
estación, unos 3 Kms. Sin embargo, al salir de casa, tropezamos con
nuestros queridos vecinos Tito y Angelines. Nos despedimos de ellos casi
contagiándoles nuestra emoción por el viaje. Ni doscientos metros hemos
andado cuando aparece Tito con el coche. Que nos baja a la estación.
Gracias, imposible negarse.
El tren sale a
las once y seis minutos. A las doce y veinte estamos en Chamartín.
Hacemos tiempo tomando algo y viendo la primera parte de la final del
campeonato del mundo (Brasil-Alemania). A las dos y treinta minutos sale
puntualmente nuestro tren.
Detrás de
nosotros viaja una mujer ciega con su perro guía, el obediente Gaspar,
tumbado inmóvil a sus pies. Lleva con ella a su hija, una niña de unos
seis años, a la que dejará con sus abuelos en Palencia.
En otro
asiento cercano una abuela lee a su nieta Amara el cuento de la sirena que
se casó con el príncipe.
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Léelo otra vez, abuela.
-
Bueno.
-
Qué niña tan maja, ¿cómo te llamas?
-
Es que no lo sé decir.
-
No, lo que pasa es que la gente no
conoce ese nombre y se lo hacen repetir, pero ella lo dice bien. Amara es
el nombre de una estrella.
Los teléfonos
móviles suenan de cuando en cuando. Por las conversaciones de sus
propietarios nos enteramos, sin proponérnoslo, de algunas intimidades
familiares. El teléfono móvil, es lo que tiene, puedes hablar donde
quieras si careces de pudor.
Estamos en
Sahagún a las seis y diez minutos previstas. A los que tenemos cincuenta
años la puntualidad de la RENFE aún nos llama la atención. En nuestra
juventud era algo impensable.
Caminamos con
las mochilas hasta la Plaza Mayor.
-
¿Por favor, el hostal Alfonso VI?
-
Va usted mal, tiene que volver hasta la
terraza triangular de El Asturcón y allí, a la izquierda.
Nos dan una
habitación de matrimonio. Dejamos las mochilas y nos vamos a dar una
vuelta por el pueblo. Llegamos al soportal donde nos despedimos de Walter,
el amigo argentino. Allí prácticamente, junto a la cabina de teléfono
se truncó nuestro viaje. Bueno, pues aquí estamos de nuevo. A ver si
este año llegamos a Santiago.