Etapa 0

Guadalajara-Sahagún

31-Junio-2002
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

PREAMBULO

Somos Paca y Salva, peregrinos que hicimos por primera vez el Camino de Santiago en 1999, Año Santo. Entonces lo hicimos desde Roncesvalles a Santiago en 30 días.

Paca y Salva, verano de 2002.

En el año 2001 lo intentamos por segunda vez. Entonces salimos desde Jaca para conocer el Camino Aragonés. Por asuntos de índole familiar tuvimos que dejarlo en Sahagún.

Este año, 2002, lo iniciamos de nuevo desde Sahagún y llegamos a Santiago. Aquí os lo contamos.

Etapa 0. 

Son poco más de las cuatro de la mañana. Paca está dormida. Yo me he levantado hace un momento y me he hecho un café. Aún estamos en casa, en Guadalajara. La salida será a media mañana. Primero a Madrid en un tren de cercanías y luego a Sahagún en el Express Valladolid-León. Sin embargo, el viaje ha comenzado hace días. Hoy, más que el comienzo, es el reencuentro con el camino. El nerviosismo de siempre.

-         ¿Estaremos entrenados?

-         ¿Aguantarán bien los pies?

-         ¿Llevaremos demasiadas cosas?

-         ¿Olvidaremos algo importante?

-         ¿Olvidaremos no olvidarnos de algo?

A las 11 salimos de casa con las mochilas. Será la primera etapa. Bajar a la estación, unos 3 Kms. Sin embargo, al salir de casa, tropezamos con nuestros queridos vecinos Tito y Angelines. Nos despedimos de ellos casi contagiándoles nuestra emoción por el viaje. Ni doscientos metros hemos andado cuando aparece Tito con el coche. Que nos baja a la estación. Gracias, imposible negarse.

El tren sale a las once y seis minutos. A las doce y veinte estamos en Chamartín. Hacemos tiempo tomando algo y viendo la primera parte de la final del campeonato del mundo (Brasil-Alemania). A las dos y treinta minutos sale puntualmente nuestro tren.

Detrás de nosotros viaja una mujer ciega con su perro guía, el obediente Gaspar, tumbado inmóvil a sus pies. Lleva con ella a su hija, una niña de unos seis años, a la que dejará con sus abuelos en Palencia.

En otro asiento cercano una abuela lee a su nieta Amara el cuento de la sirena que se casó con el príncipe.

-         Léelo otra vez, abuela.

-         Bueno.

-         Qué niña tan maja, ¿cómo te llamas?

-         Es que no lo sé decir.

-         No, lo que pasa es que la gente no conoce ese nombre y se lo hacen repetir, pero ella lo dice bien. Amara es el nombre de una estrella.

Los teléfonos móviles suenan de cuando en cuando. Por las conversaciones de sus propietarios nos enteramos, sin proponérnoslo, de algunas intimidades familiares. El teléfono móvil, es lo que tiene, puedes hablar donde quieras si careces de pudor.

Estamos en Sahagún a las seis y diez minutos previstas. A los que tenemos cincuenta años la puntualidad de la RENFE aún nos llama la atención. En nuestra juventud era algo impensable.

Caminamos con las mochilas hasta la Plaza Mayor.

-         ¿Por favor, el hostal Alfonso VI?

-         Va usted mal, tiene que volver hasta la terraza triangular de El Asturcón y allí, a la izquierda.

Nos dan una habitación de matrimonio. Dejamos las mochilas y nos vamos a dar una vuelta por el pueblo. Llegamos al soportal donde nos despedimos de Walter, el amigo argentino. Allí prácticamente, junto a la cabina de teléfono se truncó nuestro viaje. Bueno, pues aquí estamos de nuevo. A ver si este año llegamos a Santiago.

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